Después de que Isaac les dio la noticia y se fue, el grupo dejó de hablar de los sueños y de lo que significaban. Irían a Noctharis, al reino que los había atacado en sus primeros días. Los sueños ya no importaban, o al menos por ahora. La ansiedad recorría el grupo. ¿Cómo era posible que estuvieran pensando en llevarlos allá? ¿Los querían matar?
Las horas fueron eternas; ni siquiera habían logrado dormir. Por más que lo intentaran, solo daban vueltas en sus camas, muertos de miedo y ansiedad. ¿Y si les pasa algo? ¿Ahora cómo se salvarían?
Al amanecer, un soldado fue a cada tienda a despertarlos e informarles que John los esperaba en su tienda, por lo que cada uno se dirigió allí. Al llegar, adentro ya estaban Elizabeth e Isaac, pero había algo diferente: sus trajes; esta vez estaban vestidos completamente de negro: capa, camisa, pantalón y zapatos; todo era negro.
—Buenos días, jóvenes —les dijo John—. Acomódense. —El grupo obedeció y se sentó donde pudo—. Como les informó ayer Isaac, hoy iremos a Noctharis.
—¿De verdad piensan llevarnos al lugar de donde es la gente que nos atacó? —cuestionó Luca indignado
—Por supuesto —afirmó John— si van a luchar junto a nosotros, deben conocer a Eryndral y hay personas allá con quiénes debemos hablar
—Nunca dijimos que sí lo haríamos —confrontó Alicia.
—¿Entonces por qué siguen acá? —interrogó John— ¿Por qué no se van?
—Porque no sabemos cómo hacerlo, ¿tal vez? —refutó Alicia
—Pásales el collar —se dirigió John a Elizabeth. Elizabeth lo miró con duda—. Si tanto quieren irse, toquen todos el collar a la vez y volverán a la línea desde la que vinieron.
Nadie se paró. Por más ganas que tenían de volver a sus hogares y, más aún, a la normalidad, su corazón no les permitía irse. Tenían que entender qué estaba sucediendo, por qué pasaban cosas tan extrañas. Hasta que no resolvieran sus dudas, no se irían
—Lo tomaré como una respuesta —declaró John— lucharán junto a nosotros y espero no volver a tener esta conversación
Todos asintieron y se dispusieron a seguir escuchando sin objetar
—Como dije al inicio —prosiguió John— iremos a Noctharis, pero no podemos ir con nuestra ropa común, tenemos que ir con el vestuario que usan allá, solo así pasaremos desapercibidos —Elizabeth e Isaac distribuyeron la ropa que le correspondía a cada uno: capa, camisa, pantalón y zapatos, lo mismo para todos— será un viaje de varios días, es necesario que lo sepan, pues conocerán las cuatro zonas de Noctharis y la dinámica que se vive en cada una
—¿Cuándo partimos? —preguntó Facundo
—Ya mismo —dictó John—, cámbiense y los esperamos en la zona oeste del campamento.
En ese momento, John salió, seguido de Elizabeth e Isaac. El grupo se cambió en silencio y, cuando todos lo hicieron, se dirigió a encontrarse con el resto. Al llegar vieron que estaba John, Elizabeth e Isaac, acompañados de varios soldados, todos vestidos de negro, preparados para salir
—Ya estamos todos —expresó John—. Ya podemos arrancar. —John no dio pie para que el grupo objetara ni hiciera ningún comentario; todos, incluidos los soldados, siguieron a John, por lo que no me quedó otra opción que seguir al equipo.
Caminaron durante horas, en silencio. Los soldados habían hecho que el grupo estuviera en el centro de ellos, como si los estuvieran cuidando; lo habían sentido y era bastante notable. Ninguno objetó; solo permanecían detrás de John. Mientras más se acercaban al dominio de Noctharis, se daban cuenta de que el paisaje se volvía más lúgubre, más oscuro, igual a como lo habían visto el día en que tuvieron que huir del campamento porque los atacaban. La sensación también era más sombría. Lizbeth tenía su sensación de advertencia al tope; su cuerpo pedía a gritos girar e irse de ese lugar lo más rápido que pudiera, pero en vez de eso, tuvo que buscar la forma de callar a su cuerpo. Decidió hacerlo pensando en Agustín y en Luca. Primero, ¿qué significaba cuando Luca dijo que no podía permitirse que nada le pasara a ella? ¿Qué había hecho? Segundo, ¿qué significaba el ‘sálvame’ en el sueño de Agustín? ¿Por qué, en el sueño de Ivanna, el emperador decía que el amor no cambia todo? ¿Acaso en esos sueños ellos dos estaban juntos? ¿Los sueños eran reales o solo un efecto secundario de estar en un lugar tan extraño? ¿Valdría la pena darse la oportunidad de estar con Luca?
Antes de responder la última pregunta, escuchó la voz de John, quien la sacó de sus pensamientos
—Observen —la voz de John era baja; había que hacer un esfuerzo para escucharlo— observen el Dominio de Noctharis
El corazón de Hugo palpitaba a mil por hora, necesitaba respuestas, y estaba seguro de que allá las encontraría
—Recuerden todos —enfatizó John; su voz era imponente—. Deben mantener la mirada baja, no hagan contacto visual con nadie —hizo una pausa y miró al grupo directamente—, sobre todo ustedes, es de vital importancia que nadie los vea
—¿Por qué específicamente nosotros? —vaciló Hugo, la respuesta de John le daba miedo, aparte de ya sentirlo por John
John dudó un segundo en responder, de hecho, no respondió
—Porque ustedes no son de acá —recalcó Isaac al ver que John no respondía—, es un mundo pequeño; todos nos conocemos. Al ser ustedes de una línea diferente, pondría en riesgo la operación.
John asintió, su expresión fue más de agradecimiento con Isaac por responder algo tan ingenioso
Se dirigieron entonces a entrar a Noctharis; desde lejos se veía intimidante, pero ahora, al estar casi con un pie adentro, era aun más intimidante. Veían una fortaleza enorme, oscura y sólida, llena de grietas violetas en las que era evidente la energía contenida; a todos les daba la misma sensación: imponente e inquebrantable, pero, sobre todo, parecía viva.
—¿Esto es Kaelthir? —Balbuceó Facundo detrás de Elizabeth
—Sí —afirmó Elizabeth— recuerda mantener la mirada baja.
Facundo obedeció; la fortaleza estaba llena de guardianes por todos lados, todos vestidos de negro, observando a quien entraba al reino. Los guardianes de Noctharis detenían a algunas personas en la entrada. Al hacerlo, las personas suplicaban a gritos que, por favor, los dejaran ir. Pero, por el contrario, les enterraban una daga. Aunque la daga nunca salía con sangre. Las personas caían al suelo y, al levantarse, corrían. Los guardianes noctharianos se reían mientras veían cómo marchaban.