En el juego

08

Nunca es fácil darle una negativa a alguien que ha reunido el valor para confesar el amor que tiene por uno, mucho menos si ese alguien es una persona muy cercana como un mejor amigo, ¿Qué puede haber más incómodo y a la vez más transformador que eso? El momento exacto en que una relación de amistad se quiebra causando miles de inseguridades en ambos, como se van quedando atrás muchos recuerdos porque sabes que no volverán a repetirse y de lograrse, no se sentirán igual; Diana lo sabe, perder a Lila como amiga después de tantos años de haber vivido maravillosos momentos será algo que no se podrá olvidar así como así.

¿Por qué se enamoró de ella? ¿Qué vio en su persona para que lo quiera tanto? Está tan agradecida con que alguien pueda amarla de esa manera y le duele mucho haber tenido que hacerla llorar todo el camino a casa, pero no puede mentirle. Ojalá pudiera probar, ojalá fuera de esa manera e intentarlo pero ni siquiera se atreve a darle un beso, es como su hermana, su confidente, la chiquilla con trenzas que conoció el primer día de instituto solo porque ambas llevaban el mismo sticker de su cantante favorito, ja, ahora que lo recuerda no puede evitar sonreír.

Hace dos días que Lila se le confesó y no han vuelto a verse, la joven ha faltado a sus clases, no han tenido oportunidad de encontrarse y Diana se niega a enviarle un mensaje porque no quiere hacerle más daño, pero no puede decir que no la extraña, Lila y Matteo son los que están ahí para ella todos los días.

—¿Qué hace que sonrías así como una tonta? —la voz de Izan la saca de sus pensamientos y su sonrisa desaparece para voltear a verlo.

—¿Tú qué haces aquí? Es viernes, no tienes práctica con el equipo —negó Sinclair cruzando los brazos, sentada en una de las bancas, aún con los protectores puestos sobre las cuchillas de sus patines.

—Y tú no tienes entrenamiento, puedo hacerte la misma pregunta —Coronado la imitó viéndola de arriba abajo.

—Solo vine a patinar, quiero distraerme un poco —suspiró Diana quitando los protectores para ingresar a la pista deslizándose con lentitud.

—Espera, espera, no me dejes aquí solo —Izan rió siguiéndola —. ¿No me vas a contestar porque sonreías tanto? ¿la princesa está enamorada o algo así?

Sinclair solo lo observó de reojo y siguió su camino, Izan frunció el ceño al notar que esa mañana no le había respondido algo al comentario, eso era muy extraño y aunque no fuera habitual en él siguió a la patinadora.

—¿Por qué luces desanimada? Creí que por la sonrisa que tenías hace un momento estabas enamorada o algo así, cualquiera pensaría que tienes algo con Lila —habló llegando a su lado para verla.

—¿Por qué Lila? —frunció el ceño.

—Porque siempre está donde tú estás, porque se le nota a leguas que está loca de amor por ti, y como eres amigable o cariñosa con ella varios creímos que estaban en algo, ya sabes, saliendo —se encogió de hombros prestándole atención—. ¿Es cierto?

—¿Y a ti qué te importa? —Diana lo observó con mala cara—. ¿Por qué te interesa con quién salgo o no?

—Por nada, no es como si fueras el centro de atención pero te vi irte con ella hace unos días muy apegados y los chismes volaron entre mis compañeros de equipo —sonrió.

—Vaya, todos tienen una sola neurona funcionando, con razón son equipo —pasó por su lado.

—Oye, oye, espera, no tienes que ser así —Izan intentó tomarla del brazo pero ella se alejó con rapidez—. ¡Ey!

—¡Lento!

—¿Me acabas de decir lento? ¿a mí? Princesa, soy el más rápido de mi equipo —espetó.

—¿En serio? —se mofó Sinclair deteniendo su andar—. Hagamos una apuesta, si no puedes alcanzarme, no volverás a decirme a “princesa”.

—Bien, pero si tú no puedes quitarme el stick de hockey tendrás que admitir que tu deporte no se compara con el mío. Y así damos por terminada la rivalidad —el jugador llegó hasta la orilla alcanzando su bolso donde el uniforme y el stick se hallaban guardados.

—¿Cargas con eso a todas partes?

—Sí, como tú llevas tus patines a todos lados —tomó el palo de hockey acercándose—. ¿Lista?

—Nací lista —ambos se posicionaron en el centro de la pista—. Ahora, cada uno irá a un extremo, cuando gustes iniciamos.

—Bien.

La apuesta se desarrolla en la pista bañada por la luz del día que ingresa por el gran atardecer en los ventanales del techo. Desde un extremo de la pista, Diana se desliza con confianza, irradia destreza y elegancia con sus movimientos fluidos sobre los patines, deja estelas en el hielo y se prepara para dar lo mejor de sí porque no va a desaprovechar la oportunidad que se ha presentado. En el otro extremo, Izan se encuentra con su stick en mano, listo para la diversión, observa atento, no tiene intenciones de ceder, ninguno de los dos está dispuesto a dejar esa apuesta a medias, tiene que haber un ganador, más allá de lo que está en juego es una cuestión de competitividad y de honor, ¡no van a ser blandos!

Diana comienza a patinar hacia Izan con confianza, deslizándose con gracia mientras se ríe alegremente, retando a su adversario a atraparla. Coronado acepta el desafío y emprende la persecución, impulsándose con fuerza y habilidad en sus patines, llevando consigo la energía competitiva propia del hockey sabiendo que lo único que debe hacer es atrapar a la rubio o bien tocarla con su stick y habrá ganado. Con velocidad avanza en su dirección, están a punto de chocar y solo puede afianzar el agarre en el palo para extenderlo con toda la intención de tocar a Sinclair que lo sorprende de inmediato saltando por el aire evitando siquiera que pueda rozarla.




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