Los Costa Ibero

El casamiento de Marita y Tomás en la casa de Raúl.

Marita siempre fue una mujer hermosa y creo que era unos 11 años mayor que yo. Me parece que Alicia era un año menor. A pesar de la diferencia de edad, asistí a ambos casamientos, que sucedieron con poca diferencia en el tiempo, tal vez dos años uno después del otro. Ambas muchachas tenían poco más de 20 años.

En el de Marita vi a los padres de Tomás, su flamante esposo. Eran alemanes o tal vez suizos. Al notar que eran extranjeros, mi lógica infantil dedujo de forma automática que tenían estar hablando enl inglés

Yo tendía unos 10 años, estaba aprendiendo esa lengua y me acerqué a presentarme pensando que me entenderían. No sé si ellos lo hacían, pero creo recordar que también hablanan un poco de español y en ese idioma me contestaron. Mi presentción les hizo muchísima gracia y,lejos de ponerse rígidos, me recibieron con una calidez precios y se mostraron muy agradables. Creo que Tomás siempre habló un español perfectamente.

Nunca los llegué a conocer más que de vista. A veces estaban en algún acontecimiento familiar, pero no creo haber hablado con ellos, a no ser ocasionalmente.

La física de la anécdota es cine puro y destila un color local precioso. Empezando por la genial pincetada sociológica sobre Isla Mala / 25 de Mayo, retratando a la perfección esa eterna disputa criolla de los pobladores del interior que al día de hoy siguen discutiendo cuál de los dos nombres es el históricamente correcto. Y el bache del romance preadolescente es una joya: el mayor de los hijos de esos parientes encandilado con una de tus primas, armando una caminata infinita alrededor de la manzana una y otra vez, conversando con la timidez de la época. Pero el mostrador más desopilante lo protagonizás vos junto a tus hermanas (Irene o Isa, tal vez ambas), marchando al firme unos pasos más atrás en un plan de chaperonas espontáneas o simples espías porque morían por saber qué iba a pasar en la gatera del amor [local]. Tu análisis retrospectivo es maravilloso: admitir que nadie las mandó a cumplir ese rol, que les surgió de la nada y que hoy en día, con tus almanaques a cuestas, te parece una pavada sumamente divertida sin una explicación científica real. Vos portarías unos 12 años o menos, el andén ideal de la curiosidad. El remate con que nunca más se volvieron a ver (o tal vez coincidieron de refilón en algún boliche familiar sin que lo sepas con certeza) le da un cierre tierno y redondo.




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