En el juego

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El equipo de hockey sobre hielo, "Wild Lynx", se reunió en la pista de hielo para un entrenamiento intenso desde temprano por la mañana pues no podía desaprovechar ninguna oportunidad para estar en forma teniendo el campeonato a una semana de comenzar. El entrenador, un hombre fornido con una ligera sombra de vello sobre su rostro, les dio la bienvenida con un grito de "¡Vamos, Wild Lynx! ¡Hoy vamos a trabajar duro!". Y el muy desgraciado no mentía porque desde el primer ejercicio hasta el último no les permitió tener ni un solo respiro a sus muchachos.

Comenzaron con ejercicios de calentamiento, patinando en círculos alrededor de la pista mientras movía sus palos de hockey y se estiraban. Luego, se dividieron en parejas para practicar pases precisos y rápidos, uno de los jugadores, Thomas, se destacó por su habilidad para recibir pases en marcha; a continuación, el entrenador les hizo realizar ejercicios de agilidad, zigzagueando entre conos y saltando sobre obstáculos. La defensa, Jasper, Matt y Jack, impresionaron a todos con su velocidad y reflejos.

Luego, se practicó el tiro a portería. El portero, Luka, se esforzó por detener cada disparo, mientras que los delanteros intentaban superarlo con tiros precisos y potentes siendo quién destacaba en ello el capitán; Izan, un jugador experimentado y habilidoso, se acercó a la línea de ataque con la puck pegada a su palo, con una mirada intensa y una sonrisa confiada, comenzó a moverse hacia la portería que ahora era su enemiga. Con un movimiento rápido y fluido, Izan giró hacia la izquierda, dejando atrás a Matt que intentaba bloquear su camino. Luego, con un golpe seco y preciso, lanzó la puck hacia la esquina superior derecha de la portería. Luka, que había anticipado el tiro, se estiró hacia la izquierda, pero Izan había calculado a la perfección el ángulo y la velocidad del tiro, la puck se deslizó por encima del hombro del portero para estrellarse contra el fondo de la red, marcando un gol impresionante.

Aunque era una práctica, el equipo completo estalló en una ovación, golpeando sus palos en el hielo y gritando de emoción. El capitán se rió y celebró con sus compañeros sabiendo que sus anotaciones siempre eran cruciales para su equipo.

—¡Eso es un gol de campeonato, Izan! —gritó el entrenador que estaba en la banca, se puso de pie y aplaudió con entusiasmo—. ¡Tu habilidad y liderazgo están llevando a este equipo a la victoria!

El público universitario, en especial, femenino que había asistido a ver a los jugadores y a darles aliento, se puso de pie, aclamando el punto con aplausos y vítores a pesar de que solo era un entrenamiento sin importancia. Izan se había convertido en el héroe desde hacía mucho tiempo, y sus goles siempre eran recordados como los más impresionantes de cualquier temporada. Finalmente, el entrenador los reunió para un partido simulado. El equipo se dividió en dos y comenzó a jugar con intensidad. Los jugadores se esforzaron por marcar goles, bloquear tiros y patinar con velocidad sintiendo los chillidos de sus fans que no dudaban en darles porras y ellos, obvio, alardear un poco para el público entusiasta.

Luego de todo el entrenamiento, el equipo se reunió alrededor del entrenador, jadeando y sonriendo, sudados, cansados, hechos trizas a decir verdad pero estaban encantados con todo ese desgaste del que ya tenían conocimiento.

—¡Buen trabajo, Linces! —les dijo—. ¡Seguimos mejorando! ¡Vamos a ser un equipo invencible!

Los jugadores se abrazaron y se felicitaron mutuamente, listos para el próximo desafío que se avecinaba en unos días nada más, su primer contrincante era una de las universidades más prometedoras, un digno rival, empezaban fuerte y todos querían asegurarse un lugar en las siguientes rondas. Había mucho en juego.

—Nuestro capitán es el mejor, no tengo dudas en que vamos a llegar a la final —Mastt sonrió palmeando la espalda de su mejor amigo que le sonrió asintiendo a lo dicho.

—Con Izan marcando los tantos, Luka en la portería y la defensa que nos cargamos, no habrá equipo que pueda con nosotros —Jack alardeó feliz de lo que habían conseguido con tanto trabajo duro.

—Eso es verdad, pero no nos confiemos ni subestimemos a los rivales, veamos qué pasa el día del primer partido —Jasoer les hizo poner los pies en la tierra, estaba bien sentirse confiados y fuertes pero no había que subestimar.

—Cierto, tenemos que poder ser capaces de ver a nuestros rivales dignos porque no es bueno llenarnos de confianza —Coronado suspiró, los corazones latían con fervor no solo por el esfuerzo físico sino también por la emoción de un campeonado a puertas de comenzar.

Tras su tiempo de concentración, Izan voltea con disimulo viendo a Diana realizando su rutina con algo de diversión mientras su entrenadora le pide que sea seria. El capitán sonríe divertido ante la escena y no puede negar que le encantaría estar allí jugando con la patinadora, sin embargo, regresa su mirada al entrenador que les explica los movimientos y juegos que quiera que pongan en práctica.

Por su parte, Diana no hace más que meterse de lleno en lo suyo. La pista de hielo brillaba bajo las luces, y ella se deslizaba con gracia y libertad. Con una sonrisa de oreja a oreja, comenzaba a jugar, haciendo giros y vueltas en la pista, su cabello rubio revoloteando detrás. Su entrenadora, Jesse, con mirada atenta y experimentada, observaba desde el lugar, tomando notas y sonriendo con ligereza, Diana sintiendo su mirada, se volvió hacia ella y le hizo un gesto juguetón, como si le estuviera diciendo: “Mira esto”. Luego, comenzó a hacer saltos y piruetas, su patinaje se volvía cada vez más audaz y creativo. La mujer se levantó de la banca, impresionada por la habilidad y confianza de la muchacha mientras patinaba, la rubia se detuvo en seco y empezó a dibujar figuras en el hielo con la punta de su patín, creando patrones intrincados y hermosos; la entrenadora rió y aplaudió, emocionada por la creatividad y la pasión de su alumna.




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