En el juego

04

El despertador suena a las siete de la mañana como muy tarde para Izan, ese día no tiene entrenamiento con el equipo por lo que se ha permitido dormir un poco más. Abre los ojos con pereza tanteando sobre la mesita de noche el aparatito molesto apagándolo entre refunfuños, se incorpora con lentitud tallando uno de sus ojos pensando ya con rapidez lo que debe hacer en el día y aunque se le confunden algunas partes producto de su sueño no evita que salga de la cama, casi tropezando, tal vez hasta cayendo pero al fin saliendo del cuarto; una vez en el corredor puede ver a su hermana Lily, de dieciséis y a Susan de ocho correr entre risas porque la más pequeña se prueba zapatos de su madre.

—Buenos días —bosteza pasando de las menores revolviéndoles el cabello y escuchándolas gritar.

—¡Izan, eres un tonto! —Lily es la primera en poner el grito en el cielo porque ella ya se había preparado para el instituto.

—¿Y ahora qué pasó? —el padre de los jóvenes se acerca desde la sala para echarles un ojo—. Izan, ¿Es necesario que molestes a tus hermanas cada vez que puedes? De veras, ya estás mayor para esto.

—Ellas se quejan por todo —sonrió tomando asiento en el sofá mientras se desperezaba—. Es mi trabajo como hermano mayor molestarlas hasta que me aburra yo.

—Eres el mayor y vives peleando con ellas —su mamá negó divertida mientras le daba un beso en la frente, fuera de la actitud algo engreída y a veces molesta de Izan era un chico que gustaba de los mimos, de ser el centro de atención—. ¿Qué tal las prácticas? ¿Qué has hecho estos días?

—No dejamos de prepararnos para el primer partido, el torneo inicia en pocos días y tenemos que ser más veloces —explica con un suspiro—. Tengo muchas expectativas en esto, de verdad quiero que ganemos el campeonato.

—Asegúrate de también divertirte —su madre le sonrió—. ¿Qué hay de las calificaciones? ¿Van bien?

—Sabes que sí, no puedo bajarlas o me sacan del equipo —puchereó—. No tengo tiempo para nada.

—Es lo que tú elegiste, no te quejes. Todo trae sus responsabilidades, aun lo que nos gusta hacer —el padre bebió de su taza de café recibiendo a Susan que buscaba un abrazo.

—Izan, ¿Cuándo iremos al parque? —la niña observa a su hermano mayor—. Siempre me dices que iremos pero estás ocupado jugando.

—Lo siento, pero el entrenamiento me tiene loco, te prometo que haré un espacio en mis actividades y te llevaré —asintió.

—Al menos no estás de tonto enamorado —Lily rió meneando la cabeza.

—No estoy interesado en eso por ahora, pero no lo descarto, niña —le picó una mejilla—. Es solo que no he encontrado alguien que me interese realmente.

—¿En serio? Porque yo te he visto muy interesado dándole likes a esa chica llamada Stella en tu Instagram, no hay foto en la que no estés tú —elevó las cejas divertida, Lily era audaz para espiar a su hermano.

—Niña, cállate ya.

—Cada cosa a su tiempo, Izan —su padre se puso de pie tomando sus pertenencias para ir a trabajar—. Nos vemos en la noche, tengo que llegar rápido para terminar papeleo.

—También tengo que irme —el universitario se puso de pie encaminándose al cuarto, debía cambiarse y salir rumbo a la institución educativa.

Izan había sido sincero al responder a su familia sobre que no tenía intereses amorosos serios, al menos no actuales, puede que se sintiera atraído a Stella quien no dudaba en hacerle insinuaciones y coqueteos, para pasar el tiempo estaba bien pero no era algo que fuera a crecer más, como a una relación, por ejemplo.

—Oye, tus amigos están en la puerta —Susan asoma la cabecita en el umbral de la puerta y él asiente tomando su mochila entre otras cosas.

—Gracias, nena, nos vemos luego —le pellizcó la nariz.

Apenas el capitán salió de su hogar se encontró con Ariel y Matteo en el coche conducido por Jasper y para su gran sorpresa también a Diana en el asiento trasero del piloto viendo hacia otra dirección. Frunció el ceño pero decidió no darle importancia, sabía que entre Jas y la rubia no había tanta cercanía a pesar de ser primos por lo que sus padres les pedían pasar tiempo de calidad, a veces él debía pasar a buscar a la chica sin poder negarse a los pedidos de sus papás. Las miradas de Sinclair y Coronado cruzaron una milésima de segundo siendo apartada de pronto por ella, el jugador rodó los ojos subiendo al asiento del copiloto y escuchando la tertulia de sus compañeros que ignoraban la presencia de la patinadora por completo.

—Capitán, el próximo partido está muy cerca, ¿tendremos horas extra de entrenamiento? —preguntó Matteo interesado.

—Claro que sí, estoy seguro de que el entrenador nos dará una buena rutina de resistencia, tenemos que ver el hecho de mejorar la velocidad de los laterales —asintió sopesando todo con cuidado.

—Estoy seguro de que nos irá bien, tenemos un muy buen equipo —Ariel soltó observando a la muchacha, sonrió un poco al verla y decidió darle conversación—. Hola, Diana, tiempo sin hablarnos.

—Hola —susurró sin querer verlo.

—¿Qué tal tus torneos? ¿Has estado practicando algo nuevo? —intentó ser amable.

—¿Por qué te interesa? ¿Mm? ¿Acaso quieres preguntarme algo sobre Alanna? —lo encaró volteando a verlo, un poco de molestia podía verse en las facciones de la rubia.




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