Christopher no esperó más.
Las cadenas comenzaron a deslizarse alrededor de su cuerpo hasta envolver sus brazos como una armadura. Cada eslabón vibraba cargado de energía mientras avanzaba y se detenía frente al comandante.
El hombre no atacó.
Para sorpresa de Christopher, hizo una ligera reverencia.
—Guardián, permíteme presentarme. Mi nombre es Adrael, décimo comandante.
Enderezó lentamente el cuerpo sin apartar los ojos de él.
—Ven conmigo. No te resistas.
Christopher lo observó durante unos segundos.
Después soltó una carcajada.
—Es la primera vez que escucho a alguien de tu grupo hablar con tanta cortesía.
Una sonrisa sarcástica apareció en su rostro.
—Pero no puedo ir contigo.
Adrael inclinó ligeramente la cabeza y desplazó su espada hacia un costado, como si estuviera analizando cada una de las palabras de Christopher.
Su expresión permaneció tranquila.
Hasta que, de repente, adoptó una posición de combate.
Christopher reaccionó de inmediato.
Las cadenas alrededor de sus brazos se tensaron.
—Entonces tendré que llevarte por la fuerza —sentenció Adrael.
Alzó la espada.
Y atacó.
Christopher apenas tuvo tiempo de levantar el brazo.
Las cadenas se entrelazaron sobre él justo cuando la espada descendió.
¡CLANG!
El impacto hizo vibrar el aire.
Una lluvia de chispas brotó del choque entre ambas armas mientras la fuerza del ataque obligaba a Christopher a ejercer más presión para mantener la espada alejada de su cuerpo.
Adrael tampoco retrocedía.
Durante unos segundos permanecieron enfrentados, midiendo sus fuerzas.
Finalmente, ambos se separaron de un salto y mantuvieron la distancia.
Christopher entrecerró los ojos.
Definitivamente era más fuerte de lo que recordaba.
Una presencia apareció a su lado.
—Le ayudaré, mi señor.
Christopher reconoció inmediatamente la voz.
—No, Lukael.
El joven lo miró sorprendido.
Christopher no apartó los ojos de Adrael.
—Ayuda a los demás con sus heridas. Solo intervén si ves que esto comienza a salirse de mis manos.
Lukael dudó.
—Pero...
—Estaré bien.
El joven terminó asintiendo.
—Como ordene.
Se alejó rápidamente para ayudar a los heridos.
Christopher volvió toda su atención hacia Adrael.
Algo le llamó la atención.
El comandante no había intentado atacarlo mientras hablaba con Lukael.
Curioso.
Podía haber aprovechado aquella distracción.
Pero no lo había hecho.
No tenía tiempo para pensar en las razones.
Christopher canalizó todo su poder hacia las cadenas.
Los eslabones comenzaron a estremecerse.
Primero lentamente.
Después con movimientos cada vez más violentos.
Las cadenas se elevaron a su alrededor y comenzaron a serpentear por el aire como criaturas vivas.
Adrael ajustó el agarre de su espada.
Christopher movió una mano.
Las cadenas atacaron.
Una llegó desde la izquierda.
Adrael la bloqueó.
Otra descendió desde arriba.
La esquivó inclinando el cuerpo.
Una tercera intentó rodear sus piernas.
Adrael saltó.
Giró en el aire y realizó una pirueta para evitar dos cadenas más que intentaron alcanzarlo simultáneamente.
Christopher continuó atacando.
Una.
Dos.
Tres.
Cada vez más rápido.
Adrael apenas encontraba espacio para contraatacar.
Hasta que lo encontró.
Una pequeña abertura entre dos de las cadenas.
Extendió una mano.
La oscuridad comenzó a concentrarse alrededor de sus dedos.
—¡Vor'Nox!
Una descarga oscura salió disparada desde sus manos.
Christopher abrió los ojos.
Se movió hacia un costado justo antes de que el ataque pudiera alcanzarlo.
La energía pasó rozándole el cuerpo y explotó varios metros detrás de él.
Christopher no perdió tiempo.
Extendió nuevamente el brazo.
—¡Ahora!
Una de sus cadenas salió disparada directamente hacia Adrael.
El comandante giró sobre sí mismo y consiguió esquivarla.
Pero Christopher sonrió.
Eso era exactamente lo que esperaba que hiciera.
La primera cadena nunca había sido el verdadero ataque.
Mientras Adrael la esquivaba, una segunda se deslizaba silenciosamente por el suelo detrás de él.
Christopher cerró el puño.
La cadena se elevó de golpe.
Adrael giró la cabeza.
Demasiado tarde, pensó Christopher.
Pero Adrael reaccionó.
En el último instante, giró el cuerpo y consiguió esquivar la cadena.
Los ojos de Christopher se abrieron con incredulidad.
—Maldición...
No podía ser.
Aquel ataque había sido demasiado rápido. Adrael no debería haber tenido tiempo de esquivarlo.
Pero no iba a rendirse por eso.
Volvió a levantar las cadenas, dispuesto a continuar atacando.
Sin embargo, Adrael aprovechó aquel breve instante de distracción.
Empuñó su espada y lanzó un ataque directamente hacia él.
Christopher reaccionó por instinto.
Sus ojos cambiaron inmediatamente.
El rojo intenso reemplazó su color anterior.
Todo a su alrededor pareció ralentizarse.
Inclinó el cuerpo y la espada pasó a escasos centímetros de su rostro.
Adrael se detuvo.
Una sonrisa comenzó a curvar lentamente sus labios.
—Por fin vas a pelear en serio.
Retrocedió unos pasos sin bajar el arma.
—Comenzaba a pensar que toda nuestra batalla sería utilizando apenas una fracción de nuestro poder.
Christopher entrecerró los ojos.
Adrael comenzó a hacer girar su espada.
Una vuelta.
Luego otra.
Y otra.
Con cada movimiento, el aire alrededor del comandante parecía volverse más pesado.