The King of Kindoms: El Legado de las Cadenas

Capítulo XII: Las Cadenas se Rompen

El informante que Vycto mantenía dentro del círculo cercano de Kael —cuya identidad ninguno de ellos había logrado descubrir a pesar de meses de vigilancia cuidadosa— resultó ser, según descubrirían más tarde con una consternación considerable, uno de los guardias reales que había acompañado a Kael durante su primera expedición hacia la cámara subterránea semanas atrás, un hombre llamado Denrik cuya lealtad, comprada mediante una combinación de deudas de juego considerables y amenazas veladas hacia su propia familia, había permanecido oculta bajo una fachada de servicio ejemplar durante más de un año. Denrik había sido uno de los primeros guardias asignados a la protección personal de Kael tras la traición de Ferrian, seleccionado precisamente por su aparente ausencia de conexiones políticas y su historial de servicio discreto, un detalle que Kael reconocería después como la prueba más amarga de cuán profundamente la organización de Vycto había logrado infiltrarse en los círculos más íntimos de confianza.

Fue precisamente aquella traición silenciosa la que permitió a Vycto conocer, apenas horas después de la expedición nocturna de Kael, los detalles completos sobre los ocho fragmentos reunidos, la revelación sobre la historia de Seraphine, y crucialmente, la existencia de aquel «tercer camino» que representaba una alternativa considerablemente más pacífica a sus propios planes de liberación violenta.

—No podemos permitir que continúen acumulando fragmentos adicionales —declaró Vycto, reunido aquella misma noche con su círculo más cercano de conspiradores en una ubicación que la guardia real jamás había logrado identificar completamente, un sótano oculto bajo una casa de comercio aparentemente abandonada en el límite entre el Distrito Mago y el Distrito Original—. Si logran reunir los once fragmentos completos, negociarán una resolución que preservará precisamente las jerarquías arbitrarias que nuestra causa busca desmantelar definitivamente.

—¿Y qué propone exactamente? —preguntó Teodor Quzker, presente durante aquella reunión con una expresión que reflejaba tanto lealtad calculada como una cautela creciente que empezaba a filtrarse a través de su compostura habitual.

—Propongo que actuemos antes de que resulte demasiado tarde. —Vycto extendió sobre la mesa improvisada una serie de mapas y documentos que detallaban la ubicación de los fragmentos restantes, información que había sido recopilada durante meses de investigación clandestina—. Los Llucket poseen el séptimo fragmento, que actualmente se encuentra en su mansión bajo protección considerablemente menor de la que cualquiera de nosotros había anticipado. Si logramos obtenerlo, junto con los dos fragmentos que nuestras propias investigaciones han localizado en territorio de Salamer y Dacmek, podríamos completar la llave sin necesidad de la cooperación de Kael Kraxter.

—¿Y cómo propone obtener el fragmento de los Llucket? —preguntó otro de los conspiradores, un hombre de mediana edad cuya identidad permanecía oculta bajo una capucha similar a las que utilizaban los miembros de la organización del maestro—. Su mansión posee protecciones considerables, y desde su declaración pública contra nosotros, seguramente han incrementado sus medidas de seguridad.

—Precisamente por eso debemos actuar ahora, antes de que esas medidas se consoliden completamente. —Vycto sonrió, con una frialdad calculada que reflejaba su determinación absoluta—. Esta noche, mientras la atención de la Corona permanece dividida entre la investigación formal contra mí y la planificación de expediciones adicionales hacia los fragmentos restantes, atacaremos la mansión Llucket con fuerzas suficientes para superar cualquier resistencia que puedan oponer.

Dos días después, mientras Kael, Talaida y Paul coordinaban con Silvano Llucket los detalles finales sobre cómo transportar de manera segura el séptimo fragmento de su familia hacia el Castillo Dracking, un mensaje urgente interrumpió abruptamente aquella planificación cuidadosa: la mansión Llucket había sido atacada durante la madrugada, con Silvano y Merideth desaparecidos, y evidencia clara de una lucha considerable dentro de la propiedad. El mensajero, un joven guardia del Distrito Original cuyas manos temblaban visiblemente mientras entregaba el informe, apenas lograba articular las palabras con claridad, y Kael comprendió, con una frialdad que se asentó en su estómago como una piedra, que Vycto había decidido finalmente abandonar cualquier pretensión de maniobra política y actuar directamente con violencia abierta.

—Encontramos esto —informó Corwin Quzker, quien había liderado personalmente la respuesta de emergencia tras recibir la notificación, entregando a Kael un pequeño fragmento de tela oscura que evidentemente había sido arrancado durante el forcejeo—. Coincide con el material utilizado en uniformes de la unidad independiente de mi primo Teodor.

—Vycto ha decidido actuar directamente —dijo Kael, sintiendo una furia considerable ante la confirmación de que aquella familia, que había arriesgado tanto para exponerlo públicamente, ahora sufría las consecuencias directas de esa valentía—. Necesitamos encontrarlos antes de que resulte demasiado tarde.

Lyssara, que había estado presente durante la recepción de aquel informe, examinó el fragmento de tela con una atención profesional que reflejaba su entrenamiento militar.

—Teodor ha estado utilizando conexiones operativas que trascienden considerablemente cualquier registro oficial, según lo que hemos descubierto durante las investigaciones recientes. Pero conozco algunas de las ubicaciones que su unidad independiente ha utilizado anteriormente, basándome en los informes que hemos logrado recopilar sobre sus actividades.

La búsqueda resultó considerablemente más compleja de lo que Kael había anticipado, con Teodor Quzker y sus hombres evidentemente utilizando conexiones y recursos operativos que trascendían completamente cualquier registro militar oficial accesible. Pasaron horas revisando mapas antiguos, interrogando discretamente a contactos que podían proporcionar información sobre movimientos sospechosos, y siguiendo pistas fragmentarias que parecían desvanecerse cada vez que creían haber encontrado una dirección concreta.




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