The King of Kindoms: El Legado de las Cadenas

Capítulo XIV: El Legado

La señal de Kael desató una respuesta inmediata: Lyssara, Corwin y un contingente considerable de guardias reales emergieron simultáneamente desde posiciones estratégicas cuidadosamente preparadas durante los dos días anteriores, cayendo sobre los hombres de la misteriosa mujer con una coordinación que compensaba considerablemente la ventaja numérica inicial que aquella facción desconocida había presentado. Los árboles del bosque, que momentos antes habían permanecido inmóviles en su silencio milenario, se transformaron de pronto en el escenario de una confrontación violenta, con figuras armadas emergiendo de entre las sombras en todas las direcciones.

—¡Protejan a Kael! —gritó Lyssara, abriéndose paso directamente hacia donde Vycto y él permanecían todavía relativamente expuestos ante el avance inicial de los atacantes. Su espada, desenvainada en un movimiento que reflejaba años de entrenamiento militar, trazaba arcos precisos en el aire mientras avanzaba con una determinación que Kael reconoció como la misma furia protectora que había demostrado en incontables ocasiones anteriores.

Vycto, sorprendentemente, no aprovechó aquel caos para escapar como Kael había anticipado, sino que, con una decisión que reflejaba genuinamente la sinceridad de su declaración anterior sobre haber reconsiderado sus propios métodos, se colocó junto a Kael en una posición defensiva improvisada.

—No participé en esta emboscada —dijo, con una urgencia evidente mientras esquivaba el primer ataque directo de uno de los soldados de la mujer—. El maestro evidentemente decidió que mi propia deserción reciente representaba una traición que requería consecuencias definitivas.

—¿Por qué debería confiar en esa afirmación? —preguntó Kael, bloqueando simultáneamente un golpe dirigido hacia ambos. Su tercer corazón, todavía debilitado, latía con una lentitud que le recordaba constantemente su propia vulnerabilidad actual, cada movimiento requería un esfuerzo considerablemente mayor del que debería.

—Porque, en este momento específico, ambos enfrentamos exactamente la misma amenaza inmediata —respondió Vycto, con una lógica pragmática que, considerando las circunstancias, Kael encontró considerablemente convincente—. Y porque, si el maestro ha decidido eliminar tanto tu resistencia como mi deserción en un único movimiento, entonces ninguno de nosotros sobrevivirá a esta confrontación si continuamos tratándonos como adversarios.

La batalla se intensificó rápidamente, con Corwin demostrando una habilidad táctica considerable al coordinar a los guardias reales para aislar sistemáticamente a los atacantes en grupos menores, mientras Lyssara, luchando con una intensidad feroz que reflejaba tanto su entrenamiento excepcional como su determinación absoluta de proteger a Kael, avanzaba progresivamente hacia el centro del enfrentamiento. El sonido del acero contra acero resonaba entre los árboles antiguos, mezclándose con los gritos de los combatientes y el crujido de ramas pisoteadas bajo pies apresurados.

La mujer que lideraba a los atacantes, observando el desarrollo desfavorable de la confrontación, decidió finalmente intervenir directamente, avanzando hacia Kael con una habilidad de combate que sugería un entrenamiento considerablemente superior al de sus propios subordinados. Su figura, vestida con los mismos uniformes oscuros de sus soldados pero con detalles que denotaban mayor rango, se movía con una fluidez que resultaba, para Kael, considerablemente más inquietante que cualquier amenaza física ordinaria.

—El maestro subestimó tu capacidad de generar aliados leales, joven Kraxter —dijo, intercambiando golpes rápidos y precisos con la espada que Kael apenas lograba mantener a raya. Cada movimiento suyo era económico, calculado, desprovisto de cualquier gesto innecesario—. Pero eso no cambia el resultado final que hemos anticipado durante meses de planificación cuidadosa.

Kael sintió que su propia debilidad residual, consecuencia directa del esfuerzo excepcional realizado durante el incidente de las cadenas semanas atrás, lo colocaba en una desventaja considerable frente a aquella oponente experimentada, hasta que Lyssara, finalmente abriéndose paso completamente a través de los atacantes restantes, intervino directamente en aquel duelo particular.

—Aléjate de él —dijo, con una furia contenida que trascendía cualquier protocolo formal de combate, interponiéndose directamente entre Kael y la mujer atacante.

El duelo que siguió entre Lyssara y aquella misteriosa mujer resultó considerablemente intenso, ambas demostrando una habilidad excepcional que sugería años de entrenamiento riguroso, hasta que finalmente, tras varios minutos de intercambio feroz, Lyssara logró desarmar a su oponente mediante una maniobra que Kael reconoció como una de las técnicas que Draecus le había enseñado meses atrás —una llave que aprovechaba el propio impulso del atacante para desequilibrarlo, seguida de una torsión que enviaba la espada volando fuera del alcance—.

—Ríndete —ordenó Lyssara, con su espada apuntando directamente hacia la garganta de la mujer derrotada—. La batalla ha terminado.

La mujer, evaluando rápidamente la situación completamente desfavorable —sus subordinados restantes ya habían sido sometidos completamente por los guardias reales, mientras Corwin se acercaba con refuerzos adicionales—, decidió finalmente ceder ante lo inevitable.

—Esto no representa una victoria definitiva —advirtió, mientras Lyssara y otros guardias procedían a asegurarla completamente—. El maestro posee recursos considerablemente más extensos de los que ustedes han logrado descubrir hasta ahora.

—Quizás. —Kael se acercó hacia ella, con una determinación que trascendía su debilidad física—. Pero cada victoria parcial nos acerca un paso más hacia la resolución definitiva. Y ustedes, considerando los recursos que han perdido durante las últimas semanas, parecen estar quedándose sin opciones.




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