Alianza inesperada

Capitulo 11

Grievous avanzaba a toda velocidad, derribando a su paso a todo aquel que se interponía en su camino. A su lado, Kendal disparaba con precisión quirúrgica. Mientras Rhenax abría el camino, lanzando bombas de humo que neutralizaban sin matar.

Cuando finalmente irrumpieron en la sala de contención, Marina estaba rodeada por tres .aestros jedis, luchando con agilidad pese a sus heridas.

—¡Marina! —rugió Grievous.

Ella giró al oír su voz.

—¡Grievous! —gritó, y sin pensarlo, se lanzó a sus brazos metálicos.

Él la atrapó sin dudar, sosteniéndola con firmeza contra su pecho blindado.

—Estás herida… —murmuró él, con su voz metálica cargada de una emoción inesperada.

Kendal entró justo detrás, con su bláster aún humeante. Al ver la escena, rodó los ojos con exageración.

—¿En serio lo saludás a él primero? Soy tu hermano, Marina —dijo, con fingida indignación y una sonrisa ladeada.

Ella se volvió al oírlo, su rostro se iluminó y corrió a abrazarlo también. Estaba sorprendida de verlo ahí. Tantos años habían pasado desde la última vez que se vieron, no esperaba encontrarselo así.

—Yo también me alegro de verte hermanita

—No puedo cree que este aquí...

Pero en cuanto su mirada se cruzó con la de Rhenax, su expresión cambió por completo. Su cuerpo se tensó, y se apartó un paso de ambos.

—¿Qué hace él aquí? —preguntó con voz fría.

Rhenax la observó en silencio, serio.

Marina entonces giró lentamente para mirar a Grievous, sus ojos brillaron con un dolor contenido.

—¿Vas a entregarme a Sidious?

El corazón de Marina latía desbocado, esperando una respuesta que podía romper todo lo que sentía en ese momento.

Grievous no habló de inmediato. Kendal miró de reojo a su nuevo "compañero", apretando los dientes con incomodidad.
Todos estaban expectantes esperando la respuesta del General. Marina bajó la cabeza con decepción, y camino hacia la salida.

Grievous no lo pudo soportar, ella nunca lo había mirado así. Y realmente le dolió.

—Nunca lo haría —dijo finalmente Grievous tomandola del brazo—. Confía en mí.

Antes de que Marina pudiera contestar, las puertas explotaron. Un grupo de Jedi encabezado por Windu y Plo Koon irrumpió en la sala, con sus sables encendidos.

—¡Ríndanse! —rugió Windu—. ¡Ella pertenece al Consejo!

—¡Ella no pertenece a nadie! —gruñó Grievous.

Desvaino sus cuatro sables de luz y se lanzó al ataque contra ambos jedis. Kendal disparaba sin cesar, cubriendo a Marina mientras corría hacia la nave.

—¡Vamos, vamos! —gritó Kendal—. ¡A la nave ya! ¡Grievous si no nos vamos ahora, jamás saldremos!

Rhanax lanzo una bomba humo para bloquear la visión, dandole tiempo a Grievous a retroceder y huir de los jedis. Si fuera por el se hubiera quedado a matar a rojos, pero la prioridad era Marina.

Una vez en la rampa del carguero, Kendal extendió la mano.

—¡Entra, Marina!

Ella dudó solo un instante, luego se giró hacia Grievous.

—¿Vas a venir?

Él asintió, empujándola hacia arriba mientras se activaban los motores del escape.

(...)

La nave vibraba levemente mientras abandonaban el espacio aéreo de Coruscant. Dentro, el silencio era casi asfixiante. Kendal se encontraba apoyado contra el marco de una compuesta, con los brazos cruzados, sin apartar los ojos de Marina.

—¿Vas a decirme algo? —espetó ella sin mirarlo—. Porque después de todos estos años, un rescate improvisado no va a arreglar nada.

Kendal suspiró, cansado.

—Cuando te echaron del Templo Jedi... Creí que vendrías por mí, pero no lo hiciste.

Marina se volvió con los ojos encendidos.

—¿Ir por ti? ¿A dónde? No sabía donde estabas, ni una señal me dejaste

—Tenía una deuda con Jabba. Todos sus secuaces me seguían el rastro... No quería meterte en mis problemas.

—¡Tu silencio fue el que me metió en problemas! —gritó—. Tuve que valerme por mí misma. Me uní a los cazarrecompensas. Cuando me descubrieron con un sable de luz, casi me ejecutan por traición... les menti, les dije que lo robé. ¿Sabés cuál fue la única forma de que me creyeran?

Kendal tragó saliva. Ya conocía la respuesta, pero no quiso oírla.

—Tuve que deshacerme de él. No me arrepiento. Era un color horrible. Prefiero el que Grievous me regaló.

El silencio volvió a invadir la cabina. Kendal frunció el ceño.

—¿Grievous? ¿Cómo terminaste... enredada con él?

—Un trabajo que salió mal. Tenía que entregar un cargamento, pero era una trampa. Nos traicionaron a ambos. La única forma de sobrevivir fue unir fuerzas. Terminamos en una luna desértica… y pasaron cosas.




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