La Bella. La Gallina. El Amor.

Capítulo 62.

Capítulo 62.

​— Mila, esto es una auténtica pesadilla. Llamé por un anuncio donde decía que un granjero vendía gallinas, ¡y resultó ser un club de striptease donde ofrecen a las chicas como si fueran gallinas a cualquiera que las pida! ¡Para que te fíes de los anuncios! ¡Qué vergüenza tan grande! — se indignaba Rayita.
— Podríamos ir a una granja avícola, a una finca, o elegir personalmente a las gallinas — sugirió Alim.
— ¡¿Te volviste loca?! — se indignó Ksiu.
— ¿Qué? — preguntó Rayita, pues no estaba segura de si Mila había dicho algo, pero definitivamente había oído una voz.
— ¡Ah, ya entendí! — exclamó Alim a toda prisa para encubrir las palabras de la baronesa. ¡En qué líos la metía siempre!
— ¿Y si mejor no compramos ninguna gallina? Estaba pensando... nuestra Ksiu es tan inteligente, ¿pero y si las demás no resultan igual? — reflexiono la mujer.
— Podemos seguir desarrollando el concepto deportivo de nuestro establecimiento, pero sin más gallinas. Ksiu seguirá siendo nuestra única joya; después de todo, esto no es una granja avícola ni un gallinero, sino un restaurante — dijo Alim rotundamente.
— ¡Co! — aprobó la baronesa las palabras de Alim.
— ¡Tiene sentido! ¿Pero qué hacemos con toda la ropa para gallinas que compré? — preguntó Rayita.
— Ksiu con mucho gusto se la pondrá toda — respondió Alim.
— ¡Co! — añadió Ksiu y saltó al sofá junto a Rayita.
​Alim renovó el menú, añadiendo platillos más selectos y ligeros que encajaban a la perfección con una dieta deportiva. Junto con Rayita, le dieron un aire fresco a la decoración y a la terraza: aportaron ligereza, espacio y luminosidad. El local se transformó. Los clientes habituales valoraron mucho los cambios y la publicidad atraía a nuevos clientes constantemente.
​— Ksiu, solo unas cuantas tomas más — le rogaba Karina a la baronesa para tomar las fotos publicitarias.
— ¡Co! — anunciaba con orgullo la gallina, sintiéndose toda una celebridad. Tenía tantos sombreritos, collares, coronas y cascos que ya no cabían en un solo estante.
​Mateo sí que le pagaba un sueldo a Ksiu. Alim gastaba ese dinero únicamente en lo que Ksiu le pedía. Su primera compra fue precisamente un teléfono móvil, donde la gallina descargó de inmediato todas las redes sociales posibles y publicaba contenido nuevo todos los días.
​Mateo no perdía la esperanza de conquistar el corazón de Mila. Las flores, los detalles amables y su constante atención habían acercado mucho a la pareja, pero Alim todavía recordaba aquellos sueños y le tenía pánico a los besos. Prefería mantener la distancia, pues el restaurante y todo el equipo se habían vuelto sumamente importantes para ella. La rubia soñaba con cálidos abrazos y besos apasionados de Mateo, pero se esforzaba por mantener una relación estrictamente profesional. Mateo sufría mucho por ello. Vigilaba a Mila, pero se había cerciorado de que no había ningún otro hombre en su vida. ¿Por qué se mantenía tan distante si en sus ojos había tanto fuego? El hombre no lo entendía en absoluto.
​Es muy probable que Alim hubiera seguido evitando a Mateo y manteniéndose lo más lejos posible de no ser porque Ruta apareció en el restaurante. ¡Y no solo apareció, sino que vino a reclamar sus derechos sobre Mateo! ¡Qué pedazo de bruja! Pero no importa, ¡Alim no se iba a quedar con los brazos cruzados!
​Una mujer joven con un peinado muy elegante, exuberantes curvas y labios excesivamente voluptuosos ocupó una de las mesas.
— ¡Llamen a la administradora! — le espetó a la camarera.
​Alim no sabía quién era esta clienta, pero se acercó a su mesa.
— No sé qué le vio... — murmuró la visitante, escaneando a Alim de pies a cabeza con la mirada.
— ¡Buenas tardes! ¿Pidió que me acercara? — comenzó con cortesía la rubia, sin entender aún de qué se trataba todo aquello.
— Sí, quería verte con mis propios ojos.
— ¿Ya me vio? ¿O prefiere que le ordene unos lentes? — respondió Alim adaptándose al tono de la visitante. Siempre había sido educada con todos los clientes, pero esta vez no pudo contenerse. Su instinto de bruja le gritaba que esta mujer tramaba algo malo. — Tenemos una óptica aquí cerca. Si gusta, podemos pedirle el envío de unos lentes directamente aquí.
— ¡Pero qué boquita te gastas! — respondió Ruta, totalmente desprevenida ante semejante contestación.
— Siempre nos preocupamos por nuestros clientes — sonrió Alim.
— ¡Co! — se hizo oír Ksiu.
— ¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué hace esta gallina desplumada debajo de mi mesa?! — chilló la visitante.
— ¡Desplumada tu abuela! — respondió Ksiu bastante fuerte. Nadie en la vida la había llamado así. Y encima con Duque al lado... ¡Pobre Ruta, la que le espera ahora!




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