Lo que canta el silencio (bl)

Historia De Un Amor

Sebas dio un sorbo lento al café, apreciando detenidamente el sabor dulce de la espuma.

Al bajar la taza, mantenía los ojos cerrados como si buscara traer recuerdos lejanos dentro de un sueño profundo. Entonces, abrió los ojos.
Pinchó con el tenedor un brownie que acababa de pedir. Lucas lo esperó en silencio.

—Lo mejor que mis padres han hecho por mí fue inscribirme a la primaria donde conocí a Leo y Ulises —habló finalmente—. Íbamos en tercer grado y desde entonces fuimos inseparables… —una sonrisa nostálgica apareció en su rostro—. Yo solía ser un niño bastante tímido e inseguro. Intentaba ser perfecto en todo para agradarle a los demás, pero aún así parecía que mi sola existencia era una molestia o algo desagradable para otros… Menos para ellos.

El cantante permaneció callado unos segundos observando el interior de la taza ahora vacía.

—Debes saber, Lu, que amo muchísimo a Ulises como amigo. Sin él y su familia a veces no sé qué hubiera sido de mí. Cada tarde, después de la escuela, Leo y yo prácticamente nos la vivíamos en su casa; haciendo tareas mientras escuchábamos música, jugando videojuegos o viendo tele. Y a sus padres nunca les molestó —sonrió—. Es más, fue gracias a su mamá que Leo y yo pudimos tomar clases de música completamente gratis en el Centro de Cultura donde trabajaba. Dios, adoro a esa mujer —se llevó un pedazo de brownie a la boca—. Así que, si no estábamos en su casa, nos la pasábamos practicando mientras fingimos ser estrellas de rock.

Su acompañante mostró una sonrisa.

—Creo que esa es una amistad muy linda.

—Sí, lo fue y lo sigue siendo —señaló en voz baja—. Sin embargo, con Leo todo siempre fue diferente.

Lucas inclinó apenas la cabeza.

—¿Diferente cómo?

Sebas se encogió de hombros.

—No sabría cómo describir lo que sentía en ese entonces. Ulises es un gran amigo, pero Leo… —observó la pintura de dos gatos negros juntos— era un poco más que eso… Quizás por venir de una familia igual de rota sentía que con solo mirarnos nos entendíamos. O chance era la admiración-envidia que me daba ver cómo todos parecían adorarlo pese a ser un desmadre —resopló con burla mientras peinaba uno de sus rizos—. Simplemente era él mismo sin importarle la opinión de otros.

El chico frente a él lo miró atento.

—Estar con Leo me llenaba de seguridad —confesó—. Chocábamos en muchas cosas, pero al final siempre buscábamos estar juntos… Después de la casa de Uli o las clases de música ninguno de los dos quería volver a casa. Así que, nos íbamos un rato más a un parque y, a veces, ni hacíamos nada. Solo nos quedábamos ahí contando los vochos amarillos que pasaban o mirando a los chicos de prepa echarse una cascarita en las canchas.

De pronto, Sebas soltó una risa nasal.

—Recuerdo que una vez tuvimos la idea de quedarnos a vivir en el parque. Conseguiríamos una casa de campaña y toda la cosa, pero nos peleamos porque él dijo que yo me quedaría a cuidar la casa y él trabajaría, y yo me indigné porque pensé exactamente lo contrario.

Imaginar aquella escena también hizo reir a Lucas.

—Parece que desde siempre ha sido una relación especial.

—Sí… —afirmó quedamente.

Comió un trozo más del postre.

—Entonces… ¿En qué momento empezó a ser romántico?

Pese a su postura tranquila y la exhalación pesada, el rostro del músico empezó a colorarse.

—Poco antes de entrar a secundaria. De repente, sentía mi corazón apretado o agitado cada vez que estábamos juntos, y puff ni hablar de cuando me daba la mano para cualquier cosa. No quería que me soltara nunca ni apartarme de él… ¡Y lo peor es que se puso guapísimo el hijo de la chingada! —dijo dando un ligero golpe contra la mesa.

El chico en la otra silla se sobresaltó ante la repentina acción.

—Siempre he pensado que Leo tiene un aire a Juan Ciancio, ¿no crees? —comentó Sebas—. Tanto que por él me volví fan y tuve un crush «Peter Punk».

Lucas asintió firmemente como si realmente supiera de quién le estaba hablando.

Sin embargo, Sebas se encogió sobre el respaldo de la silla.

—Aunque… Ya desde entonces ese amor parecía ser un problema —susurró.

—¿Por qué?

Sebas negó con la cabeza.

—Ah… ¿Por dónde empezar? —cruzó los brazos sobre la mesa—. Primero, a Ulises lo inscribieron a otra secundaria por asuntos familiares, así que, solo estaríamos Leo y yo. Y luego… pues…

Lentamente, Lucas se apartó un poco dándole espacio.

—Yo subí muchísimo de peso… No sé si fueron las hormonas o el estrés de que mis padres me culparan de su divorcio por «salir joto». Además, tomé el valor de empezar a maquillarme; no tanto como ahora, pero lo suficiente para que se notara —resopló medio burlón—. Tan solo imaginalo: un chico con sobrepeso y demasiado «afeminado» para los estándares sociales. Era el blanco perfecto del bullying.

Sobre el pecho de Lucas se formó un nudo.

—Estuve en muchas peleas, y me enorgullece decir que gané la mayoría —declaró con la frente en alto—. Sin embargo… No quería que Leo se metiera en problemas ni saliera lastimado por mi culpa… Entonces, le pedí que en la escuela fingiéramos no conocernos; él aceptó. Nuestra amistad se volvió un secreto.




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