Las grietas comenzaron a extenderse bajo nuestros pies, pero Rodrigo reaccionó antes de que el prisionero pudiera pronunciar la última parte de la invocación.
Tensó el arco.
Una de sus flechas se impregnó de energía y salió disparada.
El proyectil atravesó la cabeza del individuo, interrumpiendo el hechizo de inmediato.
El cuerpo cayó al suelo.
Todos soltaron un suspiro de alivio.
Eduardo observó al hombre durante unos segundos antes de hablar.
—Por ser compasivos, lo dejamos con vida y mira lo que acaba de pasar. A partir de ahora tendremos que eliminarlos inmediatamente.
Nadie discutió.
Todos asintieron.
Fabián se agachó junto a una de las grietas que se habían formado en el suelo. Pasó los dedos sobre ella, analizó los restos de energía y comenzó a registrar varios datos en su computadora.
Cuando terminó, levantó la mirada.
—La invocación que utilizó servía para llamar a sus aliados.
Rodrigo frunció el ceño.
—¿Entonces estuvo a punto de traer refuerzos?
—Sí. —Fabián volvió a observar la grieta—. Por suerte, no dominaba correctamente el hechizo. Estas fracturas son consecuencia de una canalización inestable.
Se incorporó.
—Tuvimos suerte. Si hubiera completado la invocación de manera eficaz, ahora mismo tendríamos muchos más enemigos a los que enfrentarnos.
Eduardo se encogió de hombros.
—No importa cuántos vengan. Somos más fuertes que ellos. Los venceremos.
Mariana soltó un suspiro.
—No lo entiendes, Eduardo. Y eso que has vivido suficientes años como para hacerlo.
Él arqueó una ceja.
—¿Ahora qué hice?
—Es mejor que todavía no sepan que hemos regresado. —La expresión de Mariana se volvió seria—. Imagínate lo que ocurrirá si confirman que estamos aquí. Reforzarán los templos, aumentarán la vigilancia y nuestra investigación será mucho más difícil.
Hizo una breve pausa.
—Y si no conseguimos la información que necesitamos, tampoco podremos ayudar a nuestra madre.
Eduardo levantó ambas manos en señal de rendición.
—Está bien, está bien. No me regañes. Ya entendí tu punto.
Rodrigo soltó una pequeña risa.
Sin perder más tiempo, continuaron hacia la salida del templo.
Al llegar al exterior, Rodrigo levantó su arco.
Cerró los ojos y pronunció:
—Aeris'Nael... Tharys'Ver!
Disparó una flecha hacia el cielo.
Durante unos segundos, esta ascendió hasta que cambió bruscamente de dirección y salió disparada hacia el horizonte.
Tras ella quedó suspendido un delgado hilo amarillo de energía que, en lugar de desaparecer, permaneció flotando en el aire, marcándoles el camino.
Rodrigo se colocó el arco a la espalda.
—Vamos, hermanos. Tenemos que continuar.
Sin decir nada más, los cuatro siguieron el sendero luminoso hacia el siguiente templo.
En otro lugar, lejos de allí, Christopher permanecía oculto en el interior de una cueva.
A su alrededor había libros abiertos, antiguos manuscritos y fragmentos de información que llevaba horas intentando relacionar.
Frente a él flotaban los datos que Fabián acababa de enviarle.
Christopher los revisó rápidamente.
Nada.
Chasqueó la lengua con frustración.
Se levantó y caminó hasta la cápsula.
Estefanía permanecía en su interior.
Christopher apoyó lentamente una mano sobre la superficie.
—Madre... escondiste demasiado bien la información que necesitamos.
Su mirada se entristeció.
—Ni siquiera a nosotros, que éramos tus guardianes, nos contaste toda la verdad.
Deslizó los dedos sobre la cápsula antes de apartarse.
No podía detenerse.
Tenía que seguir investigando.
Estaba a punto de regresar a los libros cuando un estruendo proveniente del exterior hizo vibrar las paredes de la cueva.
Christopher se quedó inmóvil.
Otro impacto.
Después escuchó gritos.
—Maldición...
Extendió las manos y reforzó inmediatamente el sello que protegía la zona donde se encontraba Estefanía.
No permitiría que nadie llegara hasta ella.
Después salió de la cueva con cautela.
Lo que encontró afuera confirmó sus sospechas.
Estaban bajo ataque.
Los aliados que protegían aquel lugar combatían contra los seguidores de Vor'Kael.
Uno de los atacantes sujetó violentamente a uno de ellos.
—¿Dónde están los guardianes?
—¡No sé de qué estás hablando!
El enemigo lo empujó contra el suelo.
Antes de que pudiera atacarlo nuevamente, una voz resonó entre los árboles.
—¡Vael'Draek Pyra... Var'Maer!
Las llamas estallaron.
De ellas emergió una enorme criatura.
Un dragón.
Su cuerpo parecía haber sido moldeado directamente del fuego. Las llamas recorrían sus alas mientras un rugido ensordecedor hizo estremecer el bosque.
El joven que lo había invocado movió las manos.
La bestia obedeció.
El dragón se lanzó contra los atacantes.
Uno tras otro fueron alcanzados por sus llamas.
El joven saltó sobre el lomo de la criatura y se elevó junto a ella.
—¡Ahora!
El dragón abrió las fauces.
Varias esferas de fuego descendieron sobre los enemigos.
El exterior de la cueva se convirtió en un infierno.
Las llamas se extendieron.
Los gritos comenzaron a escucharse entre las explosiones.
Entonces...
Algo atravesó el cielo.
Un poder que Christopher no reconoció impactó directamente contra el dragón.
La criatura perdió el equilibrio.
Sus alas dejaron de responder.
Y cayó.
—¡No!
El joven consiguió saltar antes del impacto y aterrizó sobre la copa de uno de los árboles.
Respiró profundamente.
Después levantó la mirada para descubrir quién había derribado a su bestia.
Su expresión cambió.
Frente a él se encontraba uno de los comandantes de Vor'Kael.