La Sombra del Sur y el Desfiladero del Viento Helado
El aire matutino en El Refugio se enfrió de golpe, cargado ahora con una urgencia que superaba cualquier amenaza anterior. Las palabras del explorador sobre los ejércitos de Aethelgard resonaban en la mente de todos como un tambor de guerra inminente.
Arion dio un paso al frente, con los ojos ámbar fijos en el horizonte meridional, donde las primeras columnas de polvo comenzaron a alzarse a lo lejos, anunciando la marcha implacable de la Orden de la Llama. La decisión estaba tomada; no podían permitirse esperar a que los inquisidores y magos de la Ciudadela redujeran a cenizas lo poco que quedaba de su hogar.
—No nos cogerán desprevenidos —declaró Arion con voz firme, su tono de Alfa resonando con una autoridad que unía tanto a los guerreros de la manada como a Seraphina en un solo propósito—. Kael, toma a los mejores rastreadores. Necesitamos saber cuántas divisiones avanzan y si traen consigo los artefactos de asedio de la Ciudadela.
—En marcha —respondió Kael sin vacilar, transformándose parcialmente antes de perderse velozmente entre los abetos del norte para organizar las defensas avanzadas.
Seraphina se acercó a Arion, colocando una mano sobre su brazo. A través del Nexus Cinder-Luna, la energía entre ambos fluyó con una intensidad cálida y serena, disipando cualquier rastro de duda. Sabía mejor que nadie la rigurosidad ciega del Consejo de la Llama; si creían que una anomalía mágica amenazaba su orden, arrasarían el valle sin mirar atrás.
—Conozco sus formaciones —dijo Seraphina con seriedad, mirando al Alfa—. No vienen solo a investigar; vienen a purgar. Pero si logramos interceptarlos antes de que alcancen la linde del bosque, podré usar el vínculo para mostrarles la verdad del Vacío directamente en sus mentes.
Arion asintió, apretando con fuerza su empuñadura mientras sentía la furia protectora del lobo rugir en su interior.
—Entonces vayamos a su encuentro —sentenció Arion con una sonrisa desafiante y calculadora—. Es hora de que Aethelgard aprenda que el lobo y la maga no son una plaga que se pueda quemar, sino la única tormenta que puede salvarlos de la oscuridad.
El avance hacia el sur se convirtió en una marcha veloz y silenciosa a través de las gargantas rocosas que delimitaban el valle. Con la vanguardia liderada por Kael explorando el terreno a poca distancia, Arion y Seraphina caminaban al frente del contingente mixto de lobos y defensores. El Nexus Cinder-Luna en sus pechos latía al unísono, un faro cálido contra la escarcha que comenzaba a descender de las cumbres.
A medida que se adentraban en el Desfiladero del Viento Helado, el sonido metálico de las armaduras y el eco de pesadas botas comenzaron a filtrarse entre las paredes de piedra. La Orden de la Llama no se ocultaba; marchaban en formación cerrada, con estandartes dorados ondeando al viento y báculos de energía crepitando en manos de los inquisidores de vanguardia.
—Están a menos de media legua —advirtió Kael, reapareciendo de entre las sombras de las rocas con el pelaje erizado y una expresión de fría advertencia—. Vienen con todo: infantería acorrazada y al menos tres unidades de magos de fuego de la alta jerarquía. No vienen a parlamentar, Arion. Buscan sangre.
Arion se detuvo sobre un saliente de piedra, observando el despliegue del enemigo desde lo alto. Sus ojos ámbar brillaban con la intensidad de un depredador que evalúa a su presa, pero también con la lucidez de un líder que protegía a los suyos.
—No les daremos la masacre que esperan —dijo Arion con voz grave y medida—. Seraphina, cuando nos alcancen, crearemos una distracción en las crestas. Necesitamos que detengan su marcha antes de pisar el territorio sagrado del valle.
Seraphina asintió con firmeza, cerrando los ojos un instante para sintonizar con la energía plateada del vínculo. El calor del Nexus recorrió sus venas, disipando el frío del desfiladero y preparando la magia pura necesaria para enfrentar a sus antiguos camaradas de la Ciudadela.
—Estoy lista —respondió Seraphina, abriendo los ojos con una determinación inquebrantable—. Vamos a demostrarles que la luz de Aethelgard no es la única que puede iluminar este mundo.
Editado: 24.09.2026