Poco después, Alejandra comenzó a moverse en la cama, dando señales de despertar. Jessie, sin notar la presencia helada de Amanda en la puerta, se apresuró a llamar al personal: —¡Doctor, despertó mi amiga! El médico entró rápidamente, revisó los signos de Alejandra y les advirtió en tono sereno: —Está bajo los efectos de los tranquilizantes, no le den ninguna impresión ni le digan nada grave por ahora. Cuando el doctor salió del cuarto, Amanda encaró a Jessie con una mirada fría y cortante, diciendo apenas: —Ya ves. Jessie la miró con temor, intuyendo que ese "ya ves" no tenía nada que ver con la salud de Alejandra, sino con que su secreto finalmente había quedado expuesto. El ambiente en el hospital se volvió pesado e irrespirable
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