Eryndral: el error

Declaraciones

Una vez de vuelta en el bosque, todo el equipo se sintió tranquilo; ya el grupo no tendría que ser tan cuidadoso como lo había sido en los reinos. Ya caminaban despacio hacia el campamento, sin prisas, descansando cada cierto tiempo y disfrutando del sendero. Una vez en el campamento, todos estaban agotados, por lo que ninguno tuvo que decir nada; sabían que lo que necesitaban era descansar y eso hicieron.

Al día siguiente, después de haber descansado toda la noche, Lizbeth se acercó a la tienda de Agustín, pues una parte de ella todavía pensaba en la cercanía que habían tenido Ivanna y Agustín en Aurelion, y aunque llevaban años de amistad, no eran tan unidos como para adelantarse juntos.

—Agus —Lizbeth entró a la tienda sin avisar y se dio cuenta de que Agustín seguía dormido— Perdóname, no quería despertarte

Lizbeth pensaba salir y regresar luego cuando ya estuviera despierto completamente

—No, espera, ya estoy despierto. ¿Qué pasa? —Agustín la detuvo antes de que ella saliera de su tienda, a pesar de estar agotado, quería saber qué quería decirle Lizbeth

—¿Seguro? Puedo volver después

—Seguro, dime

—¿Podemos hablar sin discutir ni gritar? Por favor —lo que ella menos quería era volver a pelear con Agustín, ya las cosas estaban bastante tensas desde que ella le expresó lo que sentía, como para volverlas aún más

—Claro que sí. —Agustín le hizo una seña para que se acostara al lado de él

Lizbeth lo hizo, se acostó para proseguir a preguntarle lo que pasaba por tu mente

—¿Desde cuándo eres tan unido a Ivy? No es que me moleste que sean amigos, para nada, todos hemos sido amigos hace varios años, solo que no sé, fue raro verlos tan unidos en Aurelion —explicó Lizbeth con la intención de que no se malinterpretara ninguna de sus palabras

—Liz, yo, em —Agustín no sabía cómo responder ante esa pregunta, no pasaba nada entre él e Ivy, nunca lo había pasado, y ninguno de los dos sentía algo por el otro, por lo que pensaba que esa pregunta estaba un poco fuera de contexto

—Es una pregunta normal, Agus —Lizbeth entendió que a Agustín no le parecía normal esa pregunta y no quería que la conversación tomara un mal curso

—Somos lo unidos que hemos sido siempre, ni más ni menos —hizo una pausa— tal vez lo estuvimos más porque… —Agustín no sabía cómo explicar lo que sintió en Aurelion; aún le resultaba extraño.

Lizbeth sintió como se le paralizaba el corazón mientras Agustín no respondía, aunque lo intentó disimular bastante bien, por dentro esos segundos la estaban consumiendo

—¿Tú qué sientes cuando vas a los reinos? —preguntó Agustín finalmente, tal vez si ella habría sentido lo mismo sería más fácil para él explicarse

—¿A qué te refieres? —Esa no era el tipo de pregunta o respuesta que esperaba por parte de él

—¿Has sentido alguna conexión con algún reino?

—No exactamente —Lizbeth notó la cara de decepción de Agustín— no una conexión, pero cada zona de los reinos me ha hecho sentir algo, nada bueno para serte sincera

—¿Qué te han hecho sentir?

—Pues en Noctharis las sensaciones eran muy intensas, a mal, todo el tiempo tuve una sensación de alerta, traición, sentía que nos miraban y aunque buscaba quien lo hacía, nunca había nadie, no fue una buena sensación

—¿Y en Aurelion? —Era el reino que realmente le importaba a Agustín

—No fue como en Noctharis, pero sentí mucha presión, en algunas zonas sentí como si solo evaluaran a las personas y no pudieran actuar con tranquilidad, en otra como si las guerras fueran internas, en lo único similar con Noctharis, era que en ambas sentía que si nos descubrían correríamos peligro

Agustín la miró con extrañeza

—No me malinterpretes; además, era porque Roberto estaba allá y nos advirtieron todo el tiempo que él no podía enterarse —Lizbeth sabía que no era eso, pero ¿cómo podía explicar lo que sentía? También era nuevo para ella; no era fácil de explicar— tú sentiste algo, lo sé, porque entonces no me estarías preguntando. Así que dime: ¿qué sentiste?

—Sentí que era mi hogar —Agustín lo dijo sin pensar, necesitaba que esas palabras salieran ya— sentí que conocía cada rincón, cada persona, cada sendero, tenía recuerdos en ellos, recuerdos contigo

—¿Conmigo? —Lizbeth se preguntaba si eran los mismos recuerdos que ella había visto

—Sí, nos vi por los senderos, nos vi abrazados, sentados bajo los árboles, nos vi felices, felices juntos —no pensaba disimular más sus palabras, sentía que la perdía y no lo iba a permitir— Liz, para serte sincero, no sé si los recuerdos son míos o de otra persona como dice Isaac, pero me gustó vernos así, me sentí feliz

Lizbeth no sabía cómo responder a eso, aunque eran los mismos recuerdos, ella no se había sentido del todo feliz, había sentido un vacío al tenerlos, los había extrañado sin ni siquiera haberlos vivido

—Entre Ivy y yo no hay nada —continuó Agustín—, nunca lo ha habido y estoy seguro de que no lo habrá; no nos vemos con esos ojos, realmente. Últimamente solo pienso en ti.

—¿Qué piensas? —Lizbeth sentía como si volviera a la vida

—No quiero perderte; no puedo imaginarme un mundo sin ti.

—Pero es imposible perderme, Agus —respondió Lizbeth mientras sonreía—, literalmente, eres el mejor amigo de mi hermano; no hay posibilidad de que yo no esté en tu vida.

—No quiero que estés en mi vida porque soy el mejor amigo de tu hermano; quiero que estés en mi vida porque tú deseas estarlo —Agustín la miró fijo un momento—. ¿Tú deseas estarlo?

—Siempre, Agus

—Tengo una pregunta más —había algo en específico que le daba vueltas a Agustín en la cabeza— ¿Te acuerdas de lo que dijo Alberto en la cocina?

—¿Qué de todo?

—Cuando habló de que alguien amaba más ese reino que a “esa cronista”

—Sí, lo recuerdo

—¿Crees que hablaba de nosotros? Bueno no nosotros, pero sí de los que vemos, pues en los recuerdos siempre estamos juntos, y por la ropa que llevamos, creo que el hombre que yo veo es de Aurelion y tú de Chronos




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