Las marionetas del Cyd

9. Hace cinco años

(El capítulo 8 fue actualizado)

20 de septiembre

Sus botas se hundieron en el barro, de nuevo. Leonard sacudió la tierra pegada antes de entrar a la carpa. El soldado que estaba de guardia no se veía por ningún lado, dada las circunstancias era algo inaceptable. Lo correcto sería avisar a su superior, pero sabía que él no le llevaría mucha importancia.

De seguro fue al baño o a escribir una última carta a su familia, diría. Déjalo estar, Leo. A estas alturas, es lo que menos me preocupa.

La lámpara de queroseno iluminaba solo una parte del interior, las sombras se proyectaban en las esquinas más alejadas como si tuvieran vida propia. Formas que se movían por toda la carpa. Un camastro que no fue usado en días porque el dueño de esa carpa tenía insomnio y acostumbraba pasar su tiempo sentado detrás de una mesa. Justo como en ese momento.

Dejó la cantimplora a un lado del mapa que ocupaba gran parte de la superficie. El comandante Liam Baker tenía los dedos entrelazados detrás de la cabeza, sus hombros bajos por todo el peso que cargaba.

—Tu guardia no está —dijo Leonard asomándose por detrás.

—¿Qué sucederá con los que cuentan con nosotros? —la derrota bordeaba su tono. Liam, quien era la persona más optimista que conocía, casi reconocía lo que muchos sabían hace tiempo—. Atacaron el asentamiento de suministros. Perdimos contacto con el este, nos están reduciendo.

Leonard colocó la mano justo al lado de la suya. Liam mantuvo la mirada en el mapa, apenas consciente de la cercanía.

—Vamos a resistir —mintió. Tal vez lo mejor fuera aprovechar el poco tiempo que les quedaba, los que estaban al sur se iba a tener que venir a su posición. Ver lo difícil que era resistir en el frente. Tal vez fuera su última noche.

Al diablo con todo. Leonard estaba cansado de luchar. Entrelazo su dedo meñique con el de Liam.

—Vámonos —dijo a la impulsiva. La idea era tan tentadora.

Liam se levantó con brusquedad y vio toda la decepción grabada en su mirada. Leonard no entendía cómo podía aferrarse a una carga tan pesada y sin esperanzas. Podían estar lejos de ese infierno, viviendo una buena vida y lo más importante juntos.

—Por su bien, voy a obviar su comentario, soldado —hizo énfasis en la última palabra.

Leonard pateó la silla donde había estado sentado Liam segundos antes y barrió con el brazo todo lo que estaba sobre la mesa.

—¿Qué hay de bueno en lo que hacemos? ¿Por quienes luchamos realmente? Los pobres seguirán siendo pobres, los ricos se resguardan en sus casas con su dinero. ¿Y nosotros? ¿No tenemos el derecho de tener una vida?

—No comiences con eso otra vez. Así es como son las cosas.

—Si tenemos que morir luchando, que sea algo por lo que en verdad creamos.

Liam lo agarró del cuello de su uniforme y lo estampo contra la mesa. —¿Qué hay de nuestra nación? ¿Eso no es suficiente para ti? Luchamos para que nuestra nación sea libre.

—No hay libertad si tenemos que escondernos.

La presión disminuyo hasta ser inexistente, de pronto Liam se encontraba del otro lado de la carpa. Se concentró en levantar todas las cosas y devolverlas a su lugar, evitando su mirada en todo momento. Lo que llegó a exasperar a Leonard. Mírame, quiso gritar, no te alejes. Pero la distancia fue impuesta por la misma sociedad a la que tenían que proteger.

—Así es como son las cosas, como debe ser —rectifico.

—Ese lado tan correcto que tienes puede ser tan encantador como desesperante —intento que la ira que sentía en ese momento no se mostrará. Al ver su expresión supo que no tuvo éxito.

—Vuelva a su puesto, soldado.

El guardia entró corriendo, apenas registró lo que estaba sucediendo, tenía una carta apretada en el puño derecho.

—Es un mensaje —logró decir con la respiración entrecortada—. Viene de la central, dicen que es de suma urgencia.

Liam pasó por el lado de Leonard hasta arrebatarle la carta al guardia, la leyó con rapidez y supo que las cosas cambiarían a partir de ese momento. Pudo notarlo en su expresión corporal, de pronto ya no quedaban rastros del Liam pesimista. Esa misma noche partió para una reunión estratégica.

Leonard se quedó atrás como de costumbre, viendo como la espalda de Liam se alejaba. Viendo como un futuro incierto los aguardaba.




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