Izan llegaba a la pista de patinaje en su motocicleta, su papá acababa de sacarla del taller después de muchos meses de tener que esforzarse en sus calificaciones y no descuidar el hockey —no era mal estudiante, pero a la hora de priorizar, el deporte siempre lo conquistaba—. Se quitó el casco para acomodar con sus manos sus hebras, aparcó donde debía, llevó su bolso de entrenamiento al hombro y comenzó a ingresar en el edificio; según tenía entendido más de la mitad de los miembros del equipo ya debían estar listos para comenzar con la práctica, el campeonato iniciaba en unos cuantos días más y nada ni nadie iba a impedir que ellos obtuvieran su primer victoria.
En cuanto tuvo vista de la gran pista sonrió, no había algo en el universo que lo hiciera sentir tan bien como cuando sus patines tocaban el suelo helado, como cuando jugaba en equipo con sus amigos, cuando anotaban en el marcador, la sensación de poder con todo era indescriptible. Y toda su sonrisa se esfumó de inmediato cuando vio a Diana usando el sitio, deslizándose sobre el hielo tras las indicaciones de la mujer que era su entrenadora; suspiró, debían compartir la pista con ella y eso era algo que no le agradaba en lo absoluto, pero no había nada más que hacer cuando el decano se los impuso tras su peleíta y el golpe en sus bajos.
No olvida. Maldita, mujer impulsiva sin corazón.
¿Sus bajos? ¿Es en serio?
Se detuvo unos momentos camino a los vestidores, observó a la muchacha dar un salto que a su parecer se vio bastante bien pero al momento de tocar el hielo otra vez Diana trastabilló logrando estabilizarse sin caer, Izan ladeó la cabeza, no recordaba nunca haberse tomado el tiempo de verla patinar pero ahora que lo hacía no encontraba nada interesante en ello, cualquiera podía saltar, ¿No? Al parecer a Diana le costaba la caída, no veía gran potencial en aquel “deporte”, no estaba seguro de siquiera tener las ganas de ver una competencia por televisión.
—Diana, ¿Qué sucede contigo hoy? Es un salto simple, sueles hacerlo todo el tiempo para desestresarte y ahora apenas y te has podido mantener en pie luego de la caída —Jesse, la mujer que lleva todo su progreso la observó seria—. ¿Qué ocurre?
—Nada, nada —negó—. Volveré a intentarlo.
—De acuerdo —asintió viéndola alejarse.
Diana se deslizó por la pista inhalando hondo, era algo sencillo, podía dar el salto, es más, lo hacía seguido. Tomó impulso y sus pies dejaron el helado suelo mientras giraba en el aire, su corazón bombeó con fuerza en ese momento para que al caer la cuchilla de su patín resbalara demás yéndose directamente al suelo; chasqueó la lengua al sentir el golpe, no fue duro pero sí que la sorprendió, ¿Acaso era una chica inexperta? ¿Estaba de regreso a sus épocas de principiante? No, no lo estaba, pero su mente ahora mismo era un caos que no la dejaba tranquila, su concentración no era la adecuada y aunque lo intentara, no podía dejar de pensar en la discusión que tuvo con su hermana. Se incorporó con lentitud hasta sentarse, restregó sus manos contra el rostro y pronto Jesse estuvo a su lado.
—Bueno, hasta aquí. Necesitas descanso, me refiero a descanso mental —cruzó los brazos sobre el pecho mientras la veía—. Eres talentosa, pero no dejas de ser una persona, lo que sea que ahora te molesta te está afectando en tu desempeño aquí y te recuerdo que tienes dos semanas antes de la primer competencia donde debes clasificar sí o sí.
—Lo sé —asintió—. Es solo que tuve un día fatal ayer, Alanna regresó a casa y lo primero que hicimos fue pelear.
—Trata de relajarte, ve por un refresco, duerme más, escucha música e ignora a tu hermana, porque a este paso cometerás un error en la competencia y lo vas a lamentar —palmeó su cabeza—. No puede ser tan malo, Diana, te torturas con algo que deberías ya dejar ir, ¿Estuvo mal? Claro que sí, pero no puedes llevarlo a cuesta toda tu vida, suéltalo, perdona y sigue, sin olvidar.
—No es tan fácil —chasqueó la lengua—. Lo haré, trataré de tener más concentración mañana.
—Bien, me voy ahora, patina un poco sin exigirte, hazlo por gusto y verás qué bien te sientes —sonrió.
La rubia exhaló hondo cerrando los ojos, bajando la cabeza, tenía que dejar ir las peleas con su hermana, necesitaba estar calma y concentrada, tener un buen día… Sus ojos se abrieron en grande al tener en su campo de visión una mano que le era extendida, levantó la cabeza con ceño fruncido para encontrarse con Izan que la veía medio sonriente; con algo de duda fue que ella aceptó la ayuda poniéndose de pie gracias a él.
—Parece que la caída fue dura —comentó el ojigris con una leve sonrisa.
—No tanto, solo estoy distraída —suspiró.
—Creí que ibas a decirme algo agresivo —el jugador rió bajo.
—Hoy no estoy de humor —rodó los ojos—. Además, ya te pateé en tus bajos, no creo que quieras otra.
—Tranquila —se alejó un poco—. Aún estoy ofendido con eso, tiene que haber un código de conducta que diga que no puedes darle en las bolas a tu rival, eso es traición.
—No sabía de ello —se encogió de hombros para darle la espalda pero Izan tomó su brazo para detenerla—. ¿Qué? ¿Qué quieres?
—Lo que sea que te esté molestando, no debería ocupar tu mente cuando estás aquí —habló serio—. Si tanto amas el hielo, entonces, deja fuera todo cuando estés en la pista.