Cecilia, la hija menor de Chichí, abrazó la vocación docente y estudió magisterio, desempeñando su labor con total entrega en escuelas de contexto crítico. A través de sus comentarios en Facebook —ya que no la he visto en años debido a mi exilio en EEUU y luego en Europa—, se ha convertido en una fiel defensora de la postura de que los niños deberían comenzar la educación formal a una edad más tardía.
En cuanto a Chocho, su presencia en esa casa constituyó una bendición absoluta: él siempre fue el padre real que mis primos no tuvieron, a no ser por los años de la primera infancia, y me alegro infinitamente de que él haya estado en sus vidas.
Siempre se erigió como un hombre sumamente agradable y los hijos le llamaban "papá" con total naturalidad.
El día de su velatorio, la realidad se mostró sin disfraces: los hijos que estaban en el país estaban allí, al firme, en el andén del dolor, como corresponde a unos hijos que acaban de perder a un padre verdadero, y no a un padrastro.
En mi juventud, llegué a conocer también a los padres de Chichí, que vivían en aquella misma propiedad. Todos los adultos de ese hogar eran personas sumamente agradables, incluyendo a "La Pilla", la niñera de la casa, quien en un espejo perfecto con nuestra querida Emilia, era considerada una parte indisoluble de la familia.
Lógicamente, el tiempo ha determinado que todos esos mayores ya no estén en este mundo, con la única excepción de Chichí. Ella se mantiene sumamente lúcida a pesar de ser ya muy mayor; vive actualmente en una casa de salud donde ha consolidado un lindo stock de amigos y la pasa lo más bien, según me llega en los relatos periódicos de mi prima Piti
Creo que ese es un epílogo de santa paz para una gran historia familiar.
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abuso de poder:, familia venida a menos, anécdotas divertidas y de las otras:
Editado: 18.10.2026