¿y si tu amor fuera como la nieve?

Capitulo 9

MI NUEVA AMIGA

Habla Elias

Hola, soy Elias, tengo veintiséis años y nací y vivo en Finlandia, uno de los lugares más hermosos que podrán conocer. Sé que quizá suene un poco presumido decirlo siendo finlandesa, pero ¿qué puedo hacer? Me encanta mi país, sus paisajes, sus bosques cubiertos de nieve y, sobre todo, sus inviernos.

Aunque si hay algo que amo incluso más que el invierno, es esquiar.

Lo hago desde que tengo memoria. Mis padres son esquiadores profesionales y, prácticamente, crecí entre montañas, equipos de esquí y competencias. Mientras otros niños aprendían a andar en bicicleta, yo ya estaba intentando deslizarme por la nieve sin terminar de cara contra el suelo.

Bueno, alguna que otra caída sí tuve, pero eso queda entre nosotros.

Tengo una hermana pequeña llamada Merlia. Tiene siete años y es, sin exagerar, la personita más importante de mi vida. Es una niña dulce, curiosa y bastante traviesa, aunque jamás se lo diría a la cara porque sabe perfectamente cómo convencerme de que le compre dulces con solo poner esos ojitos que tiene.

Me encanta pasar tiempo con ella, enseñarle cosas nuevas y escuchar las historias que inventa. A veces siento que tiene más imaginación que todos los adultos que conozco juntos. Para mí, verla crecer y saber que puedo estar a su lado es uno de los regalos más bonitos que me ha dado la vida.

Pero bueno, no he venido a hablarles únicamente de mi familia.

Hoy quiero contarles cómo conocí a una chica que, sin que yo lo supiera, terminaría convirtiéndose en una de mis mejores amigas.

Todo comenzó una mañana de invierno.

Había quedado con unos amigos para ir a esquiar. Era uno de esos planes que hacíamos con frecuencia y que nunca necesitaban demasiada organización. Nos gustaba reunirnos, pasar el día en la nieve y terminar buscando algún lugar donde comer algo caliente.

Llegué a la estación a la hora acordada, me acomodé el gorro y miré a mi alrededor.

No había llegado nadie.

Maravilloso. Como siempre, yo era la responsable y los demás parecían creer que la puntualidad era una recomendación sin importancia.

Suspiré y me dispuse a esperar, pero entonces algo llamó mi atención.

A unos metros de donde me encontraba había una chica intentando colocarse los esquís. Tenía el cabello oscuro, largo y ondulado, y parecía estar concentrada en una tarea que, por su expresión, requería toda la inteligencia humana disponible.

La observé durante unos segundos.

Se impulsó con cuidado, avanzó apenas unos centímetros y terminó agarrándose de una barandilla como si su vida dependiera de ella.

Tuve que contener la risa.

No quería ser esa persona que se burla de alguien que está aprendiendo, pero la manera en que se aferró a la barandilla mientras miraba a su alrededor para comprobar si alguien la había visto fue demasiado graciosa.

Y sí, yo lo había visto.

Todo.

Me acerqué con una sonrisa y decidí hablarle.

—¿Siempre te presentas así ante los deportes nuevos? —le pregunté.

La chica giró la cabeza y me miró con una expresión de indignación que me hizo gracia inmediatamente.

—¿Siempre te dedicas a burlarte de las personas que están intentando aprender?

Me eché a reír.

—Solo cuando parecen estar negociando su supervivencia con una barandilla.

Ella soltó una carcajada y, en ese instante, me pareció todavía más bonita. Tenía una manera muy espontánea de reaccionar, como si no necesitara fingir que todo estaba bajo control cuando claramente no era así.

—Bueno, al menos la barandilla y yo ya tenemos una relación estable —respondió.

Aquello me hizo reír aún más.

Le extendí la mano para ayudarla a recuperar el equilibrio.

—Soy Elias, por cierto.

—Mila. Mucho gusto, Elia, aunque debo advertirte que no soy responsable de los accidentes que puedan ocurrir a tu alrededor.

La miré con fingida seriedad.

—Qué casualidad. Yo tampoco.

Nos reímos y comenzamos a hablar como si nos conociéramos desde hacía mucho tiempo.

Le pregunté si era su primera vez esquiando y su respuesta me confirmó lo que ya sospechaba.

—¿Tan evidente es? —me preguntó cuando se lo dije.

—Digamos que la barandilla te conoce mejor que los instructores.

—¡Oye! Estoy haciendo lo mejor que puedo.

—No lo dudo, Mila. No lo dudo.

Me gustó su manera de responder. No se tomó mis bromas como algo personal y tampoco intentó aparentar que sabía hacer algo que claramente estaba aprendiendo. Tenía una energía contagiosa y, aunque acabábamos de conocernos, resultaba muy fácil conversar con ella.

Me contó que estaba visitando Finlandia durante un mes y que quería aprovechar el viaje para conocer tantos lugares como fuera posible. Había nacido en Italia, pero había crecido en España desde pequeña, así que estaba acostumbrada a un clima bastante diferente del nuestro.



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En el texto hay: desamor, amor, alegrías y tristezas

Editado: 16.10.2026

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