El grupo fue levantado a primera hora, tal como dijo John. Agustín e Ivanna estaban emocionados por ir a Aurelion, pues era el lugar de Eryndral, con quien sentían cierta conexión cada vez que lo mencionaban. Aunque no habían hablado entre ellos de su conexión con Aurelion, sabían que ambos lo sentían.
Después de haberse organizado y desayunado, se dirigieron a la tienda de John, donde ya los esperaba al igual que Elizabeth e Isaac
—Buenos días, jóvenes, esta vez les seré más sincero para evitar discusiones nuevamente —mientras lo decía, John miraba a Luca y Elizabeth— la líder nos ha encargado algo, de nuevo, no sabemos qué es, cuando los líderes ordenan algo, se obedece sin chistar —esta última frase la dijo mirando a Luca, como si quisiera que él entendiera que no tenía opción de alegar— y a su vez, nos pidió que los lleváramos a ustedes, que conocieran las tierras de Aurelion
—¿Dónde está Erica? Creí que seguía acá —Luca quería que Erica los acompañara a Aurelion, era de las pocas personas que era amable con él
—Salió esta mañana camino a Chronos —explicó John— tenía que llevar lo que ordenó la líder
El rostro de Luca era de decepción
—Los colores de Aurelion son el rojo y el negro. ¿También nos vestiremos así? —interrumpió Agustín
—Exacto —John le hizo una seña a Isaac—. Isaac les estará pasando la vestimenta de cada uno; al igual que en Noctharis, no deben notar a ninguno. Hay que pasar desapercibidos. No es muy común ver caras extrañas; de hecho, nunca se ven. Las pocas veces que ha pasado, no ha sido un buen final para los extranjeros, así que espero que acaten la orden. —Hizo una pausa— ¿Alguna pregunta?
El grupo negó con la cabeza
—Bien, esta vez los esperaremos en la zona este del campamento; no se demoren —John salió de la tienda, seguido por Elizabeth e Isaac.
Facundo había notado que Agustín estaba de buen humor esa mañana, después de haber estado varios días decaído
—Hoy nos hemos levantado con el pie derecho —dijo Facundo a Agustín mientras se vestía—. ¿Alguna buena noticia?
—Hoy las preocupaciones no importan —le respondió Agustín con una sonrisa.
—¿Y qué ha cambiado? —les interrumpió Alicia
Antes de que Agustín pudiera responder, Ivanna se adelantó
—Pues, qué vamos a Aurelion. ¿Vamos, Agus? —Ivanna se dirigió a Agustín y él la siguió, saliendo solos de la tienda
Lizbeth se sentía confundida: ¿desde cuándo eran tan unidos como para irse juntos sin esperar al resto? A Alicia también le pareció extraño, tanto así que miró inmediatamente a Lizbeth, como si estuviera a la expectativa de su reacción. Lizbeth no reaccionó, sino por el contrario, solo salió de la tienda en dirección a donde les había ordenado John y el resto la siguió
Al llegar, fue igual que en Noctharis: algunos de los soldados que iban con ellos se hicieron a un lado del grupo, como si quisieran protegerlos. Al grupo no le molestó; fue como si ya lo esperaran.
Mientras se iban acercando, notaron que el paisaje era en absoluto diferente al de Noctharis, pues este era soleado, las flores se veían vivas, el cielo estaba de un azul claro precioso, los colores eran vivos, daba gusto estar en ese lugar, a pesar de que Lizbeth tenía una sensación extraña, pues no era una sensación de alerta, sí sabía que podían correr peligro si algo pasaba, pero no era igual que con Noctharis, acá la sensación era menos intensa
Hubo un momento que el paisaje cambió, pues ya se estaban acercando a la primera zona de Aurelion: Solvarn, era la frontera que vivía en guerra con Noctharis, por lo que se veía el paisaje un poco más destruido, justo como si acabaran de pelear entre ellos, había humo alrededor, y fuego constante, se veía un poco de sangre, pedazos de tela, como si se hubieran arrancado la ropa mientras luchaban, y a lo lejos, la muralla, esta no era negra, sino gris y sus soldados no transmitían terror, pero sí asustaban aun así, eran altos, fornidos, y tenían cara de pocos amigos. Mientras las personas intentaban entrar a Aurelion, también hacían fila como en Noctharis, la diferencia es que cuando los soldados no confiaban en alguien, no les enterraban una daga, ni los dejaban ir corriendo después de clavarla, pero sí se los llevaban, y las personas también suplicaban que por favor los dejaran ir
—No se alejen —ordenó John mientras que se acercaba a un soldado, igual que en Noctharis
El soldado parecía tener unos 25 años; era alto, con unos ojos verdes preciosos, labios rojos y una dentadura casi perfecta; era rubio y estaba muy fornido. John al verlo le pasó un pedazo de papel, como lo hacía el resto de las personas antes de entrar, el soldado le permitió entrar y le dijo algo en voz baja, algo que el grupo no logró escuchar
John se dirigió adentro, seguido por el grupo y los soldados. Al entrar, vieron que era una zona con murallas destruidas y reconstruidas y, además, con soldados siempre listos. Lizbeth comenzó a sentir una tensión de supervivencia, como si el lugar nunca hubiera estado en paz. Y efectivamente, nunca habían estado en paz.
John se dirigió a un pequeño pasadizo en medio de una parte de la muralla; allá no tocó, solo entró con calma, como si intentara disimular y no llamar la atención. Al cabo de un rato, volvió a entrar el soldado
—¿Qué hacen acá? —preguntó bruscamente— pudieron avisar que vendrían
—Lo sentimos, Ernesto —John parecía no sentirlo— fueron órdenes de la líder
—¿Qué sucede? —Indagó Ernesto
—No lo sabemos; la líder nos pidió reclamar algo en Valerys —contestó Elizabeth.
—Últimamente ha venido mucho Roberto; no sé si sea buena idea andar por estos lares —advirtió Ernesto.
—¿Y qué está haciendo por acá? ¿No se supone que se odian? —Isaac parecía extrañado
—Se supone, pero ya sabes cómo funciona esto: cuando les conviene, ahí sí se unen —habló Ernesto con ironía—. De igual forma, pueden aparecerse por acá cuando quieran, mientras avisen —lo decía mientras miraba a Ivanna, como si le estuviera coqueteando