La mañana siguiente trajo consigo una discusión que se extendió mucho más allá de lo que Kael había anticipado, cuando presentó ante Airoon, Talaida e Ilvath la nueva capacidad que había descubierto la noche anterior: aquella resonancia sutil que parecía señalar la ubicación de fragmentos dispersos, apuntando, según su percepción, hacia algún punto al sureste de Draxcan. La reunión se celebró en el despacho privado del rey, con las ventanas abiertas para permitir la entrada del aire fresco matinal, aunque ni siquiera la brisa lograba disipar la tensión que se acumulaba en el ambiente conforme la conversación avanzaba.
—Esto confirma lo que sospechábamos sobre tu conexión con Seraphine —dijo Ilvath, con un interés que combinaba fascinación académica y una cautela evidente—. Pero también representa un riesgo considerable, joven Kraxter. Si puedes sentir la ubicación de los fragmentos, es razonable asumir que existen otros medios, posiblemente relacionados con la misma sangre o con conocimientos similares a los de la Orden que investigan, capaces de sentir tu propia presencia con la misma claridad.
—¿Está sugiriendo que soy, en cierto sentido, un faro? —preguntó Kael, con una inquietud creciente.
—Es una posibilidad que no podemos descartar. —Ilvath consideró sus siguientes palabras con cuidado, sus dedos largos y pálidos girando lentamente una taza de té que no había probado—. La Primera Llama, si realmente comienza a despertar como sugieren las resonancias que Caleus ha sentido, podría estar generando un efecto similar en ambas direcciones: permitiéndote sentir los fragmentos que la mantienen sellada, mientras simultáneamente hace que tu propia presencia resulte más perceptible para cualquier fuerza sensible a ese mismo tipo de energía. Es un fenómeno que nuestros textos más antiguos describen con el término "resonancia recíproca", aunque las referencias son fragmentarias y sujetas a interpretación.
Airoon, que había escuchado la conversación con una expresión cada vez más tensa, finalmente intervino.
—Entonces necesitamos proceder con extrema cautela. Cualquier expedición para localizar el fragmento que Kael siente al sureste debe realizarse con la máxima discreción posible, y con suficiente protección como para minimizar riesgos innecesarios.
—Estoy de acuerdo, Majestad —dijo Talaida—. Propongo que exploremos primero, con mayor precisión, la naturaleza exacta de esta capacidad antes de comprometer recursos considerables en una expedición que todavía no comprendemos completamente. Quizás con meditación guiada, o con ejercicios de control similares a los que Draecus ha estado implementando, podamos afinar la percepción de Kael sin exponerlo a peligros externos.
La reunión continuó durante gran parte de la mañana, estableciendo un plan tentativo que priorizaba la investigación cuidadosa por encima de la acción precipitada, sin que ninguno de los presentes sospechara todavía que, en otro rincón del Castillo Dracking, una maniobra política completamente distinta se estaba gestando con una velocidad considerablemente mayor. Los pasillos del castillo, ajenos a la conversación que se desarrollaba en el despacho real, bullían con la actividad habitual de una jornada cualquiera, y en medio de aquella normalidad aparente, los hilos de la conspiración continuaban tejiéndose con una precisión que ninguno de los protagonistas de aquella historia lograba aún percibir.
Vycto Lasmec presentó su propuesta ante una sesión especial del Senado convocada esa misma tarde, aprovechando con precisión calculadora la inquietud generalizada que la llegada de la comitiva de Eltrix había generado entre los senadores más tradicionalistas, muchos de los cuales veían con creciente alarma la posibilidad de que Draxcan se viera arrastrada hacia conflictos que trascendían sus propias fronteras. La Cámara circular estaba abarrotada, con senadores de todas las facciones ocupando sus asientos en un silencio tenso que reflejaba la gravedad del momento, y el aire olía a cera de vela y a la tensión característica de las sesiones que prometían ser decisivas.
—Senadores, comprendo la preocupación que muchos de ustedes sienten ante los recientes acontecimientos —comenzó Vycto, con la elocuencia calculada que había perfeccionado durante años de navegar los círculos políticos de la corte—. La presencia de una delegación extranjera, los rumores sobre estructuras antiguas despertando bajo nuestra propia ciudad, la creciente evidencia de que el joven Kraxter representa algo mucho más significativo de lo que la Corona ha estado dispuesta a admitir públicamente hasta ahora.
Un murmullo de aprobación recorrió parte de la cámara, particularmente entre los senadores tradicionalistas que Kestrel había cultivado durante años, aunque el propio Kestrel, notablemente ausente de aquella sesión tras su derrota reciente en la votación sobre la Ley de Armonización Racial, no se encontraba presente para respaldar directamente la propuesta. Kael, observando desde la galería superior junto a Paul, notó cómo Vycto evitaba cuidadosamente cualquier mención directa de Kestrel, como si estuviera construyendo una base de apoyo independiente que no dependiera de la influencia menguante del senador caído.
—Propongo, por tanto —continuó Vycto—, la creación de un Consejo Especial de Seguridad Interior, con jurisdicción específica sobre cualquier investigación relacionada con las estructuras antiguas descubiertas recientemente, y con autoridad para coordinar directamente con la delegación de Eltrix en asuntos de mutuo interés estratégico.
—¿Y quién presidiría ese consejo? —preguntó un senador cuya identidad Paul, observando desde la galería junto a su padre, no lograba reconocer de inmediato.
—Humildemente, ofrezco mi propia experiencia diplomática y mis conexiones establecidas con diversas facciones de esta corte para asumir esa responsabilidad, senadores, siempre que el Senado considere apropiada mi designación. —Vycto inclinó la cabeza con una modestia calculada que no lograba disimular completamente la ambición subyacente. Paul notó, con la atención entrenada de quien había crecido observando los juegos de poder de la corte, cómo los dedos de Vycto se movían con una soltura que delataba nerviosismo contenido, y cómo sus ojos recorrían constantemente la Cámara, evaluando cada reacción, cada gesto, cada alianza implícita.
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misterio y suspenso, alta fantasia, fantasía épica y política
Editado: 07.09.2026