(Nota de autor al final del capítulo)
El acto del Gran Maestro se basó en varias secciones que las personas llamarían trucos de magia, pero que yo sabía que no eran trucos, era simplemente magia. Él parecía disfrutar de cada minuto en el escenario.
Yo también disfruté de su presentación. No precisamente por sus trucos o el espectáculo en sí, sino por los destellos dorados que acompañaban cada acto. Las ondas serpenteaban desde sus manos cada vez que utilizaba su magia. Nunca antes había visto algo así y me tenía completamente hipnotizada.
¿Acaso todos podían ver eso? ¿No lo encontraban fascinante?
La función finalizó hace más o menos media hora y el ánimo en el circo no hacía más que mejorar. El ambiente estaba inundando de risas, conversaciones animadas, copas chocando y música.
—Vaya —dije después de tomar un sorbo de champán—. Las presentaciones realmente suben los ánimos aquí.
Ella asintió sonriendo.
—Es por la energía. La energía de las personas es contagiosa y es nuestro mejor combustible.
—¿Combustible? —pregunté confundida.
—La energía alimenta la magia. Y ellos nos entregan esa energía voluntariamente, cada vdd que ríen o que aplauden, cada vez que gritan y se emocionan con las presentaciones. Nos entregan la energía que necesita el circo para que la magia funcione correctamente. No es algo perjudicial para ellos, sólo se sentirán un poco cansados y dormirán profundo esta noche.
Cuando oía la palabra energía, me era inevitable recordar lo que vi durante el acto del Gran Maestro. Había estado pensando en eso cada minuto desde que lo vi. Y si alguien sabía que era, sería Sasha.
—Hoy vi algo extraño durante la presentación del Gran Maestro.
Sasha frunció el ceño.
—¿Qué fue lo que viste?
—No estoy segura, pero creo que vi líneas doradas alrededor de él. Se movían cómo ondas desde su cuerpo, principalmente desde sus manos.
Sasha abrió sus ojos azules hasta el límite y casi se ahoga con el champán.
—¿Viste su magia?
¡Sabía que era magia!
Asentí frenéticamente, emocionada por haber sido capaz de ver algo así.
—Nadie además de mí ha sido capaz de ver la magia del Gran Maestro, ¿estás segura?
—Si —respondí de inmediato—. Vi esas líneas todo el tiempo que duró su presentación. Al principio era débil, casi transparente, pero después fue haciéndose más claro.
—¿Tienes a alguien en tu familia que haya tenido historia con la magia?
—Bueno, mi abuela contaba algunas historias extrañas, pero nunca la tomé en serio —comenté, recordando cada historia que mi abuela me había contado—. Decía que veía cosas extrañas desde que era pequeña. Que había visto a brujas reales y cosas sin explicación lógica.
—Las abuelas son sabias, niña. Debiste tomarle más atención.
—Nunca habría imaginado que la magia es real.
—Vivías en Salem, por dios. Es una de las ciudades con más historias relacionadas a la magia del mundo.
—Si, pero fue hace tanto tiempo. Además, cuando uno escucha la palabra brujería no piensa exactamente en este tipo de magia, ¿sabes? Nunca me habría imaginado que la magia son líneas doradas.
—La magia viene de muchas formas. El gran maestro es descendiente de una larga línea de brujos rusos, todos enfocaron sus poderes en el circo, su magia no luce cómo otras.
—Pero ¿por qué puedo verla?
—En tu familia existió alguien que tuvo acceso a la magia o a otros dones similares. Y tu al parecer lo heredaste. Estas cosas no se pueden ver simplemente por accidente, debes tener algo en tu interior que te permite hacerlo. Ver la magia de esa forma es un don.
Mi vida no dejaba de sorprenderme.
—Es mejor que no lo hables con nadie más. Sabes que aquí no se toman muy bien lo que tiene que ver con magia.
Si en eso tenía razón. De todas formas, no planeaba decírselo a nadie más que a ella y tal vez al gran maestro. Cuando lo viera de nuevo. Después de la función simplemente desapareció.
—Oh no —oí a Sasha.
Ella estaba mirando detrás de mí así que volteé también.
Thomas venía caminando hacia nosotras.
De inmediato quise ponerme de pie y alejarme, me ponía nerviosa el sólo hecho de estar a un par de metros de él.
—¡Espera! No te haré daño.
—Claro que no, no lo permitiría —declaró Sasha, poniéndose de pie a mi lado de manera protectora.
Thomas siguió avanzando, pero lento, cauteloso.
—Lo siento, Valerie. Sólo quería venir a disculparme por lo que sucedió el otro día.
—Tu me atacaste —recordé—. Eso fue lo que sucedió el otro día.
Thomas se veía genuinamente avergonzado.
—Lo que hice no tiene justificación, lo sé. Yo sólo…estaba borracho y dolido, muy dolido —aclaró su garganta y pude ver cómo su labio inferior tembló levemente—. Estaba sufriendo. No lo justifica, pero, créeme que nunca quise lastimarte. No estaba pensando bien. Jamás volverá a pasar.