«El enemigo creyó haber descubierto la debilidad de un muchacho. No comprendió que, al amenazar aquello que amaba, también estaba despertando la fuerza de quienes jamás permitirían perderlo».
El grito de un inocente
La tormenta de nieve había comenzado a disminuir. El inmenso escudo azul y dorado que protegía la Academia Konoha Élite resplandecía sobre los edificios, los jardines y las residencias estudiantiles. Dentro de aquella cúpula, cientos de niños y adolescentes continuaban sus actividades.
A salvo. Protegidos. Sin imaginar que, a varios kilómetros de distancia, alguien había preparado una trampa. Una trampa que tenía un único objetivo. Naruto Uzumaki.
El muchacho de dieciséis años se encontraba caminando por uno de los senderos interiores de la Academia.
Llevaba una campera negra y naranja, pantalones oscuros y botas de invierno. Sus cabellos rubios estaban ligeramente despeinados.
Acababa de despedirse de Sakura y se dirigía hacia la residencia estudiantil cuando algo lo obligó a detenerse. Un sonido. No provenía de los jardines. Tampoco de los edificios. Era algo diferente. Una súplica que parecía haber atravesado directamente su conciencia.
«¡SOCORRO!»
Naruto abrió los ojos. Se quedó inmóvil.
«¡POR FAVOR, NO ME MATEN!»
El corazón comenzó a golpearle violentamente el pecho. Era un niño. Un niño pequeño. Y estaba aterrorizado. Naruto activó inmediatamente su percepción. La voz volvió a resonar.
«¡MAMÁ! ¡QUIERO A MI MAMÁ!»
El rubio sintió que la sangre se le helaba.
-No...
Cerró los ojos. Concentró sus dones. Y consiguió localizar aquella desesperación. Fuera del escudo.
En una antigua carretera de servicio, junto a una zona boscosa. Había varios hombres. Y un niño de aproximadamente seis años. Naruto no lo pensó dos veces.
-¡AGUANTÁ, PEQUEÑO!
Una ráfaga de viento agitó violentamente la nieve. El muchacho comenzó a correr. Atravesó los jardines. Descendió por una pendiente. Y salió del territorio protegido por la cúpula. No sabía que, desde una sala de vigilancia instalada en un vehículo blindado, alguien estaba observando sus movimientos.
WhiteSun sonrió.
-Finalmente.
Uno de sus oficiales se acercó.
-Señor, el objetivo abandonó el escudo.
WhiteSun contempló la pantalla. Sus ojos brillaron.
-Lo sabía. Ese muchacho jamás soportaría escuchar a un niño suplicando ayuda.
El oficial bajó la cabeza.
-¿Procedemos?
WhiteSun sonrió.
-Procedan.
Y en la carretera nevada, seis hombres levantaron sus armas hacia un pequeño que lloraba desesperadamente.
La trampa perfecta
El niño estaba arrodillado sobre la nieve. Tenía aproximadamente seis años. Cabellos castaños. Ojos verdes. Y una pequeña campera azul demasiado delgada para semejante frío. Sus manos temblaban. Las lágrimas descendían por sus mejillas. Frente a él, un hombre levantó su arma.
-Se terminó el tiempo.
El pequeño comenzó a llorar.
-¡NO, POR FAVOR!
El hombre apuntó. Y entonces...
-¡APARTATE DE ÉL!
Una llamarada atravesó el aire. El arma salió despedida de las manos del guardia. Naruto apareció entre el niño y sus agresores. Sus ojos azules ardían de indignación.
-¡ES UN NENE!
Los hombres retrocedieron. Naruto extendió una mano. Una corriente de viento levantó una barrera de nieve entre ellos y el pequeño.
-Tranquilo -le dijo al niño, sin apartar la mirada de los enemigos- Ya estoy acá.
El pequeño comenzó a llorar con más fuerza.
-¡TENGO MIEDO!
Naruto sintió que el corazón se le rompía.
-Lo sé, campeón. Pero no voy a dejar que te lastimen.
Entonces escuchó una carcajada. Lenta. Fría. Cruel.
-Qué conmovedor.
Naruto levantó inmediatamente la cabeza. Los hombres comenzaron a apartarse..Y desde detrás de un vehículo blindado apareció WhiteSun. Naruto abrió los ojos.
-Vos...
WhiteSun sonrió.
-Naruto Uzumaki. Qué agradable sorpresa.
El rubio apretó los puños.
-¡SOLTÁ AL NENE!
WhiteSun inclinó ligeramente la cabeza.
-¿Soltarlo?
Sonrió.
-Pero si precisamente gracias a él estás aquí.
Naruto sintió un escalofrío. Miró alrededor. Decenas de hombres comenzaron a salir de entre los árboles. Otros aparecieron detrás de los vehículos. Y varios dispositivos se activaron sobre la carretera.
Naruto comprendió. Demasiado tarde.
-Fue una trampa...
WhiteSun sonrió ampliamente.
-Una extraordinariamente sencilla.
El rubio encendió fuego en una mano. Con la otra comenzó a concentrar viento. Pero entonces WhiteSun levantó dos dedos. Un guardia sujetó al niño. Otro colocó un arma junto a él. Naruto se quedó inmóvil.
-No...
WhiteSun sonrió.
-Exactamente. Podés utilizar tus cinco elementos. Podés recurrir a tus dones. Podés intentar derrotarnos.
Sus ojos se endurecieron.
-Pero si lo hacés, ese niño pagará las consecuencias.
Naruto sintió que el mundo se detenía. El pequeño comenzó a llorar.
-¡AYUDAME!
El rubio cerró los ojos. Sus llamas desaparecieron. WhiteSun sonrió.
-Mucho mejor.
Naruto levantó lentamente las manos.
-No le hagan nada - Su voz temblaba -Por favor.
WhiteSun lo contempló con satisfacción.
-Entonces obedecé.
Dos hombres se acercaron. Naruto no se movió. No porque no pudiera luchar. Sino porque cada movimiento suyo podía costarle la vida al pequeño. Unas cuerdas especiales, tejidas con chakra y preparadas para inmovilizarlo, rodearon sus brazos. Después sus muñecas. Su torso.
Naruto intentó resistirse instintivamente. El guardia que sujetaba al niño levantó su arma.
-¡NO! -gritó el rubio-. ¡NO VOY A HACER NADA!
WhiteSun sonrió.
-Excelente.
Las cuerdas se tensaron. Naruto cayó de rodillas. La nieve comenzó a cubrirle los pantalones. WhiteSun se acercó lentamente.