El Eclipse De Las Almas

El poder de los lazos que no se rompen

«Hay corazones que no se vuelven fríos porque hayan dejado de amar, sino porque amaron tanto que ya no soportarían una nueva traición».

Cinco corazones unidos por una misma promesa

El invierno continuaba reinando sobre Konoha. La nieve cubría los jardines de la Academia, se acumulaba sobre las ramas desnudas de los árboles y descendía lentamente frente a los enormes ventanales del edificio principal.

En uno de los salones privados de la residencia estudiantil, cinco adolescentes permanecían reunidos alrededor de una mesa. Kawaki. Akira. Cronos. Gaara. Izan. Sobre la mesa descansaban cinco tazas de café negro. Y sobre los hombros de los gemelos, Yoru y Argent observaban atentamente al pelirrojo. Cronos estaba sentado entre Kawaki y Akira. Sus largos cabellos rojos caían sobre el cuello de su campera roja.

Aquella mañana no había frialdad en sus ojos celestes. Solamente una tristeza profunda. Y algo más.
Confianza. Una confianza que había decidido concederles a dos personas nuevas. Gaara e Izan.

-Entonces... -comenzó Kawaki lentamente- ¿les contaste todo?

Cronos asintió.

-Sí.

Akira lo contempló.

-¿Incluso lo de tu madre?

El pelirrojo bajó la cabeza.

-Incluso eso.

Los gemelos permanecieron inmóviles. Conocían aquella historia.
Sabían lo que Cronos había sufrido.
Pero escucharlo reconocer que había compartido su secreto con Gaara e Izan los conmovió profundamente. Kawaki le tomó suavemente una mano.

-Hermano...

Cronos levantó la mirada.

-¿Sí?

-¿Estás bien?

El pelirrojo sonrió tristemente.

-Mejor de lo que esperaba.

Akira contempló a Gaara e Izan.

-¿Y ustedes?

Izan respiró profundamente.

-Todavía estoy intentando comprender cómo alguien pudo hacerle algo semejante.

Gaara bajó la cabeza.

-Yo tampoco puedo entenderlo.

Cronos sonrió con melancolía.

-No necesitan comprender a mi madre. Yo dejé de intentarlo hace mucho tiempo.

Kawaki sintió que aquellas palabras le atravesaban el corazón.

-Cronos...

El pelirrojo lo interrumpió suavemente.

-Estoy bien, hermano.

Después contempló a los cuatro.

-O, al menos, estoy aprendiendo a estarlo.

Akira le rodeó los hombros.

-No tenés que aprender solo.

Cronos cerró los ojos. Aquellas palabras le provocaron una emoción tan intensa que necesitó varios segundos para responder.

-Lo sé.

Gaara levantó lentamente la mirada.

-Y tampoco tenés que tener miedo de nosotros.

Cronos lo contempló. Izan asintió.

-No vamos a utilizar tu pasado para lastimarte.

El pelirrojo sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

-Gracias.

Kawaki sonrió suavemente.

-Ahora somos cinco.

Akira levantó su taza.

-Cinco hermanos del alma.

Izan sonrió.

-Aunque dos de nosotros también seamos novios de los otros dos.

Cronos arqueó una ceja.

-Detalle administrativo.

Gaara soltó una carcajada. Kawaki sonrió. Akira comenzó a reír. Izan negó divertido.

-¿Administrativo?

Cronos levantó solemnemente su taza.

-Por supuesto. Las relaciones sentimentales son una subdivisión burocrática del afecto.

Akira se echó a reír.

-¡CRONOS!

El pelirrojo continuó con absoluta seriedad:

-Propongo que cada pareja presente una solicitud formal de abrazos y quejas emocionales.

Gaara comenzó a reír.

-¿Y quién las aprobaría?

Cronos señaló a Yoru.

-El departamento de recursos lobunos.

Yoru levantó inmediatamente las orejas.

«¿Por qué siempre termino involucrado en tus tonterías?», preguntó mentalmente.

Cronos sonrió.

«Porque sos adorable y tenés experiencia administrativa».

Argent emitió un pequeño gruñido.

«Exijo un cargo equivalente».

Cronos lo contempló.

-Vos serás ministro de abrazos.

Akira se dobló de risa.

-¡NO PUEDO CREERLO!

Yoru miró a Argent.

«Nos está tomando el pelo».

Argent respondió con solemnidad:

«Lo sé. Pero ministro suena importante».

Los cinco adolescentes terminaron riendo. Y durante unos minutos, la institución, WhiteSun y las heridas del pasado dejaron de ocupar el centro de sus pensamientos. No porque hubieran olvidado a los trescientos niños. Sino porque incluso quienes luchaban por salvar a otros necesitaban momentos para sentirse vivos.

Teoría literaria y el colapso de la dignidad académica

Aula de 5.º B.

-Buenos días, queridos estudiantes.

Ayanami ingresó al aula con una carpeta azul, varios libros y una expresión de serenidad que todavía no sabía cuánto tiempo lograría conservar.

-Buenos días, profesora -respondieron los cuarenta y tres alumnos.

En la última fila, Kawaki estaba sentado junto a Gaara. Akira e Izan ocupaban los asientos contiguos.
Cronos permanecía delante de ellos.
Los cinco formaban un pequeño mundo propio. Kawaki tenía una mano entrelazada con la de Gaara debajo del pupitre.

El pelirrojo de cabellos cortos contemplaba el cuaderno mientras su novio le acariciaba distraídamente los dedos. Akira se encontraba inclinado hacia Izan, quien le había acomodado suavemente el cuello de la campera.
Cronos observaba por la ventana. Su expresión era fría. Impenetrable.

Absolutamente indiferente. Al menos por fuera. Porque dos filas más adelante estaban Eiji y Mikael.
Y aquello representaba una amenaza considerable para su autocontrol. Ayanami escribió en la pizarra:

TEORÍA LITERARIA: EL NARRADOR Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD

-Hoy vamos a estudiar la diferencia entre un narrador confiable y uno no confiable.

Eiji levantó inmediatamente la mano. Ayanami lo contempló.

-¿Sí, Eiji?

El muchacho de cabellos negros y ojos dorados adoptó una expresión de profunda reflexión.




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