Cursed

XIII. Las consecuencias

Cuando abrí los ojos y miré el techo, me di cuenta de inmediato que no estaba en mi caravana.

Intenté moverme, pero el dolor estalló en mi torso, dejándome sin aliento por varios segundos.

—No te muevas —pidió el Gran Maestro a mi lado.

Estaba sentado en una silla a un lado de la cama y sostenía mi mano firmemente.

Al verlo, no pude evitar recordar cuando estuvo enfermo. Lamentablemente, se veía muy similar; tenía profundas ojeras bajo sus ojos, su piel nuevamente se veía demasiado pálida y sus ojos perdieron el brillo.

—Impedí que murieras —murmuró. Su voz también sonaba débil—. Pero no pude curarte del todo, deberás sanar por tu cuenta. Te tomará un par de días seguramente. Hice lo que pude, curé tus huesos rotos y detuve tus hemorragias. Sólo tienes un par de fracturas que sanarán rápido por la magia alrededor, sin embargo, es importante que estés en cama al menos un par de días más.

Mi garganta estaba seca, así que cuando hablé apenas reconocí mi voz.

—¿Qué sucedió?

—Caíste del trapecio.

Los recuerdos vinieron a mi de inmediato. Era imposible sobrevivir a una caída así sin magia.

—¿En qué estabas pensando? —Ahora sonaba molesto.

—Yo…creí que no podía caer —respondí, sintiéndome avergonzada de repente.

—Cuando estoy a tu lado impidiéndolo, te expliqué eso durante la función Valerie—dijo severo—. No estaba a tu lado, ni siquiera estaba en el circo. Para cuando sentí que estabas en peligro, ya habías caído.

Bueno, debía admitir que pensé que la magia alrededor del circo sería suficiente para estar a salvo. Recordaba que él dijo que a veces necesitaba estar presente durante las funciones para asegurarse que nada sucediera, pero no pensé que iba a caer. Nunca imaginé que esto podía suceder. Los chicos del circo suelen ensayar sin su presencia, pero supuse que él siempre estaba alrededor. Ahora no fue así.

—Cuando llegué a tu lado tu… estabas muriendo. Destrozaste todo tu cuerpo. Había sangre por todos lados. Demonios, ¿en que estabas pensando?

Se puso de pie, notablemente frustrado. Quise estirar mi brazo hacia él, pero incluso mover mi mano dolía.

—Habrías muerto. Y habría sido mi culpa. Yo no estaba ahí para protegerte. Tu muerte habría sido mi culpa.

La frustración se transformó rápidamente en otra emoción. Lucía tan preocupado. Tan… humano.

—Estoy bien —dije.

Rio amargamente.

—Tienes fracturas en todo tu cuerpo. Tus heridas eran tan graves que no pude curarte por completo, no sin morir yo también y arrastrar a todos conmigo. Use casi toda mi magia para curarte. Y no fue suficiente. Aun debes recuperarte.

—Lo siento —murmuré.

Me sentía terrible y no solo físicamente. ¿Cómo pude ser tan irresponsable? Ni siquiera le avise a alguien que iría a los trapecios, no se me ocurrió buscarlo para pedirle que me acompañara, no pensé en nada. Todo fue mi culpa. Fui muy irresponsable y sufriría las consecuencias de eso.

—No es tu culpa, es mía —dijo él—. Debí haber estado aquí.

—¿Y dónde estabas? —pregunté con repentina curiosidad.

Él rara vez dejaba los terrenos del circo. ¿A dónde había ido que estaba tan lejos del circo?

—Estaba en la ciudad. Necesitaba unos libros así que fui a buscarlos a la biblioteca.

—¿En la madrugada?

—Debía usar mis poderes, así que era preferible que no hubiera gente alrededor.

Asentí levemente.

Cuando miré a mi alrededor por fin reconocí el lugar. Estaba en su caravana.

En su cama.

—Te robé la cama —quise bromear.

Me miró y rodo sus ojos.

—Es lo que menos me importa —respondió, volviendo a sentarse en la silla—. Sasha vendrá en unas horas con medicina. No pude seguir usando mi magia directamente en tus heridas porque estoy muy débil, pero la magia que mantengo alrededor del circo facilitará la sanación durante estos días.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por salvar mi vida. Otra vez.

—No debes agradecer. Debí estar aquí y esto no hubiese pasado.

—No habría pasado si no hubiese ido a los trapecios en primer lugar. Es mi culpa, no tuya.

Él negó con su cabeza. Estaba segura de que no iba a lograr convencerlo de que deje de sentirse culpable.

(…)

Habían pasado horas. Dormía mas de lo que estaba despierta debido a los medicamentos que Sasha me trajo hace un rato. Se preocupó de que me comiera todo lo que trajo y de que tomara todos los medicamentos correctamente y se fue diciendo que no iba a estar despierta mucho más tiempo. Y tenía razón. Dormí por casi seis horas.

Cuando desperté me sentía un poco mejor. No tenía dolor de cabeza, ni el dolor punzante en mis costillas. Aun dolía moverme incluso en la cama. Y cuando fui al baño, tuve que pedirle ayuda al Gran Maestro porque apenas podía ponerme de pie por mi misma. Fue algo realmente vergonzoso, pero en realidad debía ir.



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En el texto hay: fantasia, circo, circo fantasma

Editado: 22.09.2026

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