Narrador Externo
A lo lejos se escuchaban explosiones.
Un pequeño grupo permanecía oculto entre los escombros de un antiguo templo, uno de aquellos santuarios donde, siglos atrás, los seguidores de Kael'Varya rendían culto a la Diosa Protectora.
Eduardo levantó ligeramente la cabeza para observar el campo de batalla.
Varios enemigos yacían sin vida sobre el suelo.
Pero aún quedaban muchos más.
Un hechizo pasó rozándole el rostro.
Se dejó caer de inmediato detrás de una columna derrumbada mientras fragmentos de piedra caían a su alrededor.
Antes de que alguno pudiera alcanzarlos, una barrera de energía envolvió al grupo y desvió los escombros sin dificultad.
—¿Se puede saber por qué saliste? —reclamó Rodrigo con evidente molestia—. Acabas de revelar nuestra posición.
Eduardo soltó una sonrisa despreocupada.
—No seas tan dramático, Rodrigo. Ya eliminamos a más de la mitad.
Después volvió la mirada hacia Fabián.
—¿Terminaste de descifrar la información del templo?
Fabián ni siquiera levantó la vista de la pantalla holográfica que flotaba frente a él.
Se limitó a suspirar.
—Si dejaras de actuar como imprudente, quizá logremos terminar la misión antes de que nos maten.
Mariana levantó una mano, imponiendo silencio.
—Basta.
Los tres guardaron silencio al instante.
—Pónganse en guardia.
Todos asintieron.
Era momento de avanzar.
Rodrigo apoyó una mano sobre el suelo.
Su mirada se volvió seria.
Con voz apenas audible pronunció la invocación.
—¡Drak'Gael!
La tierra comenzó a vibrar.
Una enorme grieta apareció bajo sus pies y, en cuestión de segundos, se transformó en un túnel que descendía hacia las profundidades.
Rodrigo fue el primero en entrar.
Los demás lo siguieron sin decir una palabra.
Mientras caminaban por aquel estrecho pasadizo, Eduardo volvió a romper el silencio.
—Sigo sin entender por qué nosotros estamos arriesgando el cuello mientras Christopher no.
Mariana ni siquiera se detuvo.
—Sabes perfectamente dónde está.
Su voz permanecía tranquila.
—Está investigando cómo controlar el poder de nuestra madre y poder liberarla de la cápsula.
Eduardo soltó un bufido.
No respondió.
En el fondo sabía que Christopher era indispensable.
Pero ellos también.
Si ninguno exploraba los templos sagrados de los cinco mundos, Christopher jamás tendría la información necesaria para completar su investigación.
Sin darse cuenta, dejó escapar aquel pensamiento por la conexión mental que compartían.
De pronto sintió un fuerte golpe detrás de la cabeza.
—¡Ay!
Se giró inmediatamente.
Rodrigo caminaba delante de él con una enorme sonrisa.
—¿Y eso?
Rodrigo señaló su propia sien.
—Porque todos te escuchamos.
Eduardo abrió los ojos con sorpresa.
Había olvidado cerrar el vínculo mental.
Rodrigo soltó una carcajada.
—Si vas a seguir quejándote, al menos cierra la comunicación antes.
Los demás no pudieron evitar sonreír.
Incluso Mariana dejó escapar una pequeña risa.
Continuaron avanzando hasta que Rodrigo volvió a colocar una mano sobre la roca.
—¡Drak'Gael!
La tierra volvió a abrirse.
Un segundo túnel ascendió hasta la superficie.
Antes de salir, Mariana levantó el puño.
Todos comprendieron la orden.
Era el momento.
Los cuatro alzaron sus manos al mismo tiempo.
Sus voces resonaron al unísono.
—¡Vael'Kor Ethal!
Una intensa luz envolvió sus cuerpos.
Las armas comenzaron a materializarse frente a ellos.
Cada una adoptó una forma distinta, reflejando la esencia de su portador.
Al mismo tiempo, los ojos de los cuatro adquirieron un intenso color verde esmeralda.
Saltaron fuera del túnel.
La batalla apenas duró unos segundos.
Sus movimientos eran tan rápidos que los enemigos apenas alcanzaban a reaccionar.
Uno tras otro fueron cayendo.
Solo dejaron con vida a un hombre.
—Tráiganmelo.
Rodrigo y Eduardo obedecieron de inmediato.
Lo arrastraron hasta donde se encontraba Fabián.
Mariana colocó varios electrodos sobre la cabeza del prisionero.
El hombre comenzó a retorcerse.
—¡No saben con quién se están enfrentando! ¡Cuando el Dios de los Mundos descubra lo que hicieron, los matará a todos!
Mariana lo observó con absoluta frialdad.
—Tú...
Hizo una breve pausa.
—Eres un simple gusano.
Se inclinó lentamente hacia él.
—Nadie recordará tu nombre.
Ni siquiera ese supuesto dios por el que estás dispuesto a morir.
Solo eres otro fanático que entregó su vida creyendo que alguien vengaría su muerte.
El hombre forcejeó con todas sus fuerzas.
Después escupió directamente al rostro de Mariana.
Eduardo reaccionó antes que cualquiera.
Le propinó un fuerte golpe en el estómago.
El prisionero cayó de rodillas, incapaz de respirar.
Aun así, consiguió hablar entre jadeos.
—¡No... hables... así... de mi señor!
Eduardo sonrió.
Una sonrisa llena de desprecio.
—Estos templos...
Miró las antiguas ruinas.
—Nos pertenecían.
Fue tu dios quien nos los arrebató.
El ignorante eres tú.
Sin añadir una palabra más, apoyó una mano sobre la cabeza del prisionero.
Su voz cambió por completo.
Sonó antigua.
Profunda.
Como si otra presencia hablara a través de él.
—Vareth'Lun... Avar'Shael Rehn!
El hombre comenzó a convulsionar violentamente.
Al mismo tiempo, la computadora de Fabián empezó a proyectar miles de códigos binarios sobre la pantalla.