El Eclipse De Las Almas

El precio de una confianza destruida

«El amor no siempre muere cuando dos personas se separan. A veces continúa viviendo en el silencio, en las palabras que no fueron pronunciadas y en la dolorosa certeza de que seguimos amando a quien ya no sabemos cómo creerle. Pero la confianza, una vez quebrada, puede convertirse en una frontera más difícil de atravesar que cualquier fortaleza».

EL AMOR QUE AKIRA YA NO QUERÍA

La mañana había llegado con una serenidad que parecía burlarse de cuanto había sucedido durante la noche. Los jardines resplandecían bajo el sol. Las ventanas de los edificios reflejaban el azul del cielo y los estudiantes comenzaban a ocupar los corredores, ajenos a la profunda crisis que atravesaba a algunos de sus compañeros.

Akira permanecía sentado junto a la ventana de su habitación. Había dormido apenas dos horas. Su cabello estaba ligeramente desordenado y sus ojos mostraban las huellas del cansancio. Sobre una silla descansaba el uniforme rojo que había utilizado durante la operación contra WhiteSun. El muchacho lo contempló durante varios segundos.

Aquel uniforme había sido testigo de demasiadas cosas. Del miedo.
De la desesperación. De la llegada inesperada de Gaara e Izan. Del rescate de Deidara. Y de la extraordinaria aparición de Cronos.
Sin embargo, ninguna de aquellas imágenes conseguía apartar de su mente una preocupación mucho más íntima. Izan. Su novio. El muchacho al que amaba profundamente. Y en quien ya no sabía si podía confiar. Unos golpes suaves resonaron en la puerta.

-Akira.

El gemelo cerró lentamente los ojos.
Conocía aquella voz.

-Adelante.

La puerta se abrió. Izan apareció en el umbral. Vestía ropa juvenil negro y fucsia , llevaba el cabello cuidadosamente acomodado. Sus ojos celestes, uno asociado al Sharingan y el otro al Byakugan, mostraban un cansancio semejante al de Akira. Juuby permanecía acomodado en su hombro.

-Buenos días -murmuró.

Akira asintió.

-Buenos días.

Izan cerró la puerta. Durante varios segundos permanecieron en silencio. Después preguntó:

-¿Dormiste?

-Un poco.

-Yo casi nada.

Akira bajó la cabeza.

-Lo imaginé.

Izan respiró profundamente.

-Necesitamos hablar.

El gemelo permaneció inmóvil.
Finalmente respondió:

-Sí. Supongo que llegó el momento.

«NUNCA DEJÉ DE AMARTE»

Izan se acercó lentamente. No intentó abrazarlo. No quiso tocarlo sin saber si Akira aceptaría aquel gesto. Solamente se sentó frente a él.

-Akira, necesito que comprendas algo.

El gemelo levantó la cabeza.

-Te escucho.

Izan respiró profundamente.

-Nunca dejé de amarte.

Akira permaneció inmóvil.

-Lo sé.

Izan negó lentamente.

-No. No creo que lo sepas. Porque si realmente lo supieras, no me mirarías como si yo hubiera dejado de quererte.

Akira bajó la cabeza. Izan continuó:

-Cuando rechazamos el proyecto, yo no estaba rechazándote a vos.

-Ya escuché esa explicación.

-Pero necesito repetírtela.

Akira cerró los ojos. Izan se inclinó ligeramente hacia adelante.

-Te amo. Te amaba antes de aquella reunión. Te amaba cuando discutimos. Te amaba cuando abandonaste la Academia.

Su voz comenzó a quebrarse.

-Y te amaba cuando te vi rodeado de aquellos hombres en la fortaleza.

Akira sintió una punzada en el pecho. Izan continuó:

-Cuando comprendí que estabas allí, arriesgando tu vida junto a Kawaki, sentí un miedo que nunca había experimentado. Pensé que podía perderte.

Akira permaneció en silencio.

-Y cuando Gaara consiguió localizarte, no dudé.

Izan levantó lentamente la cabeza.

-Fui a buscarte. Porque te amo.

Akira cerró los ojos. Durante un instante quiso creerle. Quiso abrazarlo. Quiso recuperar aquella seguridad que había sentido tantas veces junto a él. Pero entonces recordó la reunión. Y el dolor regresó.

-No sé si puedo creerte, Izan.

El muchacho dejó de respirar.

-¿Qué?

Akira levantó lentamente la cabeza.

-Ya no sé si puedo confiar en vos.

EL MUCHACHO QUE ODIABA ENAMORARSE

Izan permaneció inmóvil. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

-Akira...

El gemelo apartó la mirada.

-¿Te acordás de lo que yo decía antes de enamorarme?

Izan permaneció pensativo. Después una sonrisa triste apareció en sus labios.

-Que el amor era un dolor de cabeza.

Akira asintió.

-Exactamente. Un dolor de cabeza innecesario.

Izan bajó lentamente la cabeza.

-Yo pensaba lo mismo.

-Lo sé.

-Los dos pensábamos que enamorarse era complicarse la vida.

Akira soltó una pequeña risa sin alegría.

-Y teníamos razón.

Izan levantó inmediatamente la cabeza.

-No.

El gemelo lo contempló..Izan continuó:

-No teníamos razón. Porque enamorarme de vos fue una de las cosas más hermosas que me ocurrieron.

Akira sintió que el corazón se le oprimía. Izan añadió:

-Antes de conocerte de esa manera, yo pensaba que no necesitaba a nadie. Que podía estar solo. Que amar a otra persona significaba perder la libertad.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

-Pero después apareciste vos.

Akira permaneció inmóvil.

-Y descubrí que amar no era perder la libertad. Era encontrar a alguien con quien quería compartirla.

Akira cerró los ojos. Aquellas palabras le dolieron profundamente.
Porque recordaba haber sentido exactamente lo mismo. Izan se inclinó hacia él.

-¿De verdad vas a decirme que todo lo que vivimos fue solamente un dolor de cabeza?

Akira bajó lentamente la mirada.

-No.

La respuesta fue apenas un susurro.
Izan sintió una pequeña esperanza.
Pero el gemelo continuó:

-Fue mucho más que eso. Y precisamente por eso me duele tanto.

«PODÍA SOPORTAR EL RECHAZO DE TODOS, MENOS EL TUYO»




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