Eryndral: el error

Sueños

Los días comenzaron a pasar, algunos del grupo, los primeros días sentían desespero por estar atrapados en esta situación y no poder salir o despertar, pero con el paso de los días, se amortiguó el sentimiento y solo se resignaron que así sería su vida a partir de ahora, todos sus planes de tener el mejor año antes de graduarse, se habían desvanecido, no volverían, no verían de nuevo a sus familias, sus casas, su ciudad, ¿los extrañarán?, ¿los estarían buscando?, ¿sus familias están bien?, eran preguntas que rondaban por la cabeza de cada uno, preguntas que al final no tuvieron respuesta, así que solo se fueron yendo, hasta no volver a preguntárselo.

Elizabeth seguía enseñándoles sobre los diferentes reinos; la curiosidad siempre aumentaba, al igual que las preguntas sobre su existencia en este nuevo, nuevo, ¿nuevo qué?, ¿nuevo mundo?

Cada que mencionaba un reino diferente, alguno de ellos tenía recuerdos extraños, como si cada historia que Elizabeth contara reviviera en ellos recuerdos que llamaban fantasías o errores de su mente. ¿Cómo se puede tener recuerdos de algo que no se ha vivido? Y no solamente cuando Elizabeth hablaba, cuando los soldados los obligaban a ir a exploración con ellos, había lugares del bosque que despertaban memorias en ellos, se veían corriendo por el bosque, luchando, besándose, usando sus habilidades, juntos como grupo frente a fogatas riéndose, los recuerdos los inundaban con el paso de los días, y a su vez, los alejaba, los alejaba la confusión, el dolor de los recuerdos y cuestionarse por qué les dolía tanto, por qué les dolía si no eran reales, si eran parte de algún trance o alguna droga que les hayan dado.

En las noches, tenían el mismo sueño una y otra vez, pero el sueño siempre era borroso, cada uno tenía partes distintas, pero era el mismo sueño, los mismos hechos, pero había una parte, una parte en específico, donde el sueño siempre se ponía borroso y los despertaba

El sueño de Lizbeth comenzaba en un tipo de jardín, un jardín bastante tranquilo, con colores resplandecientes, vivos, ella vestida con un vestido blanco, de escote y con destellos dorados, sus brazos con unas pulseras alrededor de ellos, y sus zapatos dorados también; estaba preocupada, caminando de un lado a otro, angustiada, en ese momento llega Alicia, vestida al igual que Lizbeth, con un vestido blanco, pero de cuello alto, el vestido también tiene destellos dorados y es de mangas largas, sus zapatos también son dorados

—¿Me llamabas, Liz? —Alicia suena preocupada mientras mira el comportamiento de Lizbeth

—Sí, Ali, algo pasa —Lizbeth tenía un tono preocupado, muy preocupado— algo no anda bien, y no es como algo que haya sentido antes, esto es peor, mucho peor

—Calma, Liz, vamos al Archivo; allá podré ver qué está pasando.

Lizbeth no dudó un segundo y caminó rápidamente hacia su caballo, dirigiéndose al Archivo. Alicia intentaba seguirle el paso, pero se quedaba bastante atrás, pues Lizbeth iba a una velocidad que el caballo de Alicia no podía alcanzar. Al llegar al Archivo, se adentran en él y se dirigen al centro, donde se originan los hilos de luz. Alicia se queda un momento analizando qué sucede, qué es lo que está sintiendo Lizbeth, las lágrimas empiezan a acumularse en los ojos de Alicia

—¿Qué pasa, Ali? —Lizbeth se preocupaba cada vez más— ¿Qué es lo que estoy sintiendo? ¿Qué está mal?

Al momento que Alicia va a hablar, Lizbeth despierta, siempre en el mismo punto, siempre en el mismo momento, nunca escucha lo que Alicia está a punto de decirle, por lo que cada noche despierta sudando, con el corazón a mil por hora, asustada y algunas noches gritando, donde ha tenido que llegar Agustín para calmarla y ayudarla a dormir nuevamente, pero la emoción sigue ahí, la angustia sigue en el mismo lugar, no desaparece, ni en el día, ni en la noche y a medida que sigue teniendo el mismo sueño, la angustia sigue aumentando

***

Los sueños de Alicia comienzan en un salón, rodeado de diferentes luces en forma de líneas que se cruzan alrededor de todo el salón, yendo de pared en pared; no hay ni un lugar donde no estén y, en el centro, un círculo blanco, brillante a más no poder, Alicia está mirando algunas líneas y tomando anotaciones mientras continúa a la siguiente

—Señorita Alicia —se le acerca un hombre que nunca ha visto, tenía alrededor de 30 años, bajo, y robusto, su cabello era oscuro y parecía ser muy ágil, vestía una túnica blanca con detalles dorados, al igual que una capa blanca completamente— la señorita Lizbeth dice que la llama de urgencia, que vaya lo más rápido que pueda

—¿Dónde se encuentra? —Pregunta Alicia al hombre

—En Luxoria, señorita —contesta el hombre— dice que donde siempre está

—Muchas gracias, Patricio

Alicia salía del Archivo casi corriendo, se montaba en su caballo e iba lo más rápido que podía hasta llegar al lugar donde se encontraba Lizbeth. Al llegar, se adentraba en el jardín, e iba al árbol más grande, ancho y notablemente viejo, donde se encuentra Lizbeth, caminando de un lado a otro, con una cara de preocupación que se notaba a lo lejos, Alicia se preocupó por esta reacción y volvían a tener la misma conversación que tenían en el sueño de Lizbeth

—¿Me llamabas, Liz? —Alicia intentaba no asustar a Lizbeth, pero su tono de preocupación no podía disimularlo

—Sí, Ali, algo pasa —el rostro de Lizbeth denotaba miedo, absoluto terror— algo no anda bien, y no es como algo que haya sentido antes, esto es peor, mucho peor

—Calma, Liz, vamos al archivo; allá podré ver qué está pasando —Alicia intentaba tranquilizar a Lizbeth y, al mismo tiempo, tranquilizarse a sí misma.

Alicia vio cómo Lizbeth salió a toda velocidad e intentó igualarle el paso mientras gritaba su nombre, para que la esperara. Vio que se montó en su caballo, así que Alicia intentó ir aun más rápido. Al llegar al mismo lugar desde donde había iniciado su sueño, notó que Lizbeth ya estaba ahí, otra vez, caminando de un lado a otro. Así que se adentraron en el lugar y, esta vez, estaba en la dirección opuesta a la del salón en el que había estado al inicio del sueño. Esta vez se habían dirigido al centro, donde las líneas nacían.




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