El grupo a pesar de estar tan alejado también había pensado que era hora de hablar, se habían ignorado por días y los sentimientos se estaban acumulando en ellos, era como si esos sentimientos los absorbiera
—Sé bien que ninguno se está sintiendo de la mejor forma —continuó diciendo Hugo—, pero tal vez, si hablamos las cosas, podamos empezar a sentirnos mejor.
—¿Ustedes también han tenido sueños extraños? —Lizbeth miró al grupo con expectativa
—Sí —le respondió Ivanna— y estoy segura de que ustedes también
—Ya que todos estamos teniendo estos sueños —prosiguió Hugo—, contémonos qué soñamos; tal vez ahí está la respuesta.
—Estoy de acuerdo —Lizbeth necesitaba respuestas; no podía seguir con un nudo en el pecho—. Mi sueño comienza en un jardín muy hermoso; por cierto, llevo un vestido un poco diferente. Es la palabra creo, a lo que uso comúnmente
—¿Diferente cómo? —Alicia quería saber si era el mismo vestido que ella había estado viendo en sus sueños
—Pues, es blanco, escotado y con destellos dorados; tengo como unas pulseras alrededor de mis brazos y zapatos dorados también —efectivamente era el mismo vestido que Alicia y todos veían en sus sueños.
—Me encantaría verte así —interrumpió Agustín, bromeando. ¿O no?
Luca rodó sus ojos
—Continúa con tu sueño, Liz —pidió Luca.
—En el sueño me siento preocupada, bastante angustiada de hecho, era como si supiera que algo malo fuera a ocurrir, en él llega Alicia —hace una pausa y se dirige a Alicia— también estabas vestida diferente
—¿Tenía un vestido blanco con dorado, cuello alto y mangas largas? —preguntó Alicia con vacilación
—Sí, ¿cómo sabes?
—Porque está vestida igual en el sueño de todos —interrumpió Ivanna.
—No en el mío —decretó Luca—. De hecho, Alicia no aparece.
—En el mío tampoco —asintió Facundo.
—Bueno, más tarde cuentan el de ustedes —Hugo estaba impaciente— continúa, Liz
—Tengo una conversación con Ali —prosiguió Lizbeth— en la que le informo que algo no está bien, que lo estaba sintiendo y que era mucho peor que cualquier cosa que había sentido antes.
—¿Por qué estamos teniendo la misma conversación? —Alicia sabía que eso no era normal
—¿La misma conversación? —Facundo miró con expectativa
—Sí, exactamente la misma
—No lo sé —afirmó Lizbeth—, realmente no sé nada; el caso es que me dices que me calme y que, si algo está pasando, lo veríamos en un lugar llamado el Archivo; creo que era ese lugar del que nos hablaba Elizabeth. Cuando llegamos allá, Ali se dirige hacia el centro de un salón y comienza a mirar una línea dorada de las muchas que había y comienza a llorar, de hecho, la forma en que lloraba Ali era desconsolada, te pregunto qué pasa, pero al momento de hablar siempre despierto y siento necesidad de —Lizbeth dejó de hablar y miró a Agustín pero no emitió ninguna palabra
—Tenía la esperanza de que tú supieras qué te decía —soltó Alicia—, pues mi sueño es muy parecido al tuyo; de hecho, casi igual.
—¿Cómo es tu sueño? —preguntó Hugo
—El mío empieza en ese salón que describió Liz, el Archivo, estoy como analizando algunas de esas líneas doradas, hasta que llega un señor, gordito y bajito, estaba vestido con una capa blanca y todo su traje era blanco con dorado, el señor se llamaba
—Patricio —interrumpió Facundo— es exactamente el hombre que aparece en mis sueños.
—Y en el mío —asiente Luca—, pero en el mío no se dice su nombre.
Alicia mira a Facundo y Luca con extrañeza
—Pues Patricio —prosiguió Alicia— me dice que Lizbeth me necesita de urgencia, que está en Luxoria, que yo sé exactamente el lugar y pues me dirijo allá, al llegar, Liz está caminando de lado a lado, y créanme, su cara de terror se notaba a leguas y en ese momento tenemos la misma conversación, nos volvemos a dirigir al Archivo de nuevo, pero esta vez me dirijo a una línea distinta a la del inicio, allá miro algo que es como si me rompiera el alma, como si me la arrancara, cada vez que estoy viendo, es borroso, no logro identificar nada, pero me destruye y no soy capaz de estar de pie, es justo cuando me despierto y voy a —Alicia mira a Hugo, pero no dice nada tampoco
—Entonces no soy el único que deja de oír o, en tu caso, Ali, ver las cosas —habló Facundo—. Mi sueño empieza en un lugar diferente, como una zona de entrenamiento, pero yo estoy dirigiendo a los soldados, junto con John, en el sueño también están Elizabeth e Isaac —hace una pausa— tú también, Cruz, aunque apareces después y estamos vestidos todos con la misma ropa como de entrenamiento, la cual también es blanca con dorado, en ese momento llega el mismo hombre del sueño de Alicia, Patricio
—¿Cómo es que ese hombre está en todo lado? —preguntó Alicia.
—Tal vez era su trabajo, no lo sé —prosiguió Facundo— el hecho es que, primero, me dice coronel, solo me llama de esa forma y segundo, me dice que me trae malas noticias sobre Lizbeth, pero al momento de decirlas su voz se ahoga y ya no logro comprender lo que dice, lo que sí sé es que siento que el mundo se me viene abajo y me dice que Lizbeth está en una tal corte y cuando me dispongo a dirigirme
—Ahí te interrumpo yo —dice Luca sin pensar.
—Exacto, como ahora —bromea Facundo— así que con Luca nos dirigimos a esa tal corte, y allí hay gente rara, están en una mesa, cinco de ellos vestidos de blanco, cuatro de rojo con negro y tres de negro absoluto, en el medio estas tú, Liz —dijo dirigiéndose a ella— al entrar grito que me digan que es mentira lo que sea que le van a hacer a Liz y uno de los hombres de blanco me dice hijo
—¿Hijo? —cuestiona Lizbeth
—Sí, hijo —afirma Facundo— y lo peor es que no me pareció extraño, es como si lo supiera, al final solo digo que no pueden hacerlo y uno de los señores de negro me dice que hay reglas, reglas que no deben romperse, Luca les grita que eres su hija
—¿Su hija? —Lizbeth casi grita