Los Costa Ibero según la memoria de mamá
Las siguientes crónicas pertenecen a los valiosos relatos que mi madre me hizo en sus últimos años de vida. Los transcribo manteniendo su fiel voz en primera persona, tal y como ella me los confió.
🗣️ Así me presenté ante Cuca:
Un día me llamó por teléfono mi novio para avisarme que venían formalmente a buscarme en auto junto a Chichí y su esposo. Recuerdo perfectamente que mi suegra Cuca viajó deliberadamente apretada en el asiento de adelante para que nosotros dos fuéramos cómodos atrás. En la parte delantera viajaban tres personas, y en el asiento trasero me acompañaba también una de mis primas, ya que en esa época siempre debía ir conmigo una carabina. Fueron todos sumamente amables, atentos y cariñosos; desde ese primer viaje me sentí profundamente bienvenida en el seno de la familia.
(Nota de la autora: Para ubicarnos en el árbol familiar, Chichí era la esposa de Victorio, uno de los hermanos de mi padre; Inés era la esposa de Raúl; mientras que mi tía Lila nunca contrajo matrimonio).
El debut del Gitano y los pantalones perdidos:
Cuando llegó el momento de las presentaciones oficiales, Cuca, su marido y el Gitano fueron de visita a lo de mis padres. Yo me había pasado el día entero aprontando la casa con un esmero total: enceré los pisos a espejo y decoré cada rincón con flores frescas.
Mi futuro marido debutó en su entrada triunfal con una caída sencillamente imponente. ¡Flor de porrazo se dio el pobre! Salió planeando de forma espectacular directo desde el living hasta el comedor. Entre el brillo del piso encerado, los nervios lógicos que se cargaba encima y lo atropellado que era él para caminar, siempre le terminaban pasando cosas terribles.
El estrépito desató un coro de reproches cruzados en la sala. Por un lado se escuchó el grito unánime de los padres de él: «¡¡Gitano!!», mientras que por el otro, mis padres exclamaron de inmediato: «¡Mabel! ¡Te dije mil veces que no enceraras tanto los pisos! ¡Es toda culpa de ella, que dejó todo como una pista de patinaje!».
Tiempo después, cuando viajamos todos a Durazno —creo que con motivo de la fiesta de quince años de mi prima Graziella—, él llevaba su pantalón de vestir colgado en una percha enganchada en la ventana del auto. En algún tramo del viaje, la prenda se deslizó silenciosamente y se perdió por el camino. ¡Con aquello de perder los pantalones nos hicieron tantos chistes en la familia! Todos decían que era muy común que un hombre enamorado perdiera la cabeza, ¡pero perder los pantalones ya era el colmo! Como todos eran parientes cercanos, cada uno se sentía autorizado a expresar sus opiniones y quería saber más sobre el cuento del novio que había perdido el pantalón. Todos opinaban sobre la nueva pareja. Sobre todo, Carozo, el hermano de Graziella, que era un chiquilín, y tenía mucho sentido del humor.
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abuso de poder:, familia venida a menos, anécdotas divertidas y de las otras:
Editado: 18.10.2026