The King of Kindoms: El Legado de las Cadenas

Capítulo XIII: El Último Movimiento

Kael despertó tres días después en sus propias habitaciones del Castillo Dracking, con Lyssara dormida en la misma silla que había ocupado durante su recuperación anterior, y una debilidad física que sentía considerablemente más profunda que cualquier agotamiento previo experimentado durante los meses anteriores. La luz grisácea del amanecer se filtraba a través de las cortinas parcialmente cerradas, proyectando sombras tenues sobre las paredes de piedra, y Kael permaneció inmóvil durante varios minutos, simplemente respirando, sintiendo cada latido de sus tres corazones con una consciencia que la debilidad extrema parecía haber intensificado. El latido del tercero, especialmente, resultaba considerablemente más lento de lo habitual, como si el órgano hubiera envejecido décadas en el transcurso de una sola noche.

—Lyssara. —Su voz salió apenas como un susurro, pero resultó suficiente para despertarla instantáneamente.

—¡Kael! —Se acercó de inmediato, con un alivio evidente reflejado en cada línea de su rostro cansado—. Pensé que quizás no despertarías. Talaida estaba genuinamente preocupada sobre las consecuencias de mantener esa conexión durante tanto tiempo.

—¿Qué sucedió después de que perdí la consciencia? —preguntó Kael, luchando por incorporarse a pesar de la debilidad considerable que todavía sentía en cada músculo de su cuerpo.

—Logramos contener a los hombres de Vycto en el almacén, aunque él mismo escapó durante el caos generado por la propia inestabilidad que había provocado. —La expresión de Lyssara se ensombreció considerablemente—. Teodor Quzker fue capturado, junto con cuatro de sus hombres, pero Vycto desapareció completamente antes de que pudiéramos localizarlo.

Kael sintió una frustración considerable ante aquella noticia, comprendiendo que, a pesar de haber evitado una catástrofe potencialmente devastadora, la amenaza principal que representaba Vycto continuaba activa, presumiblemente todavía decidido a completar sus objetivos originales, ahora con considerablemente menos recursos pero también con una desesperación considerablemente mayor tras el fracaso evidente de aquel intento.

Talaida, informada de inmediato sobre el despertar de Kael, llegó apenas minutos después con una expresión que combinaba alivio profundo y una preocupación evidente que sugería información adicional considerablemente delicada. Traía consigo varios volúmenes de notas que había estado recopilando durante los días de vigilia de Kael, y sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, delataban la intensidad con que había trabajado durante aquellas jornadas.

—¿Cómo te sientes exactamente? —preguntó, examinándolo con la misma atención clínica que había desarrollado durante meses de estudio cuidadoso sobre su fisiología particular.

—Débil. Considerablemente más débil que cualquier ocasión anterior. —Kael intentó extender su mano, notando con cierta alarma que el gesto requería un esfuerzo considerablemente mayor del que debería necesitar una acción tan simple.

—Necesito decirte algo, Kael, y prefiero ser completamente honesta sobre las implicaciones, en lugar de suavizar la información. —Talaida se sentó junto a la cama, con una seriedad considerable—. Tu tercer corazón sufrió daño considerable durante aquel esfuerzo excepcional. No permanente, según mis propias observaciones durante estos tres días, pero sí significativo. Tu capacidad regenerativa se ha visto considerablemente reducida temporalmente, y sospecho que necesitarás semanas, quizás meses, de recuperación cuidadosa antes de que recupere completamente su fuerza anterior.

Kael procesó aquella información con una mezcla compleja de preocupación y una comprensión creciente de que su propio cuerpo, a pesar de sus capacidades excepcionales, poseía límites considerables que no podía continuar ignorando indefinidamente. La ironía no se le escapaba: la capacidad que le había salvado la vida en tantas ocasiones durante los últimos meses, aquel tercer corazón que lo distinguía de cualquier ser humano ordinario, había quedado temporalmente inutilizada precisamente por el esfuerzo de proteger aquello que le daba sentido.

—¿Y la entidad? —preguntó—. ¿Cómo se encuentra tras el incidente?

—Airoon ha mantenido comunicación limitada con ella durante tu recuperación, aunque considerablemente más cautelosa dado lo ocurrido. —Talaida consultó sus propias notas—. Según sus informes, la Primera Llama sufrió también consecuencias considerables por el intento fallido de Vycto, aunque logró estabilizarse gracias a tu propia intervención decisiva.

Fue apenas una semana después, mientras Kael continuaba recuperándose gradualmente bajo la supervisión atenta de Talaida y Orwenna, cuando la investigación oficial sobre las conexiones de Vycto finalmente concluyó con evidencia considerablemente concluyente, presentada formalmente ante una sesión especial del Senado convocada específicamente para determinar las consecuencias definitivas de aquella traición confirmada. Kael, todavía demasiado débil para asistir en persona, recibió informes detallados a través de Paul y Lyssara, que le transmitieron los acontecimientos en tiempo real desde la Cámara.

—Los testimonios de Teodor Quzker, junto con documentación adicional descubierta en propiedades vinculadas a la organización, confirman completamente las acusaciones presentadas por la familia Llucket —declaró el senador designado para presentar los hallazgos oficiales de la investigación. La Cámara, abarrotada hasta el último asiento, permanecía sumida en un silencio tenso—. Vycto Lasmec ha sido formalmente identificado como líder de una organización clandestina dedicada a facilitar la liberación deliberada de una entidad antigua sellada bajo Draxcan, con la intención explícita de utilizar ese poder para desmantelar completamente el sistema político y social actual del reino.

Un murmullo considerable recorrió la cámara entera, mientras el escaño anteriormente ocupado por Vycto, ahora vacío tras su desaparición, servía como recordatorio silencioso de la magnitud de aquella traición. Paul observó, desde su posición en la galería diplomática, cómo varios senadores que anteriormente habían respaldado a Vycto evitaban ahora cuidadosamente cualquier contacto visual con la evidencia presentada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.