El Eclipse De Las Almas

El hijo que su madre dejó de amar

«Hay traiciones que destruyen la confianza. Otras destruyen la inocencia. Pero existen algunas tan crueles que convencen a un corazón de que amar es el mayor peligro al que puede exponerse. Y entonces el alma aprende a sobrevivir sin esperar nada de nadie, hasta que alguien regresa para recordarle que todavía merece ser amada».

TRES TAZAS DE CAFÉ NEGRO

La nieve continuaba descendiendo sobre Konoha. Detrás de los enormes ventanales de la residencia estudiantil, el invierno había transformado los jardines en una extensión blanca y silenciosa. Las farolas iluminaban los senderos, los árboles parecían cubiertos de cristal y una brisa helada golpeaba suavemente los vidrios.

En una pequeña sala privada, tres muchachos de dieciséis años estaban sentados alrededor de una mesa. Tres tazas de café negro descansaban frente a ellos. Sin azúcar. Sin leche. Sin ninguna decoración. Exactamente como Cronos había exigido aquella tarde.

-Esto -declaró el pelirrojo, contemplando su taza- es una obra de arte.

Akira sonrió.

-Es café, Cronos.

El muchacho levantó lentamente sus ojos celestes.

-Akira, por favor. No insultes algo tan noble reduciéndolo a una simple descripción.

Kawaki soltó una carcajada.

-Seguís siendo un exagerado.

Cronos se llevó una mano al pecho.

-¡Qué manera de recibir a un hermano que acaba de reencontrarse con ustedes!

Akira comenzó a reír.

-¡Te recibimos con café!

-Y eso demuestra que todavía conservan algo de educación.

Kawaki negó entre risas. Yoru descansaba sobre su hombro derecho, convertido en un pequeño lobezno negro de ojos brillantes y diminutas alas. Argent permanecía sobre el hombro izquierdo de Akira. Su pelaje blanco y plateado contrastaba hermosamente con la ropa azul de su humano.

Ambos guardianes observaban al pelirrojo con evidente cariño. Cronos acarició suavemente a Yoru.

-Por cierto, sigo pensando que ustedes dos son las criaturas más elegantes de esta Academia.

Argent levantó orgullosamente la cabeza. Yoru movió la cola. Akira sonrió.

-Los vas a volver insoportables.

-Imposible. Ya tienen excelentes personalidades.

Kawaki bebió un sorbo de café.
Después dejó la taza sobre la mesa.
Su sonrisa se suavizó.

-Cronos.

El pelirrojo levantó la mirada.

-¿Sí, hermano?

-Hoy te vimos con Boris.

Cronos permaneció inmóvil. La alegría desapareció lentamente de su rostro. No de manera brusca, como sucedía cuando se encontraba frente a los demás estudiantes. Esta vez fue diferente.
Su sonrisa se apagó como una llama a la que le faltara oxígeno.
Akira lo observó con preocupación.

-No queríamos espiarte -aclaró- Te vimos salir del aula y quisimos saber adónde ibas.

Cronos bajó los ojos hacia su taza.

-Lo imaginé.

Kawaki se inclinó ligeramente hacia él.

-Boris te llamó hermano.

El pelirrojo asintió.

-Sí.

-¿Es tu hermano de corazón? -preguntó Akira.

Cronos permaneció varios segundos en silencio. Después levantó la cabeza. Sus ojos celestes estaban llenos de una tristeza que ninguno de los gemelos había visto antes.

- No.

Kawaki frunció ligeramente el ceño.
Cronos respiró profundamente.

- Boris es mi hermano biológico.

El silencio cayó sobre la habitación.
Akira abrió los ojos.

-¿Qué?

Cronos lo contempló.

-Compartimos el mismo padre.

Kawaki dejó lentamente su taza sobre la mesa.

-¿Boris es tu hermano menor por parte de padre?

-Sí. Y lo quiero desde mucho antes de que Itachi y Deidara lo adoptaran.

Akira sintió que el corazón se le oprimía.

-Cronos... ¿por qué nunca nos lo dijiste?

El pelirrojo bajó la mirada.

-Porque cuando todavía podía hablar de él sin sentir miedo, éramos demasiado jóvenes para comprender todo lo que estaba pasando.

Sus dedos se cerraron alrededor de la taza.

-Y después...

Se interrumpió. Kawaki lo observó.

-¿Después qué?

Cronos permaneció inmóvil. La nieve continuaba golpeando suavemente los cristales. Finalmente, respondió:

-Después mi madre descubrió que yo amaba a Boris.

EL HIJO DE LA MUJER EQUIVOCADA

Cronos contempló durante varios segundos el café. Parecía buscar en aquella superficie oscura el valor necesario para continuar.

-Mi padre conoció a mi madre cuando ambos eran jóvenes. Ella pertenecía a una familia adinerada. Tenía propiedades, inversiones y una posición social que consideraba importantísima.

Akira permanecía atento.

-¿Y tu padre?

-También era un Uchiha. Pero nunca tuvo el mismo interés por las apariencias.

Cronos sonrió con amargura.

-Mi madre decía que se había enamorado de él porque era diferente a los hombres que conocía. Después comenzó a odiarlo precisamente por eso.

Kawaki frunció el ceño. Cronos continuó:

-Mi padre terminó abandonando aquella relación. Se enamoró de otra mujer.

Akira comprendió antes de que terminara.

-La madre de Boris.

Cronos asintió.

-Exactamente.

Se produjo un silencio.

-Mi madre jamás se lo perdonó.

Sus ojos celestes se endurecieron.

-Decía que aquella mujer le había robado a su marido. Que había destruido nuestra familia. Que mi padre nos había abandonado por alguien que no merecía siquiera llevar su apellido.

Kawaki bajó lentamente la cabeza.

-¿Y vos qué pensabas?

Cronos suspiró.

-Durante mucho tiempo creí todo lo que ella decía. Era mi madre.

Aquellas tres palabras quedaron suspendidas entre los tres. Cronos continuó:

-Cuando sos pequeño, creés que tu madre siempre tiene razón. Que si está triste, alguien debe haberla lastimado. Que si odia a una persona, seguramente existe una razón.

Akira lo contempló con creciente angustia.

-Pero después conociste a Boris.




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