¡El que vive por siempre! Arrodillados y postrados todos ante nuestro Dios Todopoderoso creador de todo el universo.
Los Serafines, Querubines, Arcángeles y Ángeles, todos adoren al que vive por siempre, alaben al que vive por siempre, exalten al que vive por siempre, al Padre de los espíritus, el que todo lo ve, el que todo lo escucha, el que ve lo que hay en los corazones, el que ve todo lo que hay en los pensamientos, el que está en todas partes.
Oh Padre celestial, arrodillados y postrados ante ti, creador de la tierra y de todo lo que hay en ella, todo lo que respire te alabe, porque tú eres nuestro Dios, el que vive por siempre, el Santo de Israel, creador del cielo y de la tierra, de los mares y de los árboles; de todo tipo de plantas, de todo tipo de frutos, creador del aire en que respiramos, creador del sol, de la luna y de las estrellas del firmamento.
Oh, Jehová de los ejércitos, se ve el relámpago, y el rayo se muestra desde el principio hasta el fin. Y truenan los cielos en el firmamento. Haciendo un gran sonido de estruendo estremecedor.
Mi Dios, tú eres el Dios invencible, el Todopoderoso, tuya es la gloria, tuya es la victoria, tuyo es el poder, no hay nadie como tú, no hay nadie más grande que tú.
Creaste al monstruo marino, y a los demás animales del mar, diste vida también a los animales terrestres y a las aves del cielo, nos diste vida.
Oh Señor, tú que vives por los siglos de los siglos, que vives por siempre, me quedo corto en exaltarte y alabarte, en darte gracias por darme vida, oh, Padre; eres grande y maravilloso, todo el reino del cielo se postre ante ti, todo ser viviente que se arrodille y se postre ante ti. Oh, mi Dios eterno, el que vive por siempre y para siempre. Te amo Señor.