Habían dormido un día entero, pues estaban lo suficientemente cansados: tantas emociones encontradas, correr por el bosque y las tensiones en el grupo habían hecho que quisieran dormir todo el día, y el ejército de Chronos se lo concedió. A la mañana siguiente, Facundo se despertó y solo una cosa pasaba por su cabeza: Elizabeth, quería salir a verla, pero antes miró a su al rededor buscando cualquier objeto para asearse, efectivamente lo encontró, encontró ropa limpia, un ¿cepillo de dientes? o algo similar, así que se dirigió a un rio que escuchaba cerca, se pegó un baño, se lavó los dientes y procedió a ponerse la ropa limpia que le habían dejado sobre una mesa en la tienda.
Al llegar de nuevo al campamento, se dirigió enseguida a la tienda de Elizabeth, al verla, notó que estaba mirando unos planos, haciendo señalización sobre ellos
—Hola, disculpa que pase así, sin avisar —le decía Facundo mientras entraba a la tienda.
—Hola, pasa sin problema. —A Elizabeth no le molestaba que Facundo entrara así, avisando a medias, pues estar con él siempre fue mágico— dime, ¿ocurre algo? ¿Necesitas algo?
—No, no, solo quería venir a verte —le aclaró Facundo—. Desde que te vi allí en el bosque hace dos o tres días, he querido estar cerca de ti. ¿Es raro?
—En absoluto —Elizabeth no podía dejar de sonreírle—, si quieres, acomódate ahí —señaló una pequeña butaca frente a ella —mientras yo termino aquí y luego vamos a buscar a tus amigos, ¿te parece?
—¿Qué estás haciendo? —Cuestionó Facundo—. ¿Puedo ayudarte?
Elizabeth rio bajo
—Estoy señalando las siguientes rutas de exploración —le aclaró—. Sé que me preguntarás qué estamos explorando; hay muchas dudas que debes tener, lo sé, pero este tipo de información es mejor recibirla poco a poco.
—¿Puedo mirar más de cerca? —preguntó Facundo con recelo, no quería incomodarla
—Claro, ven
Estuvieron el resto de la mañana haciendo trazos en el plano, Facundo no podía apartar la mirada de ella, y del plano, por supuesto, había algo en ella que lo tenía hechizado, y hablar con ella era tan reconfortante, por primera vez en su vida, sentía que podía estar en un solo lugar sin sentirse aburrido, o abrumado, normalmente había tenido que hacer tantas actividades porque con nada se sentía lleno, pero con ella, con ella se sentía en paz, tranquilo
Ambos empezaron a escuchar la voz del resto del grupo, por lo visto, se habían despertado ya todos y se dirigían a desayunar
—Despertaron —pronunció Elizabeth mientras miraba hacia el exterior de la tienda—. Vamos a desayunar con ellos y después tengo que reunir a todos.
Facundo accedió, también estaba hambriento y, además, quería saber qué era lo que Elizabeth tenía que decirles, así que no se dio a esperar
Al llegar donde estaban todos desayunando, se saludaron con una sonrisa, unos cuantos “buenos días” y nada más, uno a uno fue terminando de comer y cuando acabaron, Elizabeth les hizo la seña de que los esperaría en la primera tienda donde los habían llevado hace dos días, y les había enseñado sobre los reinos, así que la siguieron uno a uno
—Espero que hayan descansado —se dirigió Elizabeth al grupo, extendiéndoles una sonrisa.
—Bueno, lo que también se podría, ¿no? —el grupo pensó que con ese comentario Agustín se refería a la incomodidad de no estar en una verdadera cama, en una habitación, en silencio, y efectivamente, sí se refería a una incomodidad, pero no física, sino más bien sentimental, su cabeza no dejaba de dar vueltas en las palabras de Lizbeth: “yo sí estoy enamorada de ti, siempre lo he estado”, el sentimiento de inútil por no haberse dado cuenta antes lo consumía, pero aun así, seguía pensando si se podría dar la oportunidad de enamorarse de ella, su razón aun le seguía diciendo que no, que era la peor idea del mundo, por lo que pasó de culpa a impotencia, una y otra y otra vez
—Lamento escucharlo —sintió Elizabeth—, pero ya se irán acostumbrando; se los aseguro.
—Antes de cualquier cosa que nos vayas a decir —se adelantó Hugo— yo quiero decir algo
—Claro
—Ya nos dijiste cómo se dividían los reinos y, claro, ya conocimos a dos ejércitos —hizo énfasis en la segunda frase—, pero es importante, o por lo menos para mí, saber por qué es la guerra.
—Por el tiempo, se los dije
—Oh, ¿de verdad? —El tono y la cara de incredulidad de Alicia se notaban de lejos
—Sí —afirmó Elizabeth—, si no notaron en la charla anterior que todo está en relación con el tiempo, entonces nosotros estamos perdiéndolo en este momento—. A Elizabeth le chocaba ese tono sarcástico que manejaba Alicia; no era la primera vez que lo escuchaba y sabía que no sería la última y cada vez lo odiaba más.
—Está bien, entonces explícanos —asintió Facundo con calma.
—Cada reino tiene un interés diferente con el tiempo —comenzó a explicar Elizabeth— Chronos: quiere que el tiempo este estable, las cosas tomen el curso que deben tener y que no haya alteraciones, desde el inicio de los tiempos ha sido así, por eso mismo, son el único reino que tiene habilidades especiales por ellos mismos y no tienen la necesidad de recurrir a ningún objeto; Aurelion: quiere el control, quiere tener el control sobre él, manejarlo a su antojo y conveniencia, hay muchos eventos que quieren cambiar, por ejemplo, el hecho de que los cronistas tienen habilidades propias y ellos no, su interés principal es ser los más poderosos; Noctharis, por el contrario, quiere destruirlo
—¿Y eso en qué beneficia a Noctharis? —preguntó Ivanna
—Excelente pregunta —le afirmó Elizabeth— Noctharis es el reino del caos, por eso sus objetos generan caos en las personas, generan cosas malas en ellos, porque nunca han tenido intenciones positivas, y ya sé lo que me dirán —dijo mientras se dirigía a Luca— que Aurelion tampoco —efectivamente, Luca sí pensaba hacer ese comentario— pero es diferente querer controlar a querer destruir, ambos son malos y los objetos de Aurelion tampoco es que sean lo más confiable, pero no te destruyen directamente, como sí lo hacen los objetos de Noctharis, para que un objeto de Aurelion te destruya, es porque alguien más quiere hacerlo, no por sí mismo, una persona debe tener la voluntad, pero los objetos de Noctharis, ellos no necesitan de alguien, ellos mismos lo hacen y eso, eso chicos, es mucho peor