Cursed

VII. El lazo.

Mis manos temblaban. No sabía que esperar, ni siquiera estaba segura si iba a hacerlo.

Vamos Valerie no seas gallina.

Miré la puerta frente a mí y tragué saliva. Tenía los nervios de punta.

Si antes el Gran Maestro me parecía intimidante, después de saber que es un asesino me parece también aterrador.

Pero necesitaba respuestas. Conversar con Sasha no era suficiente, necesitaba oír la verdad de la boca del Gran Maestro, necesitaba que me explicara todo con detalles para entender todo lo que pasaba en ese lugar. Después de todo, si iba a estar ahí para siempre, quería entender como funcionaba todo.

Así que, con esa determinación en mente, mis nudillos finalmente hicieron contacto con la puerta de metal.

Tan sólo segundos después escuché un "Adelante", así que abrí la puerta y con algo de duda entré a la caravana del Gran Maestro.

No era cómo lo imaginé, aunque no estaba segura de que estaba imaginando exactamente, sólo sabía que no era esto. Su caravana era más grande que las demás, por fuera lucía más elegante que por dentro. Todo lucía un poco más anticuado. Los muebles, la decoración, la distribución del lugar. Estaba limpio y ordenado. No había nada fuera de lugar. Lo único que llamaba la atención era la enorme cantidad de libros que descansaban encima de la mesa. No estaban desordenados, pero eran tantos que daban ese aspecto de desorden al lugar.

Mi mirada se detuvo en el Gran Maestro, que estaba acostado en su cama al final del pasillo. Me pareció extraño que me recibiera así, iba a decir algo al respecto pero entonces él encendió la luz y tuve que ahogar un grito.

Lucía muy, muy enfermo. Tenía unas ojeras oscuras bajo sus ojos, los cuales estaban enrojecidos al igual que su nariz. Su piel naturalmente pálida ahora tenía un aspecto casi transparente, al punto que podía ver sus venas. Sus labios estaban resecos y lastimados, un claro signo de deshidratación y debilidad. Y su cabello que solía estar perfectamente ordenado, estaba hecho un desastre.

Nunca me imaginé ver a ese hombre elegante y refinado de esa manera.

—¿Qué te sucede? —pregunté antes de siquiera procesarlo.

—Estoy enfermo —contestó cómo si fuera obvio. Su voz sonaba débil, pero la ironía era clara.

—Si eso lo puedo notar, pero ¿por qué?

Él me miró durante unos segundos, probablemente debatiendo si debía o no responder esa pregunta. Pasó tanto tiempo que pensé que no lo haría, pero finalmente habló.

—Mis poderes se debilitan, cuando eso sucede, me enfermo.

—¿Se trata de las almas?

La sorpresa en su rostro fue innegable.

—Sasha siempre habla de más —No estaba segura, pero al parecer rodó sus ojos.

¿Cómo supo que había hablado con Sasha?

—De hecho, no habla lo suficiente, por eso estoy aquí —mi tono se endureció—. Necesito oírlo todo.

Él quiso reír, pero en cambio, terminó tosiendo por varios segundos.

—Como puedes ver, no estoy en condiciones para hablar —respondió, sonando algo frustrado—. Apenas puedo mantenerme despierto.

Quise reclamar e insistir, pero la verdad era que sí se veía demasiado mal. Sabía que si lo presionaba sólo iba a empeorar.

—¿Qué debes hacer para mejorar? —pregunté con cautela.

—Creo que ya sabes la respuesta a eso. O no estarías aterrada —fue lo que respondió—. No debes temerme, Valerie. No te lastimaré.

—Ya lo hiciste —repliqué sonando más dura de lo que pretendía.

Creo que la comisura de sus labios se elevó por un segundo.

Nuevamente tosió. Miré a mi alrededor buscando algo que pudiera servir de pañuelo, pero sólo encontré unas servilletas en la mesa. Las tomé y me acerqué a él para poder entregárselas. Las recibió de inmediato y las acercó a su boca mientras seguía tosiendo.

De reojo, pude ver algunas manchas de sangre en el papel.

—Eres demasiado curiosa —murmuró apretando la servilleta con su puño—. No importa. Siempre es un placer verte, Valerie, pero no soy muy buena compañia ahora.

Asentí con mi cabeza. En eso tenía razón.

—Terminaremos esta conversación. No lo dejaré ir.

—Claro que no lo harás —Lo oí murmurar.

Se acomodó en la cama y cerró sus ojos. Tomé eso como la señal para retirarme.

Mi búsqueda de respuestas debía esperar.

(...)

Nuevamente, no pude conciliar el sueño por más que un par de horas. Incluso en mis sueños seguía viendo al Gran Maestro. Verlo así de enfermo me dejó sorprendida, fue una imagen muy impactante. No pude evitar recordar los últimos meses de vida de mi abuela. Había estado postrada los últimos nueve meses de su vida, pero su cambio físico fue lo que más me marcó; adelgazó a tan punto que no podía ponerse de pie por si sola, su rostro alguna vez lleno de vida, de pronto perdió todo el brillo, su piel estaba seca, las venas se le marcaban demasiado, sus labios siempre estaban partidos y con sangre seca por toser o vomitar sangre. Sus ojos parecían sobresalir de su rostro y no tenía ni un poco de cabello. Fue algo terrible. Y ver al Gran Maestro enfermo en su cama, tosiendo sangre y sin poder hablar normalmente me trajo muchos recuerdos que intentaba olvidar.



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En el texto hay: fantasia, circo, circo fantasma

Editado: 12.09.2026

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