El marui del consejo seguía en silencio, a la expectativa de que el na'vi de menor edad despierte del trance al que fue sometido. Aunque a simple vista pareciera que solo estaba durmiendo, todos eran conscientes del enorme poder de Eywa y el lado espiritual poco común de aquel niño demostrado en los lunares de su piel, que titilaban constantemente.
—¿At'ok estará bien?— preguntó Ayteya quien se había ido a los brazos de su madre. Se esforzaba mucho en ser valiente pero no podía evitar sentir temor ante el comportamiento inusual de su primo pequeño, y la expresión de su tía Kiri no ayudaba para nada.
—Si ma'ite, no te preocupes— consoló Tsireya otorgándole apapachos —Eywa lo protegerá, no dejará que nada le pase— aseguró con un murmullo tranquilizador que parecía ir dirigido más a ella misma que a su hija.
Ayteya sólo alcanzó a aferrarse más a su Sa'nu mientras de reojo veía a Kiri aferrándose a su pequeño y murmurando plegarias silenciosas a la gran madre.
Rotxo se mantenía cerca, igual de preocupado por su hijo. Trataba de dar consuelo a su pareja con ligeros roces con una mano en los brazos de Kiri que, aunque tensos, acunaban con ternura a su retoño.
Neteyam y Aonung recorrían con la mirada a todos los na'vis presentes. El ambiente seguía cargado de impotencia, de esa sensación amarga que deja el no poder hacer más que esperar. El atardecer ya se colaba entre las rendijas del telar que formaba el marui, tiñendo el interior con una luz cálida que contrastaba demasiado con las expresiones preocupadas de quienes se encontraban ahí. Afuera, el sonido constante del mar parecía ignorar por completo la incertidumbre que envolvía a la familia.
Los nietos mayores veían la misma escena. No emitían sonido alguno y de vez en cuando alternaban miradas entre sí. Payun solo podía pensar en las investigaciones de Eipkang. Lukxa solo quería que su familia y amigos estuvieran bien y sin preocupaciones. Oäma pensaba en Sa'eyla quien, por las circunstancias, tuvo que decirle a sus padres la verdad y no sabía exactamente cómo estaba la chica actualmente.
En cambio, Rai'uk no sabía realmente qué pensar de toda esta situación, presentía que no había recibido la suficiente información para entender todo. De algún modo se sentía excluido a pesar de no ser cierto. Todos tenían tanto en la cabeza que era difícil ordenar las ideas.
De pronto, la tensión del ambiente fue interrumpida por los ligeros quejidos que soltaba At'ok, indicando que se estaba despertando.
—Hola, amor— murmuró Kiri con alivio después de agradecer a Eywa en un suspiro rápido, como si recuperara el aliento ante la espera de tanto tiempo —¿Cómo te sientes? ¿Cómo te fue?—
At'ok tardó unos segundos en enfocar la vista. Sus orejas se movieron con pereza mientras observaba a su madre y cada una de sus facciones. Parecía desorientado, pero no asustado.
—Sa'nu, conocí a Ann— dijo con somnolencia. Tal vez no haya estado tanto tiempo inconsciente pero fue su primer viaje espiritual, lo dejó algo agotado —dijo, los humanos, tenían orejas y colas— se sentía cansado pero el entusiasmo de contar lo que había escuchado no minimizó ni un poco, por lo que se escuchó una ligera risa que hizo que el espacio entre su familia se sintiera más ligero —y manchas y brillos, como nosotros, mami— poco a poco iba abriendo más los ojitos, mostrando aquel destello de inocencia característico de los infantes.
—¿Si, mi amor?— inquirió con delicadeza Kiri mientras mecía a su hijo, el cual asintió levemente cediendo ante el arrullo —muchas gracias por decirnos, ahora descansa paskalin. Hiciste un gran trabajo— finalizó con un beso en su frente y con eso, el pequeño cayó rendido ante el sueño con la sonrisa congelada en su rostro.
El ambiente pareció aflojarse de golpe. Algunos bajaron los hombros sin darse cuenta, otros dejaron escapar el aire que llevaban conteniendo desde hacía varios minutos. Nadie había notado lo tensos que estaban hasta ese instante en cuanto vieron que At'ok se durmió. La diferencia más notable entre un na'vi que está en trance por un proceso espiritual y un na'vi dormido; son los lunares parpadeantes y la expresión corporal tensa. Ahora que veían al menor descansar tranquilamente, ellos también pudieron relajarse por el momento.
—Conoció a Aang— dijo Payun en un volumen neutro para no molestar a su primito —jaja aunque se equivocó al decir su nombre— se enterneció al notar ese dato.
—De todo lo que dijo, ¿Eso es lo primero que opinas?— reclamó Lukxa a su lado.
—¿Dijo que los humanos de allá también están cambiando?— cuestionó Rai'uk, otra vez anonadado.
—¿Humanos con cola?— se rió Oäma —debo ver eso—
—Si es así, ellos también están pasando por problemas— reflexionó Neteyam —al parecer At'ok estableció una conexión espiritual con el humano avatar— dijo, aunque no como una solución sino como un peso que no debería cargar un niño tan pequeño.
—Necesitamos hablar con ellos, pero si agota tanto a At'ok...— acentuó Aonung regresando a esa sensación de impotencia —esto tardará demasiado—
—No necesariamente— dijo Neteyam pensativo —cuando vuelva a pasar, puedo intentar canalizar mi energía para encontrar esa conexión en el espíritu de At'ok. Tal vez así pueda contactarme con el humano— añadió con resolución, colocando su dedo índice flexionado en su barbilla en un ademán reflexivo.
—Sempul, no— refunfuñó Rai'uk quien ha sido espectador de muchos trances en su padre —te desgastará igual— dijo preocupado.
—Lo sé ma'itan, pero hasta no saber como manejar esto correctamente, habrá que hacer algunos sacrificios— sentenció Neteyam sin mirar a nadie, simplemente viendo el centro del circulo familiar, en algún punto del piso.
Aonung posó una de sus manos sobre la de su pareja. El contacto fue suficiente para que Neteyam aflojara apenas los dedos, como si hasta ese momento recordara que llevaba las manos hechas un puño. No hicieron falta palabras.
#460 en Fanfic
#2361 en Otros
#201 en Aventura
crossover, cienciaficcion y aventura, avatar el camino del agua
Editado: 28.09.2026