¿y si tu amor fuera como la nieve?

Capitulo 6

EL PRIMER DÍA DE MIS AVENTURAS

Habla Mila

¡DIOS MÍOOOOOO! ¡YA ES DE MAÑANAAAAA!

Bueno, técnicamente ya era de mañana desde hacía un buen rato, pero mi cerebro todavía no terminaba de procesarlo. Miré la hora en mi teléfono y eran apenas las seis de la mañana. ¡LAS SEIS! En España a esa hora probablemente seguiría abrazada a mi almohada, negociando conmigo misma otros cinco minutos de sueño, pero aquí estaba yo, en Finlandia, completamente despierta y emocionada por salir a conocer todos los lugares que pudiera.

No sé de dónde había sacado tanta energía, porque la noche anterior había terminado agotada después del viaje y de mi pequeño accidente con aquel señor tan antipático. Todavía recordaba su expresión cuando el chocolate cayó sobre su abrigo y, aunque sabía que había sido culpa mía, ¿de verdad era necesario hablarme como si hubiera cometido un delito internacional?

En fin, señor de los ojos verdes, espero que tu abrigo haya sobrevivido a semejante tragedia.

Sacudí la cabeza para dejar de pensar en él y volví a concentrarme en lo importante: ¡MI PRIMER DÍA DE AVENTURAS!

Me levanté de la cama de un salto, abrí las cortinas y me encontré con un paisaje que me dejó sin palabras. Todo parecía cubierto por una delicada capa blanca y los árboles estaban adornados de nieve, como si alguien hubiera pasado la noche decorándolos uno por uno. El cielo tenía ese tono grisáceo de las mañanas frías y las calles parecían mucho más tranquilas que las de España.

Me quedé mirando durante varios minutos, con una sonrisa enorme en el rostro.

—No puede ser… Estoy aquí de verdad —susurré.

Había visto fotografías de Finlandia cientos de veces, pero ninguna le hacía justicia a lo que estaba viendo. Era como estar dentro de una postal y, por primera vez desde que había llegado, sentí que todo el cansancio del viaje había valido la pena.

Claro que mi emoción duró exactamente lo que tardé en recordar el frío.

—Bueno, Mila, bonita, deja de contemplar el paisaje y ponte los abrigos antes de que te conviertas en una estatua —me dije a mí misma.

Sí, hablo sola. No me juzguen, por favor, cada quien sobrevive como puede.

Estaba terminando de arreglarme cuando mi teléfono comenzó a sonar. En la pantalla aparecieron los nombres de las dos personas que más extrañaba en el mundo.

MAMÁ Y PAPÁ.

Contesté inmediatamente.

—¡HOLAAAAAA, MIS VIDAAAAAS!

—¡Mi amor! —escuché decir a mi mamá—. Buenos días, cariño. ¿Cómo te sientes? ¿Dormiste bien? ¿No tienes demasiado frío? ¿Ya desayunaste?

Sonreí al escucharla. Mi mamá tenía la maravillosa capacidad de hacerme cuatro preguntas antes de que pudiera responder la primera.

—Mamá, respira, por favor, que me estás preguntando más cosas que en un interrogatorio policial —respondí entre risas—. Estoy muy bien, dormí bastante y hoy voy a salir a conocer muchos lugares. ¡Estoy emocionadísima!

—¿Y ya comiste algo? —preguntó mi papá desde el otro lado.

Cerré los ojos y suspiré dramáticamente.

—¡PAPÁAAAA! ¡Tú también!

Los escuché reír y, de repente, sentí esa pequeña punzada en el corazón que aparece cuando extrañas a alguien, incluso cuando estás feliz. Me habría encantado tenerlos conmigo para enseñarles el paisaje, tomar fotografías juntos y escuchar a mi papá quejarse del frío mientras mi mamá intentaba convencerlo de que se pusiera otro abrigo.

—Los extraño mucho —les dije, esta vez con una voz más tranquila.

Mi mamá guardó silencio un instante.

—Nosotros también te extrañamos, mi amor. Pero queremos que disfrutes muchísimo esta experiencia. Conoce lugares, haz amigos, prueba cosas nuevas y no tengas miedo de vivir aventuras. Solo cuídate mucho, ¿sí?

—Sí, mamá. Te lo prometo.

—Y mantén el teléfono cargado —añadió mi papá—. No queremos que te pierdas por allá y después tengamos que organizar una expedición internacional para encontrarte.

Solté una carcajada.

—¡¿PERO POR QUÉ TODOS CREEN QUE ME VOY A PERDER?!

Hubo un silencio de apenas dos segundos.

—Porque te conocemos, cariño —respondieron los dos casi al mismo tiempo.

¡TRAICIÓN FAMILIAR! ¡EN MI PROPIA CASA NO ME RESPETAN Y AHORA TAMPOCO A DISTANCIA!

Me eché a reír mientras terminaba de guardar algunas cosas en mi bolso. Mi teléfono, la cartera, los documentos, los guantes, una bufanda y, por supuesto, un pequeño paquete de pañuelos porque una nunca sabe cuándo puede necesitarlos.

—Bueno, mis amores, ya casi estoy lista. Hoy pienso tomar tantas fotografías que cuando vuelva van a desear que no hubiera descubierto la cámara del teléfono.

—Eso no es ninguna novedad —bromeó mi papá.

—¡Te escuché, señor!

Volvimos a reír y, antes de despedirnos, mi mamá me pidió que le enviara fotografías de los lugares que visitara. Le prometí que lo haría y les mandé un beso a través de la pantalla.



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En el texto hay: desamor, amor, alegrías y tristezas

Editado: 16.10.2026

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