Cursed

XI. La magia alrededor.

Mis manos y piernas temblaban mientras me movía entre la multitud. Nadie podía ver mi rostro, pero todos estaban mirándome. Era difícil no ganar la atención de todos alrededor cuando estaba usando una máscara y un traje claramente circense.

La atención no era problema, nunca me había sentido intimidada o incómoda por eso. En la escuela de Ballet perdí cualquier vergüenza o pánico escénico. Era normal hacer presentaciones mensuales, a las cuales asistían cientos de personas. No era ajena a la atención.

Lo que me tenía nerviosa, era el hecho de que estaba realizando la primera actividad como miembro oficial del circo.

Hace alrededor de una hora llegamos al centro de la ciudad. William, Vlad, Clarissa y Henrik, el presentador, todos decidimos venir a anunciarle al pueblo la llegada del Circo Nazaryov.

Cuando llegamos, nos separamos para entregar los volantes. La idea era entregarlos todos, a cada persona que viéramos, prometiendo un show espectacular.

Intenté no interactuar demasiado, no porque no quisiera, sino porque realmente no sabía que decir. Era difícil intentar vender la idea del circo cuando conocía la verdadera realidad.

Intenté jugar con el misterio. Prometiendo magia, sorpresas y una noche inolvidable. Hay que apreciar la ironía en eso.

Cuando volví al auto, Will estaba esperando a un lado. Los demás aun no llegaban.

El viaje a la ciudad había sido muy incómodo, Vlad aún estaba de mal humor y Will trataba de llenar el silencio incómodo con música y algo de conversación ligera. Pero todos podían sentir la tensión en el ambiente. Así que no estaba exactamente ansiosa por el viaje de vuelta.

—Veo que te fue bien —dijo William cuando llegue a su lado.

—No sabía exactamente que decir así que sólo entregué los volantes —confesé.

Creo que sonrió. No podía verlo por la máscara, pero podía sentir su sonrisa.

—El misterio funciona muy bien. Mientras menos les digas, más curiosos se ponen.

Estaba de acuerdo con eso.

—Me muero por un cigarrillo —sentí la voz de Clarissa a mi lado.

Algo que todos los del circo tenían en común era que nunca podía sentirlos acercarse. Eran tan sigilosos como un gato. Muchas veces no me daba cuenta de que estaban a mi lado hasta que hablaban.

—Ya deben estar por llegar los demás.

Cuando estábamos en el auto, me dijeron que no podíamos quitarnos las mascaras en público. Al parecer mantener el anonimato era algo muy esencial para el circo de las máscaras.

A lo lejos, pude ver a Henrik acercándose. Él era más o menos de mi misma altura. No era exactamente corpulento, pero tampoco delgado. Según me dijo, tenía treinta y nueve años, pero se unió al circo hace cinco, así que aparentaba un par de años menos. Era amable y carismático. Y se había unido voluntariamente, lo que me sorprendió. No tuvimos la oportunidad de hablar demasiado en el auto, pero sin duda es una conversación que me gustaría retomar.

—Creo que esta noche nos irá bien —dijo cuando llegó—. La gente estaba emocionada, creo que hace tiempo no pasaba un circo por la ciudad.

—Eso escuché también —Clarissa se apoyó en el auto con sus brazos cruzados—. Espero que salga todo bien y no se note la ausencia de la rutina de Thomas y Regina.

La mención de Regina me puso tensa de inmediato. Noté la mirada de Will sobre mí pero no dijo nada.

Mi mirada fue hasta el suelo y casi pude ver el cadáver de Regina en él. La expresión en su rostro, la sangre a su alrededor.

Mi respiración se aceleró y de repente no podía apartar mi vista. Sabía que no era real, pero mi mente no podía borrar esa imagen.

A pesar de que estaba respirando rápidamente, el aire parecía no ser suficiente para mis pulmones, porque comencé a sentirme sofocada. La máscara limitando mi respiración no ayudaba.

Sentí una mano apretando mi hombro suavemente y entonces aparté la vista del suelo y miré a mi derecha. Era Will.

—Tranquila —habló en voz baja—. No pasa nada, estás bien.

Respiré profundo e intenté calmarme.

Estaba en la calle, rodeada de personas, a plena luz del sol. Tuve que repetir eso varias veces en mi mente para relajarme.

Sentí la mirada de los demás sobre mí, pero ninguno de ellos dijo nada.

—¿Mejor? —preguntó Will después de unos segundos.

Asentí con mi cabeza.

—Mejor —respondí.

Vladimir llegó un par de minutos después, aún manteniendo su semblante serio. Se subió al auto y esa fue la señal para irnos de vuelta al circo.

(…)

Todo a mi alrededor evocaba memorias que no estaba segura de querer recordar en ese preciso momento.

El carrusel giraba a lo lejos, las luces iluminaban todo alrededor. El aroma a palomitas y algodón de azúcar inundaba el lugar.

Escuchaba la risa de los niños, las conversaciones animadas de las personas, veía los flashes de las fotos que después no existirían.



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En el texto hay: fantasia, circo, circo fantasma

Editado: 12.09.2026

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