Han pasado unos tres o cuatro días, los tres amigos, Diana, Lila y Matteo, se reunieron en la habitación de la pelirosa en la residencia universitaria ya que ella es la única que no regresa a casa todos los días porque pertenece a una zona alejada. Rodeados de papel, marcadores, pegamento y otros materiales de manualidades. Estaban emocionados de preparar pancartas y porras para apoyar a Diana el día de su competencia, ¡cada vez faltaba menos para ese día y el momento más importante en su vida!
Lila, la más creativa del grupo, estaba diseñando una pancarta grande con el nombre de Diana y un dibujo de una patinadora sobre hielo. Matteo, el más bromista, estaba haciendo una porra con un mensaje divertido que decía "¡Diana, no te caigas!". Mientras tanto, la protagonista de ese evento estaba sentada en el suelo, rodeada de papeles y marcadores, tratando de decidir qué mensaje escribir en su propia pancarta.
—¡Eureka! —Lila gritó de pronto y sostuvo en lo alto su pancarta terminada—. ¡Qué tal si escribimos “Diana, la reina del hielo”!
—¡Genial! —la mencionada observó sonriente—. Eso es exactamente lo que necesito para motivarme.
El par de chicos aplaudió celebrando la ocurrencia.
Mientras trabajaban, los amigos charlaban y se reían, disfrutando de la compañía, emocionados por apoyar en la competencia y de mostrar su espíritu universitario. En poco tiempo, el trío de amigos tenía una colección de pancartas y porras coloridas y divertidas, Sinclair se sintió conmovida por el acompañamiento y más confiada para la competencia.
—¡Vamos a hacer que esta competencia sea inolvidable! —exclamó la muchacha, Matteo y Diana asintieron de acuerdo, listos para mostrar todo su espíritu de competencia ese día.
Finalmente, después de una hora de trabajo, las pancartas y porras estaban listas. Los amigos se miraron entre sí, satisfechos con su trabajo. Diana se desperezó en el suelo dejándose caer hacia atrás, sonrió de lado sabiendo que faltaba muy poco para su momento más deseado, ¿Cómo sería? ¿Qué sentiría? No tenía idea de qué iba a cambiar con esa competencia, solo tenía claro que haría todo lo que estuviera en su haber para poder demostrarle a Alanna y al mundo entero que era digna de representar al país en las Olimpíadas, que podía, que tenía todo y más, que para ser campeona no hacía falta perfección sino amor y pasión.
—¿Qué estás pensando? —Lila se recostó a su lado apoyando su cabeza en el hombro de la rubia—. Estás muy callada.
—El momento más importante de mi vida está a la vuelta de esquina, enana, me siento ansiosa, emocionada y a la vez perpleja, no tengo idea de qué hacer con todo lo que siento —murmuró con una sonrisa—. Me encanta.
—Me encanta que te encante —rió—. Cuando estás cerca de algo así siempre pones esa cara, parece que tuvieras energía demás y nos recargas a todos los que estamos a tu alrededor. No importa cuál sea el resultado, siempre vas a ser una campeona para mí, ¿me has escuchado?
—Sí, gracias —asintió.
—Espero que alguien especial vaya a alentarte ese día, además de nosotros y de tu familia, ¿no hay un chico lindo al que le hagas ojitos? —levantó la mirada viéndola reír, aunque esa pregunta le dolía un poco en el interior no podía no hacerla.
—Sí, hay alguien que me interesa mucho, pero no se lo he pedido, ¿crees que sea bueno hacerlo? —frunció el ceño—. Temo que me diga que no, el patinaje artístico no es lo suyo.
—Bueno, pero si te quiere como tú a él, irá por el simple hecho de que eres tú —se encogió de hombros algo triste, pero sonrió—. Me alegra que tengas un chico en la mira, haré lo mismo. Cuando pueda, tendré una persona especial para mí.
—Claro que sí —rieron.
—No sé de qué hablan pero quiero participar —Matteo se recostó del otro lado de Diana viendo el techo.
—Hablamos de amores, ya sabes, conquistas y besos —Sinclair lo observó—. Desembucha.
—Bien, tengo un par de muñequitas por ahí que me hacen ojitos, pero me gustan las dos, no tengo idea de con quién debería salir —puchereó.
—¡Eres de lo peor! Sales con las dos a la vez —Lila tomó un almohadón para golpearlo varias veces escuchándolo quejarse.
—Entonces, mientras se golpean como pareja matrimonial, me iré a casa —Diana se puso de pie dejando a sus amigos golpearse a gusto, tenía planes de dormir hasta el próximo día.
Por otro lado, la tarde va cayendo con lentitud avisando que la noche está próxima, Izan camina por los pasillos después de una pequeña reunión con Matt, Jack y otros compañeros en el dormitorio de uno de ellos, ahora solo debe regresar a su hogar para buscar en la nevera lo que sea que su madre le haya guardado de la cena pero no se queja. Ah, pero nada de eso va a suceder porque siente un golpe de emoción en su pecho cuando ve a Diana en el pasillo continuo, su corazón comienza a latir más rápido y su respiración se vuelve errática; una montaña de sentimientos se ha instalado en él, sin embargo, on quiere perder el tiempo.
Se siente atraído por la sonrisa de Sinclair que mira su móvil interesada por la forma en que sus ojos brillan cuando sonríe a la pantalla, Izan está hipnotizado, incapaz de apartar la mirada. Al mismo tiempo, está ansioso, preguntándose si a Diana le pasa lo mismo, ¿debería acercarse y hablarle? ¿o esperar a que ella haga el primer movimiento? Es como si estuviera en un sueño, como si todo a su alrededor se hubiera detenido y solo existieran ellos dos, se siente vivo, experimentando algo real y auténtico.