Me levanté y potencié mi poder de curación. No sabía si era mi determinación o si, en realidad, había estado reprimiéndome todo ese tiempo, pero sentía mi energía de una forma distinta: más poderosa, más firme y en perfecta armonía con mis decisiones.
Me agaché, recogí la espada y una idea cruzó mi mente. Si podía canalizar mi poder verde... también podía transformar la espada en un arma mucho más letal.
Concentré toda mi energía y exclamé con firmeza: —¡Vael'Kor!
La espada comenzó a transformarse.
Ante mis ojos, su hoja creció como si estuviera formada por las ramas de un árbol ancestral. El mango se volvió más robusto y resistente, mientras un emblema con la figura de un lobo aparecía grabado sobre él. Del acero brotaron delicadas ramificaciones que danzaban con suavidad, como si una brisa invisible las meciera. Cuando la transformación terminó, liberé mi poder amarillo y este envolvió la espada con un resplandor intenso. Al levantarla, vi mi reflejo sobre la hoja. Mis ojos se habían teñido de un rojo profundo.
Sonreí. —Genial... Alcancé el nivel más alto.
Sin perder un segundo, corrí hacia mi poder y comencé a atacarlo.
Noté que sus movimientos habían cambiado. Ya no se limitaba a atacar; ahora también se defendía. En un rápido movimiento intentó golpearme con una de sus esferas de energía y, por primera vez, comprendí el nombre de aquella técnica. Kael'Nor.
Mi espada impactó contra las esferas y las atravesó con una facilidad sorprendente. Sin embargo, el choque liberó una explosión tan poderosa que ambos fuimos lanzados varios metros hacia atrás. Caí de rodillas mientras recuperaba el aliento. Mi respiración era pesada. La de él también. Así que mi ataque sí le había afectado.
Decidí intentarlo.
Cerré los ojos durante un instante, reuní toda mi energía y repetí la invocación. —¡Kael'Nor!
Lo había conseguido. Frente a mí aparecieron varias esferas que irradiaban una mezcla de colores vivos. En el centro de cada una brillaba una pequeña estrella, como si encerraran un fragmento del firmamento.
Con un movimiento de mi mano las lancé directamente hacia él. Pero, antes de que pudieran alcanzarlo, alzó la mirada, extendió su mano e invocó con una voz que hizo estremecer el vacío.
—¡Thar'Rael!
El mundo entero comenzó a temblar. Innumerables rayos descendieron del cielo en todas direcciones, desgarrando la oscuridad con un estruendo ensordecedor. Mi poder levantó una mano y, como si dominara los propios cielos, todos aquellos relámpagos cambiaron de trayectoria y comenzaron a concentrarse sobre su palma.
Sentí un escalofrío.
Si ese ataque me alcanzaba de lleno... moriría.
Cuando reunió toda aquella energía, la lanzó directamente hacia mí. Levanté la espada para bloquear el impacto.
La fuerza me obligó a retroceder varios pasos mientras mis brazos temblaban por la presión. Aun así, la espada resistía.}
Apreté los dientes y aumenté todavía más mi poder. Poco a poco logré avanzar.
Un paso. Luego otro.
Hasta que reuní toda la fuerza de mis piernas y me impulsé hacia el aire. Giré sobre mí misma, utilizando la espada como guía para desviar aquella inmensa corriente de rayos hacia mi poder.
Todo ocurrió en un instante.
No tuvo tiempo de reaccionar.
Los relámpagos impactaron contra él una y otra vez, provocando explosiones consecutivas que iluminaron todo el vacío. Sin embargo, de pronto los símbolos grabados sobre su cuerpo comenzaron a resplandecer.
Los rayos se dispersaron.
El silencio regresó.
Solo los destellos eléctricos seguían iluminando aquel extraño lugar, permitiéndome observarlo con mayor claridad.
Era inmenso.
A lo lejos distinguí unas criaturas semejantes a medusas flotando lentamente.
Eran completamente transparentes y se camuflaban con el entorno.
Incluso mi poder las atravesaba como si fueran simples fantasmas.
También descubrí enormes ramificaciones que recorrían el suelo y las paredes.
Latían con un ritmo constante, como si fueran venas gigantes.
Al verlas, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Era como si aquel lugar... ...estuviera vivo.
Uno de los rayos se perdió hacia las alturas y, durante un breve instante, pude distinguir un tenue resplandor azul en el techo. Era una luz tan débil que apenas lograba romper la oscuridad.
Salí de mis pensamientos cuando mi poder volvió a ponerse de pie.
Me observó fijamente. —No sé qué hiciste para igualar mi poder... pero eso ya no importa.
Aun así voy a vencerte, porque debo protegerte de ti misma.
Negué lentamente.
—Si ese es tu objetivo, entonces perderás.
Mi misión es mucho más importante.
Voy a salvarte y romper la maldición que Vor'Kael puso sobre ti.