—Es… ¿Es un niño?— preguntó Aang volteando a ver a Raava con desconcierto.
—Si, percibí en él un talento inconmensurable. Sin embargo fue hasta hace poco que me percaté que no tiene más de 10 años— dijo Raava mientras ambos veían como el niño se distraía con el lugar y jugaba con los espíritus.
Para Aang era extraño tener frente a él un niño de menos de diez años con la misma altura, sino es que un poco más alto.
Pero luego recordaba a Lukxa y Payun y se calmaba un poco, aunque ahora se preguntaba la edad de aquellos hermanos.
—¡Que bonito lugar es este! ¿Dónde estamos?— preguntó At’ok fascinado por lo veía.
—Es el mundo de los espíritus. Hola, soy Aang— muy amablemente Aang le respondió y se presentó.
—¡Hola! Yo soy At’ok— dijo acercándose a Aang con alegría mientras hacía la señal de “te veo” con torpeza.
Ahora Aang podía confirmar que el niño era un poco más alto que él.
At’ok se dirigió esta vez a Raava, tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para verla en todo su esplendor.
—Eres muy grande— dijo mirándola con admiración y estupor. Cuando se mostró ante él mientras desayunaba, la había visto de su mismo tamaño. Ahora era inmensa.
Aang soltó una pequeña risa por lo tierna que se veía la inocencia de ese niño.
—Eso es porque está en su forma original, ya que este es su hogar— le explicó con gentileza.
—Mi primo te dibujo muy bien, pero eres más hermosa aquí— dijo At’ok con una mirada deslumbrante y sus manos entrelazadas frente a su pecho.
—Gracias— agradeció solemnemente Raava aunque en su voz se notaba una ligera sonrisa.
—At’ok, esto es importante. ¿Cómo están yendo las cosas en tu mundo?— dijo Aang con seriedad esperando que el niño pudiera explicarle la situación en el otro mundo.
—¡Hay na’vis con poderes!— empezó a explicar lo que para él era increíble y lo más importante —¡Ru’niya es muy habilidosa con la tierra! ¡Y Sa’eyla hizo un témpano de hielo enorme!— hace un ademán exagerado hacia arriba con ambos brazos para después reírse. Después del entusiasmo inicial se quedó pensando —ammm, creo que también hay un chico que controla el aire y una que controla el fuego, pero no los conozco. Los adultos son muy serios— terminó quejándose haciendo un puchero.
—Espera... ¿dijiste que hay un na’vi que controla el aire? ¿Estás completamente seguro? ¿Hay más como ellos? ¡Dime! ¿Qué hay del resto de su mundo? ¿Lo han visto hacer aire control de verdad?— Aang empezó a bombardear al pequeño con preguntas con una mirada tan intensa que reflejaba desesperación.
De solo pensar en la existencia renovada de maestros aire, hacía que un torbellino emocional masivo se hiciera presente en todo su ser. Le dió igual que no fueran humanos, el hecho de cargar con el peso de la extinción de su cultura, esta noticia impactó directo en sus traumas y responsabilidades como Avatar.
Sus preguntas eran caóticas, llenas de incredulidad, miedo y felicidad. En algún momento sostuvo al pequeño por uno de sus antebrazos, y aunque no lo lastimaba, la presión por obtener respuestas se transmitía con dureza.
At’ok se sorprendió ante la reacción de Aang. Intentaba pensar en las respuestas a sus preguntas pero la verdad es que no sabía mucho y no entendía porque Aang tenía esa expresión que le daba a entender que algo lo angustiaba. Se empezaba a sentir algo abrumado al querer ayudarlo pero no tenía las respuestas.
Antes de que el entorno empezara a reaccionar ante la situación, Raava intervino.
—Aang— se interpuso entre ambos usando sus extremidades para separarlos, una para detener a Aang y otra para consolar a At’ok —mantén la calma, es solo un niño—
Aang vió al pequeño y vio la preocupación en su rostro, sus orejas gachas y su cola alrededor de su cintura. Y se arrepintió.
—Ah, lo siento, At’ok— se disculpó mostrando verdadero arrepentimiento en su rostro. Solo volvió a hablar cuando el na’vi le dió una sonrisa que le daba a entender que lo perdonaba —No tienes que saber todas las respuestas, está bien— le aseguró mientras Raava retiraba sus prolongaciones —¿Sabes algo más? ¿Cómo están llevando esa situación?— inquirió reteniendo el impulso de preguntar más por el na'vi maestro aire.
At’ok se puso serio pensando en la conversación que dejó atrás con su familia.
—Mi familia está pensando en soluciones para ayudar a los demás nav’is. No sabemos si habrá más con poderes después de la na’vi de fuego— dijo con timidez porque no había prestado demasiada atención a la discusión ni las preocupaciones que rondaban en la mente de su familia —mi abuelito dice que te conoce… desde que era niño— dijo al recordar lo que había dicho Jake aunque titubeó al final porque veía a Aang muy joven como para que lo conociera alguien tan viejo como su abuelo.
Aang se quedó mudo y puso los ojos en blanco. Tenía un mar de preguntas que solo incrementaba a cada paso, pero se las guardó para sí mismo al ver la confusión en el rostro de At’ok. Claramente no sabía mucho.
«¿Cómo es que su abuelo me conoce? Y peor aún ¿Desde que era niño? ¿Cuántos años tiene su abuelo? No ¿Cómo me conocería si nuestros mundos no se habían conectado hasta ahora? ¿Cuánto tiempo viven los na’vis? ¿Quién es su abuelo?»
Le echó una mirada de reojo a Raava que seguía ahí al lado de espectadora. Así que solo dijo:
—Mejor ya no te haré preguntas— ríe nervioso y At’ok solo suelta una risita agradecida mientras se frota su nuca —mejor te explico lo que ocurre en mi mundo para que le cuentes a tu familia—
At’ok asintió con entusiasmo, agradecido por saber que será útil en algo de verdad. Comprometiéndose a que a partir de ahora tendrá que poner más atención.
—Muy bien, vamos poco a poco, supongo que tenemos tiempo— dijo Aang para al final voltear a ver al gran espíritu a su lado para confirmar.
—Que sea breve, tus amigos y su familia están preocupados— fue lo único que dijo Raava.
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Editado: 28.09.2026