«Hay heridas que no nacen de la ausencia del amor, sino del miedo a descubrir que ese amor quizá no sea suficiente. Y hay corazones que, después de haber conocido la muerte, necesitan algo más que promesas para volver a confiar: necesitan saber que, cuando llegue la próxima tormenta, la persona amada no los dejará enfrentarse solos a ella».
EL DOLOR QUE CRONOS NO PODÍA IGNORAR
El invierno había convertido los jardines de la Academia en un inmenso paisaje blanco. La nieve descendía lentamente sobre los árboles, los senderos y las estatuas que adornaban el patio principal.
Desde una de las ventanas del edificio residencial, Cronos Uchiha contemplaba a Kawaki.
Su hermano del alma estaba sentado sobre un banco de piedra, debajo de un árbol cubierto de nieve. Yoru, convertido en un pequeño lobezno negro de reflejos azulados, descansaba sobre su hombro. Kawaki tenía las manos entrelazadas. La cabeza ligeramente inclinada. Y una expresión que Cronos conocía demasiado bien.
No estaba pensando en WhiteSun.
Tampoco en la próxima misión de BlackSun. Estaba pensando en Gaara. Cronos lo supo incluso antes de que el muchacho sacara su celular. Desde la ventana observó cómo Kawaki encendía la pantalla, contemplaba algo durante varios segundos y volvía a apagarla. Después repitió el gesto. Una vez.
Dos. Tres. Cronos suspiró.
-Hermano, sos extraordinariamente inteligente para fabricar computadoras capaces de superar la tecnología mundial...
Hizo una pausa.
- Pero cuando se trata del amor, parecés necesitar instrucciones de funcionamiento.
No había nadie para escucharlo. Y precisamente por eso se permitió sonreír. Kawaki volvió a mirar su celular. Esta vez Cronos alcanzó a distinguir una fotografía. Gaara.
El pelirrojo de ojos celestes permaneció inmóvil. Recordó la manera en que Kawaki había hablado de su novio. La felicidad con que pronunciaba su nombre. Las pequeñas sonrisas que aparecían cuando recibía sus mensajes. La seguridad con que aseguraba que Gaara era el amor de su vida. Y ahora...
Ahora estaban separados. No porque hubieran dejado de amarse.
Sino porque Kawaki había perdido la confianza en la persona de quien más había esperado comprensión.
Cronos apoyó una mano sobre el cristal.
- No voy a quedarme mirando cómo sufrís, hermano.
Sus ojos celestes se endurecieron.
- No después de todo lo que pasaste.
Contempló nuevamente a Kawaki.
- Y tampoco voy a permitir que Akira siga mirando a Izan como si quisiera abrazarlo y salir corriendo al mismo tiempo.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
-Muy bien.
Se apartó de la ventana.
-Parece que necesito investigar a dos muchachos.
LA TECNOLOGÍA QUE EL MUNDO NO DEBÍA CONOCER
Habitación de Cronos.
La puerta se cerró silenciosamente.
Cronos comprobó que estaba solo.
Después extendió una mano. Sus ojos celestes adquirieron un brillo concentrado. Una abertura oscura apareció delante de él. No era un portal convencional de los que utilizaban otros integrantes de la Academia.
Era la entrada a una dimensión privada que Cronos había aprendido a abrir y controlar. En su interior guardaba aquello que no deseaba que nadie descubriera. Documentos. Objetos personales.
Equipamiento. Y sus creaciones tecnológicas. Introdujo una mano en la abertura. Sacó una computadora portátil negra, extraordinariamente delgada, con discretos detalles rojo oscuro.
La depositó sobre el escritorio.
Después cerró la dimensión. Durante unos segundos contempló el dispositivo.
-Cuánto tiempo sin utilizarte para algo que no implique sobrevivir.
Levantó la tapa. La pantalla se encendió inmediatamente. No apareció ningún sistema operativo conocido. Tampoco solicitó conexión a Internet. Una secuencia de símbolos luminosos recorrió la superficie. La computadora reconoció su presencia mediante una combinación de patrones energéticos y señales que solamente él podía producir. Cronos apoyó dos dedos sobre el borde.
- Acceso principal.
Una voz suave respondió:
- Identidad confirmada. Bienvenido, Cronos.
El muchacho sonrió.
-Gracias, preciosa.
La pantalla mostró varios paneles.
Uno de ellos indicaba:
ENERGÍA DISPONIBLE: 100 %.
Otro:
CONEXIÓN EXTERNA A INTERNET: INNECESARIA.
Y un tercero:
SISTEMA DE RASTREO EXTERNO: INACTIVO.
Aquella computadora era una creación personal. No pertenecía a ningún fabricante. No utilizaba las redes convencionales. No necesitaba cargadores. Su sistema energético mantenía una disponibilidad continua del cien por ciento mediante una fuente autónoma desarrollada por Cronos.
Y poseía una capacidad de búsqueda extraordinaria.
Su tecnología podía localizar y relacionar información procedente de fuentes accesibles y registros históricos almacenados en su propia red independiente, incluso a distancias que superaban ampliamente las posibilidades de los sistemas convencionales. Sin dejar una huella identificable en los sistemas consultados.
Cronos había desarrollado aquella tecnología durante los años de encierro. Había aprendido a construirla porque necesitaba algo que nadie pudiera quitarle fácilmente. Una herramienta que le permitiera comprender el mundo exterior. Y, sobre todo, sobrevivir.
No era idéntica a la tecnología de Kawaki y Akira.
Los gemelos habían desarrollado dispositivos extraordinariamente seguros, especializados en comunicaciones privadas, protección de información y operaciones estratégicas. Cronos había seguido otro camino. Su prioridad había sido el alcance. La búsqueda. La capacidad de reunir información dispersa sin depender de la infraestructura habitual.
Las tres mentes habían alcanzado resultados que la humanidad todavía no estaba preparada para utilizar. Cronos sacó su celular. Era negro, elegante y completamente diferente de los modelos comerciales. También lo había fabricado él. Tampoco necesitaba Internet ni recargas.