¿y si tu amor fuera como la nieve?

Capitulo 3

HASTA PRONTO ESPAÑA

¡¡¡CHICOSSSS, HA LLEGADO EL DÍA!!!

No, pero es que ustedes no entienden lo que está pasando por mi cabeza en este momento. ¡HOY ME VOY A FINLANDIA! ¡FINLANDIA, POR DIOS SANTOOOO!

Son las cinco de la mañana y llevo despierta desde las tres. ¿Por qué? No tengo ni la menor idea. Bueno, sí la tengo: estoy demasiado emocionada como para dormir aunque también debo admitir que tengo un poquito de nervios.

Mi habitación parece que acaba de pasar por un huracán. Hay ropa sobre la cama, zapatos por todas partes y una maleta que, sinceramente, no sé cómo logré cerrar anoche. Mi madre lleva desde ayer preguntándome si estoy segura de que no olvido nada, y yo llevo desde ayer respondiéndole que sí.

Aunque, entre nosotros, creo que olvidé algo. ¿Qué es? Ni idea. JAJAJAJA.

—¡Mila, cariño, tenemos que salir en veinte minutos! —gritó mi madre desde el pasillo.

—¡¡¡YA VOYYYYY!!!

Mentira. Todavía estaba en pijama.

Me levanté de un salto, corrí al baño y comencé a arreglarme a toda velocidad. Elegí un conjunto cómodo, me recogí el cabello y me puse un poco de maquillaje. Quería verme bonita para las fotos, obviamente. Una tiene que documentar sus aventuras, ¿no?

Cuando finalmente salí de mi habitación, mis padres ya estaban esperándome junto a la puerta.

Mi padre tomó la maleta y mi madre se acercó para acomodarme el cuello del abrigo.

—¿Llevas todo lo necesario para el frío?

—Sí, mamá.

—¿Los guantes?

—Sí.

—¿La bufanda?

—Sí.

—¿El gorro?

—MAMÁ, ¡SÍ! ¡PARECE QUE VOY A CONQUISTAR EL POLO NORTE!

Mi padre soltó una carcajada mientras mi madre negaba con la cabeza.

—Está bien, está bien. Después no quiero llamadas tuyas diciendo que te estás congelando.

—No prometo nada —respondí, y los tres comenzamos a reírnos.

Peromientras caminábamos hacia el coche, sentí que la emoción empezaba a mezclarse con algo más.

Tristeza.

Porque una cosa era imaginarme viajando a Finlandia, recorriendo calles cubiertas de nieve y tomando chocolate caliente frente a una ventana. Y otra muy diferente era darme cuenta de que iba a pasar un mes entero lejos de mis padres.

Siempre había vivido con ellos. Siempre había tenido a mi madre preguntándome si había comido y a mi padre haciendo bromas absurdas que, aunque me hicieran poner los ojos en blanco, terminaban sacándome una sonrisa.

Y ahora iba a estar lejos de todo eso.

—¿Estás bien, cariño? —preguntó mi madre, mirándome por el retrovisor.

Sonreí rápidamente.

—¡Claro que sí! ¡Estoy emocionadísima!

Ella me observó durante unos segundos pero no dijo nada. Simplemente extendió la mano y apretó suavemente la mía.

Y no sé, chicos a veces una madre sabe que algo te pasa sin necesidad de que abras la boca.

Cuando llegamos al aeropuerto sentí que mi corazón comenzaba a latir más rápido.

Había personas caminando de un lado a otro, familias despidiéndose, niños corriendo con sus pequeñas maletas y viajeros que como yo estaban a punto de comenzar una aventura.

Miré a mi alrededor con una sonrisa enorme.

Era real.

De verdad estaba allí.

Mi padre dejó la maleta junto a mí y me abrazó por los hombros.

—Bueno señorita Finlandia, ¿está lista para conquistar el mundo?

—¡Nací lista, papá!

—Eso espero, porque desde aquí no podremos ir a rescatarte cada vez que te pierdas.

—¡OYE! ¡Yo no me pierdo tanto!

Mi madre y mi padre se miraron.

—Mila, el año pasado te perdiste en un centro comercial —dijo ella.

—¡ERA ENORME!

—Y en Italia terminaste en la calle equivocada porque seguiste a una señora que llevaba un abrigo parecido al mío —añadió mi padre.

—¡¡¡ESO FUE UN ACCIDENTE!!!

No pude evitar reírme. Ellos tampoco.

Y durante unos minutos, todo fue como siempre: bromas, risas y mi madre recordándome que tuviera cuidado con mis cosas.

Hasta que escuché el anuncio de mi vuelo.

Mi sonrisa se desvaneció poquito a poco.

Miré la pantalla, después mi maleta y finalmente a mis padres.

Había llegado el momento.

—Bueno… —murmuré—. Creo que ya me tengo que ir.

Mi madre fue la primera en abrazarme.

Y Dios mío chicos si hay algo que nunca he sabido hacer bien es despedirme de las personas que amo.

Al principio intenté sonreír. Le dije que estaría bien, que los llamaría todos los días y que les enviaría tantas fotografías que terminarían cansándose de mí.



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En el texto hay: desamor, amor, alegrías y tristezas

Editado: 16.10.2026

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