Los Costa Ibero

Los hijos de Victorio

A los dos hermanos mayores de Piti, que eran varones, los vine a conocer todavía mucho tiempo después. Me llamó poderosamente la atención que, a pesar de la diferencia de edad, me invitaran formalmente al casamiento del mayor de ellos. Yo tendría unos 15 años cuando él contrajo matrimonio y emigró a España.

Con el tiempo, la vida de Chichí también rehízo su rumbo: se volvió a casar y tuvo otra hija. Aunque desde el punto de vista estrictamente genético ella no es nada mío, para mí, es y será siempre una prima más de la familia.

A mi primo mayor lo volví a cruzar en el camino unas pocas veces, primero unos años después de su partida, y lo primero que me impactó al tenerlo enfrente fue su impresionante parecido físico con mi padre, el Gitano; era como ver un reflejo vivo de su fisonomía.

Volvimos a vernos y a conversar a fondo en el año 2016, en una de las tantas vueltas en que él viajó de visita al Uruguay.

En aquella oportunidad, ya con la madurez de los años encima, nos sentamos a hablar por fin de igual a igual, dejando atrás a la niña que él prácticamente había dejado de ver cuando se marchó. Se tomó el trabajo de mostrarme con total calidez el barrio antiguo de Barcelona y pudimos compartir una jornada maravillosa hablando sobre todo de historia, una disciplina que a mí me fascina y en la cual Óscar es un auténtico experto.

De sus visitas previas al Uruguay, conservo un recuerdo muy tierno: en uno de esos viajes llegó acompañado por su esposa. Como ella tenía una niña que era apenas un año mayor que la mía, tuvo el hermoso gesto de regalarme un vestidito que había sido de su hija para que lo heredara la mía.

Con los otros dos hermanos la relación tomó caminos muy diferentes. Al varón menor lo traté muchísimo más con el correr de los años por la sencilla razón de que fue el único de los hermanos que decidió quedarse arraigado en el Uruguay.

Piti, por su parte, también tomó la decisión de armar las valijas y emigrar del país. El destino, que tiene vueltas verdaderamente sorprendentes en la pantalla de mi Mac, ha querido que ahora nos veamos un poco más seguido, ya que ambas terminamos cruzando el océano y residiendo aquí mismo, en Italia.

Una hermosa revancha del tiempo para aquellas dos primas de la misma edad que el silencio de los grandes intentó separar.




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