MI CUMPLEAÑOS LLEGO
¡¡¡LLEGÓ EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS, CHICOSSSS!!!
¡Dios mío, no puedo con tanta emoción!
¿Se acuerdan de que les conté que estaba pensando en viajar a Finlandia? Pues, ¿adivinen qué?
¡¡¡SE LOGRÓOOOO!!!
Mis padres me apoyaron desde el primer momento y, para mi sorpresa, decidieron ayudarme con todos los gastos del viaje. Sí, chicos, ¡voy a conocer Finlandia! Todavía siento que estoy soñando y que en cualquier momento voy a despertar en mi cama, descubrir que todo fue una fantasía y terminar llorando contra la almohada. JAJAJAJA.
La idea es quedarme allá un mes, aunque siendo sincera, no descarto la posibilidad de enamorarme tanto del lugar que termine quedándome a vivir allí.
Imagínense ustedes, yo, Mila, viviendo en Finlandia, tomando chocolate caliente mientras veo nevar por la ventana y caminando por esas calles preciosas con un abrigo enorme. ¡¡¡NO PUEDO MÁS!!!
Aunque seguramente después de tres días estaré llamando a mi mamá para decirle que tengo los pies congelados y que quiero regresar a España. JAJAJA.
Pero bueno, ya veremos qué sucede.
Por ahora, solo quiero disfrutar de esta aventura que está a punto de comenzar.
Estaba tan emocionada que llevaba despierta desde temprano, mirando mi teléfono, revisando las cosas que todavía tenía que preparar y pensando en todo lo que quería hacer durante el viaje. Mi habitación era un completo desastre: había ropa encima de la cama, una maleta abierta en el suelo y una lista interminable de cosas que, según yo, eran absolutamente necesarias.
De repente, escuché que alguien giraba el picaporte de mi puerta.
—¿Se puede saber qué estás haciendo despierta tan temprano? —preguntó una voz desde el otro lado.
No tuve tiempo de responder.
La puerta se abrió y, de pronto, aparecieron mis padres con una tarta de cumpleaños entre las manos, mientras cantaban a todo pulmón el Happy Birthday to You.
—¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PRINCESAAA!!!
Me quedé mirándolos durante unos segundos, completamente sorprendida, hasta que una enorme sonrisa apareció en mi rostro.
—¡¡¡AYYYYY, LOS AMOOOO!!!
Me levanté de la cama de un salto y corrí a abrazarlos, teniendo mucho cuidado de no tirar la tarta, porque con lo torpe que soy habría sido capaz de arruinarlo todo en cuestión de segundos.
Mi madre comenzó a reírse mientras mi padre intentaba mantener el pastel en equilibrio.
—¡Mila, por Dios! ¡Primero deja que pongamos esto en algún sitio! —dijo él entre risas.
—¡NO PUEDO, PAPÁ! ¡ESTOY CUMPLIENDO VEINTICUATRO AÑOS!
—Bueno, técnicamente los estás cumpliendo hoy, así que deja de gritar como si estuvieras anunciando que ganaste la lotería —respondió mi madre.
—¡ES CASI LO MISMO!
Los tres comenzamos a reírnos.
Y es que mis padres son lo máximo. No sé cómo explicarles lo afortunada que me siento de tenerlos en mi vida. Siempre han estado conmigo, incluso cuando mis ideas parecían una completa locura. Me han apoyado en mis decisiones, han celebrado mis pequeños logros como si fueran los más grandes del mundo y nunca me han hecho sentir que mis sueños eran demasiado grandes.
Son, sin duda, dos de las personas más maravillosas que existen.
Y sé que, sin ellos, muchas de las cosas que hoy me hacen feliz no serían posibles.
Mi madre dejó el pastel sobre el escritorio y se acercó a mí para acomodarme un mechón de cabello detrás de la oreja.
—Veinticuatro años, mi niña. ¿En qué momento creciste tanto?
—Mamá, no empieces, que me vas a hacer llorar y todavía ni siquiera he desayunado.
—¿Y quién dice que no puedes llorar antes de desayunar? —preguntó mi padre.
—¡USTEDES DOS SE HAN PUESTO DE ACUERDO PARA HACERME LLORAR!
Volvimos a reírnos, pero esta vez sentí un pequeño nudo en la garganta.
Los abracé a ambos con todas mis fuerzas. Por un instante, deseé que el tiempo se detuviera allí mismo, en mi habitación con ellos a mi lado y aquella tarta sobre el escritorio.
Porque, aunque estaba emocionada por viajar, también sabía que iba a extrañarlos muchísimo.
Era la primera vez que me marcharía tan lejos durante tanto tiempo. Un mes podía parecer poco para algunas personas, pero para mí significaba despertarme en otro país, lejos de las voces que escuchaba cada mañana y de los abrazos que siempre estaban disponibles cuando los necesitaba.
Aun así, quería hacerlo.
Quería descubrir quién era Mila cuando salía de su zona de confort. Quería equivocarme, aprender, conocer personas nuevas y regresar con historias que contar.
O quizá no regresar tan pronto. JAJAJA.
—Bueno, cumpleañera —dijo mi padre, interrumpiendo mis pensamientos—, ¿vas a quedarte abrazándonos toda la mañana o vas a soplar las velas?