La cafetería de la universidad está llena de estudiantes charlando y riendo mientras disfrutan de su almuerzo en la cafetería. De repente, la puerta se abre e ingresa el equipo de hockey sobre hielo, llevando sus equipos y con un aura de confianza y camaradería entre ellos, acaban de terminar un duro entrenamiento.
El ambiente en la cafetería cambia al instante, los estudiantes miran con admiración y curiosidad a los jugadores, que toman asiento en una mesa grande en el centro de la gran sala. La conversación se vuelve más animada y los alumnos comienzan a hacer preguntas y pedir autógrafos; muchas muchachas han llegado a querer hablar con Izan, Matt ya está intercambiando números y ni hablar de Jack y Luka que coquetean como si no tuvieran un mañana. Los jugadores, con sus cabellos mojados y sus rostros sonrientes, se sienten como estrellas de rock. Comparten historias de sus partidos y ofrecen consejos a los estudiantes que se acercan a ellos. La tensión y la concentración que se requiere para jugar hockey sobre hielo se desvanece en este momento, y solo queda la alegría y la pasión por el deporte. Y por sus fans.
El lugar se llena de un ambiente electrizante, con los alumnos mostrando su orgullo y admiración por el grupo. Izan, a su vez, se siente agradecido por el apoyo y la atención, disfrutar de la oportunidad de conectar con sus compañeros de universidad, de ver a los más jóvenes, los que recién llegan, querer unirse o interesarse por el mundo del hockey. Mientras tanto, los profesores y el personal de la universidad observan la escena con una sonrisa, sabiendo que el equipo de hockey sobre hielo es un símbolo en el sitio y una fuente de orgullo para la comunidad juvenil.
Por su parte, ante tanto ajetreo, Diana observa la mesa central con diversión, no puede creer que el grupo de tontos con sticks sean el centro de todo y no puede evitar pensar que le gustaría tener algo de ese tipo de atención, un grupo de fans por sus hazañas en el hielo aunque no sea la más innovadora en ello; acomoda su cabello rubio en un movimiento de su mano para regresar su mirada al capitán del equipo y es que no han vuelto a hablar entre ellos como tampoco a molestarse. Es como si una tregua se hubiera instalado entre ambos al punto de que ni siquiera se miran, pero sí que se piensan.
—¿Qué tanto ves, Diana? —Lila toma asiento a su lado con su charola, da un vistazo rápido en su dirección y frunce el ceño—. ¿Qué? ¿volvieron a molestarte?
—No, para nada. Desde hace unas semanas que no tenemos ningún tipo de contacto, al menos no directo. —sonríe de lado—. Izan no ha dicho una palabra sobre mí, su grupo de amigos tampoco aunque a veces me hacen señas estúpidas.
—Me imagino, pero no debes darles importancia, no dejes que vean que te afecta —negó tomando su bebida—. ¿Sabes? Hay algo que quiero preguntarte hace tiempo.
—Dime, sabes que soy muy sincera —Diana le prestó especial atención a la muchacha.
—¿Tuviste alguna relación de la que no me hayas contado? Siento que hemos fallado como amigas al no hablar de chicos que nos gustaban, o bueno, chicos y chicas —apoyó su mentón sobre la palma de su mano, acercándose para que la conversación fuera privada.
—Pues sí, salí con un par de chicos, nada serio —se encogió de hombros sopesando—. Pero tuve una relación, bastante linda pero falsa.
—¿Quién?
—No importa quien fue —la rubia desvió la mirada viendo a Ariel hablar con calma con Jasper en la mesa de los jugadores—. Fue un error mío, no vi las señales que me daba.
—¿Cuáles señales? ¿fue un mal novio? —Lila abrió los ojos sorprendida—. ¿Te lastimó o algo así?
—Solo me rompió el corazón al acostarse con mi hermana —soltó con una risa seca—. Se enamoró de Alanna mientras era mi novio, no pudo o no supo hacérmelo saber y terminó en pura mierda.
—¿Con tu hermana? ¿Es en serio? —al borde de la locura, así se sentía—. ¿Cómo pudo hacer algo así? ¿acaso no tiene códigos? Dios, ahora quiero saber quién es para poder patearle la cara con todas mis fuerzas. Además, ¿Alanna? Tu hermana es la persona más narcisista que conozco, solo piensa en ella y en lo que va a beneficiarla, ¿Qué puede gustarte de eso? No entiendo.
—Quién sabe, no soy esa persona y puede que él conozca más de mi hermana de lo que todos nosotros creemos pero no quita que me apuñalaron por la espalda y es eso lo que no perdono —soltó algo molesta, de solo recordarlo le hervía la sangre como el instante en que lo supo.
—Tranquila, es algo que se terminó. No importa qué pase, ya lo dejaste atrás y estoy segura de que hay alguien más para ti que no va a dejar de quererte aunque se le pongan cinco copias de tu hermana en frente —la muchacha estiró el brazo para acunar la mejilla de su amiga que volteó a verla un poco sorprendida.
A pesar de que habían hablado del tema, que quedó todo claro entre las dos tras una conversación seria, Lila no podía negar que seguía enamorada de su mejor amiga, eran sentimientos de los que no podía deshacerse de forma rápida y aunque se repetía mil veces que Diana no iba a corresponderle porque no estaba ni cerca de ser alguien que le llamara la atención, no podía evitar amarla.
—¿Interrumpo? —Izan llegó a la mesa dejando con fuerza la charola sobre la misma causando un fuerte sonido que sobresaltó a Lila—. Oh, perdona, ¿te asusté?
—No, Izan. No me asustaste —blanqueó los ojos separándose de su amiga.