Al día siguiente, Agustín no esperó a hablar con Lizbeth. Desde que habían estado en Nythera y Agustín había visto cómo Lizbeth defendió a Luca, quedó con una rara sensación en el estómago. No le gustaba cómo Lizbeth estaba, en los últimos días, tan pendiente de él. Antes de partir hacia Noctharis, ellos dormían juntos, con la intención de tranquilizarse, pero cuando amanecía, Lizbeth iba en busca de Luca. ¿Y ahora lo defendía?, a Agustín no le gustaba esa situación, ni se sentía cómodo, así que cuando se despertó, se dirigió a la tienda de ella
—Me alegra que ya estés despierta —Agustín notó que Lizbeth estaba despierta, pero seguía tumbada en la cama—. Necesito hablar contigo.
Lizbeth no dijo nada, solo se quedó mirándolo, esperando a que dijera lo que tenía que decir. Agustín se quedó de pie, por un segundo pensó bien sus palabras, pero al no encontrar, soltó sin más
—¿Qué pasa entre Cruz y tú? —Agustín estaba molesto y no podía disimularlo
—¿Qué? —A Lizbeth la tomó por sorpresa esa pregunta
—Lo que escuchaste —enfatizó Agustín—: ¿Qué pasa entre Cruz y tú?
—No sé a qué te refieres —y Lizbeth lo decía en serio—. ¿Qué pasa entre nosotros?
—¡Eso te estoy preguntando! —La indiferencia de Lizbeth estaba desesperando a Agustín—. Antes de irnos a Noctharis, dormíamos juntos y, al despertar, te ibas tras él. Una vez en Noctharis, no despegabas los ojos de él, ¡hasta lo defendiste!
—Lo defendí porque Elizabeth lo trata con desprecio—explicó Lizbeth—. Yo no permitiré que traten a mis amigos así
—¿Eso es lo que es Cruz para ti? —cuestionó Agustín— ¿Un amigo?
—¿Qué más podría ser? —Le devolvió la pregunta Lizbeth
—Pues no lo sé —Agustín tuvo que hacer una pausa—; seré directo, Liz, ¿sientes algo por él? ¿Algo más que una amistad?
Lizbeth sentía que esa conversación estaba tomando un rumbo extraño, pues que importa sí sentía algo por él o no, qué le importaba eso a Agustín, ella podía sentir algo por Luca si quería, igual Luca sí sentía algo por ella y los últimos días se lo había estado planteando, lo especial que era él con ella, la forma en que no disimulaba lo que sentía por Lizbeth y las revelaciones que había en los sueños. Mientras que Agustín siempre le aclaró no sentir nada por ella, Luca le demostró que la quería, aunque no se lo dijera, qué importaba si habían dormido estas noches juntos, eso no cambiaba nada para ella
—Tal vez —respondió Lizbeth sin pensar, pero fue sincera; esas dudas habían estado recorriendo sus pensamientos y no pensaba mentir solo porque Agustín estaba haciendo un, ¿un show de celos? Primero le dice que no puede amarla más que a una hermana, y ahora se comporta así; no es justo.
—¡¿TAL VEZ?! —Agustín no pudo controlar su grito
—Cállate y no grites
—¿Y dónde quedo yo? —Agustín, en voz baja, en el fondo, suplicaba que ella solo respondiera con rabia, pero ¿por qué quería que respondiera con rabia? Que todo era mentira, él aún no lo había descifrado ni aclarado sus sentimientos
—¿Dónde quedas tú de qué, Agustín? Eres mi amigo, al igual que Cruz, pero no puedes esperar que te ame eternamente si tú no me correspondes, tengo derecho a estar con alguien que sí me quiera
—Yo lo hago —ahora sí apareció el tono de súplica de Agustín, mientras miraba al piso.
—Oh, ¿de verdad? Si mal no recuerdo, cuando llegamos acá me dijiste que no podías amarme como yo quería que lo hicieras; antes de eso, me dijiste que sería incesto. —Lizbeth sintió desespero, pero hizo una pausa mientras se tranquilizaba—. Yo sé que me quieres; es obvio, pero no como yo a ti. Por el contrario, Cruz sí me quiere. ¿Por qué no podría intentarlo?
Las palabras se ahogaron. Agustín no sabía qué decir, así que salió de la tienda directo a la suya. Necesitaba aclarar todas las ideas que tenía en mente. Lizbeth tenía razón, Luca podía corresponderla y él no, Luca sabía lo que sentía y él no, tal vez Luca podía hacerla feliz, y él sabía que él no podría, se acostó, mirando lo que sería el techo de su tienda, con un nudo en la garganta, impotente, queriendo decirle a Lizbeth que la quería, solo que no sabía hacerlo, pero no lo hizo, se quedó ahí, con sus rumiaciones, sabiendo que la estaba perdiendo.
Lizbeth se quedó tiesa al ver como Agustín salía bruscamente de su tienda, ¿qué había acabado de pasar?, ¿qué significaba aquello?, pero en vez de darle alegría como Agustín sentía celos, sintió ira, porque no fue solo hasta que la vio interesada en otro hombre, cercano a él además, que la miró con otros ojos, ¿esperaba que siempre estuviera para él sin ser correspondida? que mierda le pasaba por la cabeza a Agustín, no era justo para ella, así que no fue detrás de él, no esta vez, ya no estaba dispuesta a sufrir otra desilusión por culpa de la indecisión de él, Lizbeth también se quedó en su cama, pensando en la pequeña discusión que tuvieron y además seguía planteándose si tal vez debía darle una oportunidad a Luca, no iba a tomar decisiones apresuradas pero no iba a descartarla.
***
Al otro lado del campamento, estaba Ivanna, dando vueltas en su tienda, con un solo pensamiento en su cabeza: Ethan, ¿por qué sentía tanto odio por ese hombre?, no podía descansar, así que salió de la tienda y se dirigió al rio, en busca de algo de calma mientras escuchaba a los pájaros cantar, el rio correr, el aire en su rostro y podía sentarse al pie de algún árbol. Era una vista bastante linda, tranquila, y hubiera amado disfrutarla, si no fuera por ese pensamiento rumiante, ¿quién era él?, o sea, ya sabía que era el teniente del ejército de Noctharis, mano derecha de Esteban, el general del ejército y además hermano del rey, también que era muy unido a la familia real, no era un hombre tonto, sino inteligente, pero había algo en ella que le decía que ese hombre era realmente malo, primero por como lo vio asesinar a los soldados esa tarde, segundo por el miedo que recorrió a Pablo una vez que le mencionaron que Ethan estaba en camino, y tercero, porque lo sentía, al ver esos ojos negros como la noche, lo supo, él era malo y ella lo odiaba, odiaba su presencia, odiaba escuchar su nombre y quería atacarlo en cualquier oportunidad que tuviera, ¿por qué Alicia tenía que detenerla aquella tarde?, bueno, había sido lo más razonable, no es como que Ivanna sepa pelear, ni que tuviera una espada como los demás, pero tenía toda la actitud y motivación para matarlo, paró un segundo sus pensamientos, ¿matarlo?, ella no era una asesina ni mucho menos, se supone que antes quiere salvar vidas, ahora lo odiaba aún más, por hacer que ella vaya en contra de sus instintos