Cursed

IX. Preguntas sin respuestas

Me tomó mucho esfuerzo poder dormir un par de horas. Me sentía tan cansada, el cansancio mental era la peor parte. No podía obligarme a salir de la cama por más de algunos minutos. Incluso cuando no lograba dormir, me rehusaba a abandonar la cama.

Ya estaba anocheciendo de nuevo. Sasha me trajo comida hace un rato, lo cual agradecí, ya que no tenía ganas de preparar nada a pesar de que mi estómago llevaba horas rugiendo por alimento.

Ella se quedó conmigo mientras comía. Me mantuvo acompañada pero no me obligó a hablar. Lo cual me hacía sentir mejor. Temía que si comenzaba a hablar sobre cómo me sentía, terminaría llorando sin parar.

Sasha se fue después de unos minutos y nuevamente quedé sola con mis pensamientos.

No podía evitar pensar en todo lo que sucedió, pero especialmente en Regina. Aun recordaba el miedo que sentí cuando me apuntó con el cuchillo. Nunca antes había sentido esa clase de temor. Ni siquiera cuando casi caí de la plataforma sentí un miedo como aquel.

Dos veces Regina me aterrorizó. Dos veces puso en riesgo mi vida. ¿Y por qué? ¿Por qué estaba obsesionada con el gran maestro y creía que yo quería entrometerme? Eso era ridículo. Ella tenía a Thomas. El pobre chico que intentó asesinarlo después de ver lo que sucedió. Él la amaba. Pero yo había escuchado las palabras de Regina, ella no lo amaba. Sólo lo usó para llamar la atención del Gran maestro. ¿Cómo alguien podía ser tan cruel?

Sin embargo, incluso cuando pensaba en ella de esa forma, no podía evitar sentirme terriblemente culpable por lo que sucedió. Todo lo que bastaba era una imagen fugaz de su cuerpo en el suelo para revolver mi estómago.

Había tanta sangre. Sangre en su pecho, en el piso, en mi rostro. En las manos del Gran Maestro.

Tanto odio, tanto dolor. No llegué a conocerla, no sabía si siempre fue así o fue consecuencia de la vida en el circo. No sé si el hecho de dejar su vida atrás y tener una nueva la afectó tanto que comenzó a perder la cabeza lentamente. Sólo sabía que ese final... era muy triste para cualquier persona.

Era cerca de la medianoche cuando oí golpes en la puerta. Mi respiración se detuvo y mi corazón se aceleró. Cualquier ruido me alteraba, no podía relajarme. Estaba constantemente al borde de un ataque de pánico. Me tomó unos segundos levantarme de la cama y asomarme por la ventana para ver quien estaba tocando.

Me estremecí aún más cuando me di cuenta de quien era.

Sabía que vendría tarde o temprano.

¿Le abriría?

Suspiré y caminé hasta la puerta. Mis manos temblaban mientras quitaba el seguro y la abría.

Cuando lo vi de cerca quedé sorprendida por su aspecto. Había visto que mejoró en medio de todo el caos, pero ahora que lo veía mejor, me di cuenta de que parecía que nada nunca hubiese pasado. Incluso se veía mejor que antes de enfermarse, no había ningún rastro de debilidad o enfermedad. Su piel siempre era pálida, pero había recuperado el color de sus mejillas y el brillo de sus ojos. Sus labios ya no estaban secos, incluso se veían más rosados de lo normal. Tal vez el frío. Incluso las ojeras habían desaparecido por completo.

—¿Puedo pasar? —preguntó en voz baja.

Parecía nervioso. ¿Lo ponía nervioso el hecho de hablar conmigo? ¿Acaso también se sentía culpable por todo lo que había sucedido?

Me hice a un lado para dejarlo entrar. Cuando pasó a mi lado, sentí una leve vibración en el aire, de alguna forma él se sentía diferente. Algo más había cambiado.

—¿Cómo te sientes?

Había respondido esa pregunta muchas veces en los últimos días.

—Confundida —respondí. Él se quedó de pie a unos pasos de mi—. Tú te ves mucho mejor.

Sonrió levemente antes de negar con su cabeza.

—No vine aquí a hablar de mí, Valerie. Quiero saber cómo estás lidiando con todo lo que sucedió.

Quise reír, no porque fuera divertido, sino porque tenía tantas emociones dentro de mí que no sabía cómo procesarlas. Quería reír cómo una demente. Y llorar después. Tal vez gritar incluso.

—¿Cómo puedo siquiera empezar a lidiar con eso? —pregunté sintiéndome agotada. Estaba agotada de tanto intentar estar bien, de tanto intentar encontrarle sentido a todo lo que estaba sucediendo—. Siento que voy a estallar. Cada día aquí es peor que el anterior, cada cosa que descubro es peor que la anterior. No sé qué hacer para lidiar con todo esto. No sé qué hacer para aceptar mi nueva vida. Y ahora, no sólo debo lidiar con eso sino también con lo que sucedió ayer. Casi muero. Dos veces. A causa de la misma persona. Alguien a quien apenas conocía, a quien nunca le hice nada. Casi me asesina y después... Fue ella quien murió. Fue asesinada por ti. Y sé que estabas defendiéndome, créeme que sé que si no hubieses intervenido yo estaría muerta ahora mismo. Pero Dios, fue algo horrible. Jamás había presenciado algo así, una vida arrebatada frente a mí. Y me duele, me duele porque estoy tan, tan agradecida. Ayer me di cuenta de que no quiero morir. Y eso significa que debo lidiar con esta nueva vida, que tengo que adaptarme a esto. Y no estoy lista, es demasiado difícil. No sé cómo puedo empezar a lidiar con todo. Estoy maldita. Así qué tu dime, ¿Cómo estoy lidiando con esto?

Para cuando terminé de hablar, mi rostro estaba empapado y tenía un nudo en la garganta que me impedía respirar correctamente.



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En el texto hay: fantasia, circo, circo fantasma

Editado: 12.09.2026

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