Cursed

VI. Alma

Todo estaba listo al anochecer; Los juegos, las carpas, el carrusel, las luces, absolutamente todo. Las funciones no comenzarían hasta el día siguiente, así que todo el lugar estaba en silencio.

La mayoría estuvo ensayando todo el día para las funciones, así que ahora estaban todos descansando.
Yo no podía dormir. Quería hacerlo, realmente quería cerrar mis ojos y desconectarme de todo a mi alrededor, pero no dejaba de dar vueltas en la cama pensando en la conversación que tuve con Sasha. Me preocupaba no desarrollar alguna habilidad y al mismo tiempo, me preocupaba hacerlo. No quería comenzar a sentirme cómoda aquí, no podía sentirme cómoda y parte de este lugar, no cuando fui forzada a estar aquí. No cuando tuve que dejar toda mi vida atrás por esto. Tenía muchos sentimientos encontrados respecto a todo.

Extrañaba muchísimo a mamá y a Ashley, pero hablar sobre talentos y habilidades hizo que la voz de mi madre apareciera en mi mente y no estaba diciendo cosas precisamente agradables. Por el contrario, hacían eco todas las palabras crueles que alguna vez me había dicho.

La verdad era que hace años no teníamos la mejor relación y todo de mí parecía molestarle. Le molestaba que saliera y que estuviera en casa, le molestaba que fuera a clase de ballet, pero también se molestaba si no asistía. Me pedía ayuda en casa y cuando lo hacía, todo lo criticaba. Me gritaba constantemente y cuando no lo hacía tampoco era amable conmigo. No me tomó demasiado asumir que lo que realmente le molestaba era yo. Eso hizo que me alejara de ella cada vez más. Ya casi no pasabamos tiempo juntas y lo poco que compartíamos siempre terminaba en discusiones. Solía tener una pequeña esperanza de que ese resentimiento desaparecería con el tiempo, que algún día podríamos volver a tener la relación que teníamos antes de que mi padre nos abandonara, pero jamás sucedió. Me preguntaba si tal vez en un futuro podríamos arreglar nuestra relación. Supongo que nunca lo sabré.

El recuerdo de nuestro último encuentro se abrió paso en mi mente. Se veía mucho más alegre, relajada. Estaba horneando, por Dios. Ni siquiera podía recordar la última vez que horneó algo.

Había algo nuevo en sus ojos cuando la vi. Una chispa que había desaparecido años atrás y mentiría si dijera que no me dolió que eso sucediera solamente después de que se olvidó por completo de mí. Desaparecí de su vida y ella brillaba. Eso no hacía más que confirmar que era yo quien la mantenía amargada e infeliz.

¿Realmente me culpaba por el abandono de papá? Tal vez si era mi culpa después de todo. Fui yo quien lo enfrentó cuando supe que estaba siéndole infiel a mamá. Le grité y lo insulté, solo para enterarme de que ella ya lo sabía y lo aceptaba sólo para que él no la dejara.

Pero una vez que todo salió a la luz, él no sintió la necesidad de seguir fingiendo y simplemente se fue. Un día martes desapareció, no dejó un mensaje, ni una carta. Se llevó todas sus cosas y nos abandonó. Mamá nunca fue la misma después de eso. Siempre supe que me culpaba, pero no pensé que tenerme en su vida la hacía tan miserable.

Suspiré y me levanté de la cama. No iba a lograr dormir con esa pesadez en mi pecho. Me sentía demasiado asfixiada.

Salí a tomar aire. El frío me golpeó con fuerza y la niebla no permitía ver nada a mi alrededor, pero no me importó. Necesitaba sentir algo que no fuera el dolor en mi pecho.

De todas formas, no me atreví a alejarme mucho de mi caravana, temía no encontrar el camino de vuelta entre la niebla.

—Es muy tarde para que estés afuera —Me sobresalté cuando oí su voz.

Miré a mi lado y me pregunté en qué momento llegó, porque no había sentido nada hasta que habló.

A pesar de la niebla, a él podía verlo claramente. Estaba usando una camisa blanca y pantalones negros. Siempre se veía formal, me di cuenta de que no era sólo parte del espectáculo, era parte de su personalidad. Nadie más vestía así diariamente en el circo.

Y no sólo eso lo hacía ver elegante, también su cabello castaño estaba siempre perfectamente peinado hacia atrás, no había ningún mechón fuera de lugar, incluso el viento a nuestro alrededor no parecía desordenar su cabellera.

Él no me miraba, sus ojos estaban observando un punto fijo frente a él. Tal vez él podía ver algo que yo no. Algo más que la densa niebla a nuestro alrededor.

—No podía dormir —respondí finalmente.

—Veo que compartimos el mismo problema.

—¿Acaso tu conciencia no te deja dormir tranquilo por la noche? —solté con dureza.

Tal vez no estaba del mejor humor para estar hablando con él. Pensé en simplemente irme a la caravana para evitar conflictos, pero mi cuerpo no se movió.

Sus labios se curvaron levemente, no parecía estar afectado por mis palabras.

—En realidad tienes razón —respondió con simpleza—. No me deja dormir.

—¿Por qué haces esto, de todas formas? —Me atreví a preguntar. Era algo que rondaba mi cabeza constantemente. No importaba lo que me dijeran los demás, sólo él podía responderme esa pregunta con honestidad.

—Diversión, aburrimiento, ocio. Tu elige lo que te haga más sentido.

Mi corazón dio un salto ante esa respuesta y sentí mis mejillas ardiendo por la rabia.



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En el texto hay: fantasia, circo, circo fantasma

Editado: 12.09.2026

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