La campana de salida resonó, marcando el fin de un día tenso. Amanda, cansada de las dudas y preocupada por la ausencia de Alejandra tras un percance, decidió enfrentar la situación.
—Oye, Jessie —dijo Amanda, deteniéndola—. Si te preocupa tanto Alejandra por lo que le pasó, ¿por qué no vamos a verla? ¿Quieres saber cómo está o prefieres que la visitemos?
Jessie, cuyos ojos estaban apagados, se iluminó al instante:
—¡Vamos a verla! —exclamó con una urgencia que delataba sus sentimientos—. ¡Vamos de una vez!
Caminaron hasta la casa de Alejandra, donde su mamá les dio la noticia:
—Hijas, no está aquí, sigue en el hospital —les dijo entregándoles un papel con la dirección.
Jessie caminaba tan rápido que Amanda apenas podía seguirle el paso. Amanda iba pensando en el camino: ¿Será bueno ir? Tengo demasiada curiosidad de saber qué siente realmente.
Al llegar al hospital, la secretaria les indicó el segundo piso, cuarto 201. Entraron con sigilo, pero Alejandra estaba dormida. El médico se les acercó y les dijo:
—Despertará en unos minutos, por favor esperen afuera.